"Hacen falta más espacios formativos para las chicas"
Aunque siempre amó el fútbol, encontró el espacio para practicarlo recién cuando terminó la secundaria. Con un presente europeo, asegura que no faltan chicas ni faltan ganas de jugar, sino que la diferencia con las potencias “son por lo menos 10 años de inversión en las categorías formativas”.
Tiene 28 años, es contadora pública y futbolista. Su presente deportivo la encuentra militando en el Real Vicenza, de la serie D italiana, pero asegura que esta fue una oportunidad que incluso la sorprendió. “Me gustaría que hubiera todavía más espacios formativos. Son los que hacen la diferencia”, le cuenta Eugenia Cipolletti a Revista Express.
“Nací en 1995. Para los 2000 te diría que el fútbol femenino no existía, de hecho, hasta que terminé el colegio no existía. Mis propios padres, que no los juzgo, tenían bastantes prejuicios con el tema de jugar al fútbol, así que me mandaron a practicar todos los deportes para que no vaya a fútbol. Y claramente yo amaba el fútbol. Juego al fútbol desde siempre, con mis hermanos”, recuerda Eugenia, fanática de River, que juega con un estilo “más vinculado al sacrificio que la calidad”.
Fue hasta que se mudó a Córdoba para empezar los estudios universitarios. Allí conoció un ambiente con muchos torneos amateur de fútbol femenino, sobre todo de Fútbol 7. “En Córdoba conocí muchas chicas que habían pasado la misma situación que yo, y también muchas chicas a las que los padres las habían apoyado y hacían 300 kilómetros para llevarlas todos los días a entrenar a un lugar donde sí había fútbol femenino. Muchas hacían fútbol con categorías masculinas, y esas son las que en definitiva después terminaron haciendo la diferencia y dedicándose. Muchas nos quedamos en la puerta justamente por no tener esa oportunidad formativa que te da empezar desde muy chica”, valoró.
“Ahí me metí en un equipo. Cursaba a la tarde, entonces me costaba mucho acomodarme con los horarios para ir a un club. Recién cuando terminé de cursar la Facultad, tenía 22 años, y una árbitra, Daniela Díaz, que fue la DT de River hasta diciembre del año pasado, en un torneo me vio jugar. Ella jugaba en Racing de Córdoba y me invitó a probarme y quedé, así que empecé a jugar fútbol 11”, contó. En Racing estuvo apenas seis meses. “Había muchos problemas institucionales, no teníamos donde entrenar, entrenábamos en un estacionamiento, había muy pocos recursos para el femenino”, recordó. Así fue que pasó a Barrio Parque, el último club en Córdoba antes de dar el salto a Europa.
La necesidad de las formativas
Eugenia asegura que “en general, el italiano es mucho más machista que en Argentina, están bastante quedados en el tiempo, pero con el fútbol sucede que no lo ven como algo de hombre o de mujer”. “Acá todas mis compañeras hicieron juveniles desde los seis o siete años y se ve y se nota mucho la diferencia en cuanto a la técnica”, comentó.
“Cuando estuve en Racing entrenábamos en un estacionamiento. No se abren las puertas totalmente en el sentido de darnos las mismas oportunidades y darnos las mismas condiciones. Después se ve claramente la diferencia con el fútbol europeo, incluso a nivel Selección, que todavía no tiene tantos buenos resultados, y creo que es porque hay por lo menos 10 años de diferencia en cuanto a la inversión. No es que no haya chicas que quieran jugar, no es que no seamos buenas, sino que hay mucha diferencia en cuanto a la parte inicial formativa en Argentina”, remarcó.
“Esta oportunidad tan inesperada para mí hizo que cambie bastante mi forma de pensar, los objetivos que tengo. No estoy dispuesta a colgar los botines todavía. Sé que empecé un poquito más tarde, pero todavía me quedan un par de años y los quiero disfrutar y seguir aprendiendo. Son cosas que uno después va a recordar, más allá de lograr un éxito económico o no. Es una experiencia muy linda de la que estoy aprendiendo mucho, y sé que muchas personas que conozco lo hubieran querido hacer y por ahí tienen miedo o no tienen la posibilidad”, sostuvo.
“No se habla mucho, muy poca gente conoce o sabe, pero la verdad es que hay muchos jóvenes acá haciendo deportes porque es otra la perspectiva. En el fútbol argentino, en el femenino ni siquiera estando en Primera tenés un sueldo que te ayude a vivir 100% cómoda, y acá ya con el hecho de no tener que pensar en el departamento es bastante”, remarca Eugenia, que igualmente trabaja de manera remota como contadora.
La aventura en Italia
Ya recibida de contadora, Eugenia decidió irse a Italia a tramitar la ciudadanía. “Mi pareja, que tiene 22 años, siempre había querido venir a jugar al fútbol acá. Yo la verdad que no lo tenía mucho en mis planes, sobre todo por mi edad, pensé que estaba un poco grande, pero bueno. Estaba en un trabajo que no me gustaba mucho, quería cambiar de aire y dije: ‘Vamos por la ciudadanía y vemos qué oportunidades surgen’. Cuando llegamos acá y me acomodé con el tema de los papeles, empezamos a mandar currículum deportivo por mail a todos los clubes”, contó.
Al principio, confiesa que no tuvo mucha fe. “Muchas chicas nos decían que lo hagamos, porque acá ya en una categoría C o D ya te dan el departamento, que es un incentivo, porque es un gasto bastante grande que tenés acá en Europa. Pero cuando empezamos a mandar mails no nos contestaban mucho y como que un poco habíamos perdido las esperanzas, hasta que surgió esto”, reconoció.
La principal dificultad fue que no tenían representante ni conocían mucho el ambiente. “Fue difícil, hasta que fuimos a dos pruebas y en la tercera que tuvimos nos llamaron de Vicenza, que es más o menos a dos horas de Bolonia, donde estábamos. Hicimos algunos entrenamientos, quedamos y nos mudamos porque el club en ese momento nos ofreció darnos un departamento y trabajo a cambio de venir. Eso nos terminó de convencer porque nosotros estábamos pagando un alquiler muy alto, vivíamos con ocho personas, y la posibilidad de vivir en un departamento nos gustó. Así arrancamos a jugar en el Real Vicenza”, explicó.
El Real Vicenza, cuenta Eugenia, era un equipo que había estado en la Serie C de Italia, pero por problemas dirigenciales tuvo que cambiar de nombre y volver a empezar. “Sin embargo, el cuerpo técnico y las jugadoras son más o menos de categoría C casi todas, entonces entramos en ese proceso de reconstrucción. Ahora ya estamos súper adaptadas al equipo y a Italia en general. Entre el idioma y que acá se juega un fútbol distinto, fueron dos o tres meses que tuvimos que adaptarnos”, comentó.
“Esta primera chance es mucho más de lo que esperábamos, tuvimos justo esta posibilidad de llegar a un equipo que encima está peleando el campeonato, estamos siendo titulares las dos, entonces eso también te mantiene súper enchufada, súper concentrada y ya en tu currículum deportivo haber tenido una experiencia acá suma bastante. Es un paso como para buscar algo más. Desde Córdoba venirte para acá creo que era el paso más difícil”, cuenta Eugenia, que espera lograr el objetivo de ascender a la Serie C para después buscar una oportunidad en España o alguna chance en el fútbol argentino en Buenos Aires.
Recientemente, el Real Vicenza venció 3-0 al Le Torri y se clasificó a las semifinales de la Copa Excelencia de Italia, donde se enfrentará el 17 de marzo al Oppeano.
Las lesiones, un aprendizaje
Aunque aseguró que no es muy común que se lesione, sí recordó que le tocó atravesar dos veces “la lesión más fea”. “Me rompí los ligamentos cruzados dos veces. Esos fueron dos años en los que tampoco pude jugar, después fue la pandemia, es decir, que me faltaba consolidarme. Hacía un año y me rompía, después pandemia, después a fines del 2020 me volví a romper los ligamentos cruzados, así que en el 2021 tampoco pude jugar. Recién en el 2022 sí lo hice completo”, contó.
“Es la lesión más fea y quizá la que más tiempo lleva. La primera vez recién estaba empezando, entonces físicamente no estaba muy preparada para jugar, tomaba bastantes riesgos y medio que me sorprendió. Lo encaré con entusiasmo, pero bueno, la segunda vez sí fue más difícil porque conocía todo lo que había que pasar, las operaciones, sumado a que no había podido competir en la pandemia. Lo bueno fue que esa segunda vez ya lo hice con más confianza, uno ya conoce su cuerpo y sabe que tiene que cumplir a rajatabla todas las recomendaciones”, recordó.