jueves 16 de mayo de 2024
Teatro

Ezequiel Soria, pionero teatral argentino

Se rescataron algunas piezas, algunas propias y otras adaptadas de producciones europeas. Gabriela Borgna recientemente publicó su investigación.

Tal es el título del nuevo libro de Gabriela Borgna, quien investigó la trayectoria y la obra del dramaturgo catamarqueño. El volumen rescata del olvido 7 de las 38 obras propias o adaptadas de textos europeos para las más importantes compañías teatrales de su época. Ezequiel Soria (Catamarca, 18973- Buenos Aires, 1936) fue dramaturgo, director, maestro de actores, y gestor inicial de las compañías de Pepe, Jerónimo y Pablo Podestá y más tarde autor casi exclusivo para las compañías del actor Florencio Parravicini y de la dupla Enrique Muiño-Elías Alippi.

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Egresado del Colegio Nacional en 1890, despuntó como poeta en las páginas de periódicos como “El Estudiante” -dirigida por Ramón S. Castillo, su compañero de pensión porteña y de facultad- la revista satírica “Fra Diávolo” y el diario “Los Andes”. El linaje familiar no salvó al joven Soria de tener que ganarse la vida y gracias al senador treintañal Francisco Caracciolo Figueroa pasó un tiempo como escribiente del archivo de Tribunales.

En 1971, mediante el decreto provincial Nº 1127 y a propuesta de la filial local del Rotary Club, se impuso su nombre a la sala menor del Teatro Catamarca. El documento tuvo como impulsor a otro actor, director y dramaturgo catamarqueño, José Horacio Monayar, por entonces director de Cultura.

Ezequiel Soria fue poeta, cuentista, periodista, guionista de cortometrajes del cine mudo argentino y publicista. Junto con el actor español Mariano Galé y su amigo Enrique García Velloso, crean en 1901 la primera academia teatral argentina, en la que los artistas vocacionales, en su mayoría formados en el circo, aprendían a actuar en escena. Galé tenía 51 años, García Velloso 21 y Soria 28. El Conservatorio Nacional recién se crearía en 1936. En paralelo a la academia, creaban una “gran compañía dramática” cuyo ambicioso programa de estrenos venía anticipado por un texto, “En pro del teatro nacional”, que puede considerarse el primer manifiesto teatral del Siglo XX.

Este catamarqueño, que nunca regresó a la provincia, fue además cofundador de la primera Sociedad Argentina de Autores Teatrales y Líricos (actual ARGENTORES), cuya dirección ejerció en dos períodos. Defendió las primeras huelgas actorales y tuvo cargos políticos parlamentarios esporádicos. Era el momento en que el sistema teatral del Río de la Plata, en proceso de consolidación, no establecía aún tajantes divisiones de trabajo.

Del total de obras escritas por Soria, la autora rescata “El año 92” (1892), “Amor y lucha” (1895), “El Sargento Martín” (1896), “El deber” (1898), “Política casera” (1901), “Cristian” (1903) y “Diógenes” (1918).

“El año 92” es la primera obra escrita y dirigida por Soria, a sus 19 años. Es una zarzuela muy al estilo de la época que fue un éxito absoluto, según las crónicas periodísticas de la época que destacaban la presencia de un personaje que encarnaba a Leandro N. Alem, líder de la reciente Revolución del Parque (1890), de la que surgiría la Unión Cívica Radical.

“Amor y lucha”, “El sargento Martín”, “Política casera” y “Cristian” remiten a los conflictos políticos catamarqueños de la segunda mitad del siglo 19: las luchas de Felipe Varela hasta la participación de batallones provinciales en la Guerra de la Triple Alianza, las disputas con Chile por los territorios de Atacama o las andanzas de una clase política local venal y acomodaticia.

A su vez, “El deber” y “Diógenes”, retratan las nuevas clases sociales urbanas porteñas. Si en estas últimas, el tango y la milonga son parte de sus bandas sonoras, en las anteriores pueden oírse desde las iniciales zarzuelas hasta zambas y otros aires folklóricos nacionales, lo que permite afirmar que Soria es también un pionero del teatro musical argentino.

Más historia

Gabriela Borgna cita a Ricardo Rojas (quien fuera rector de la Universidad de Buenos Aires entre 1926 y 1930) cuando analiza los consumos culturales de fines de 1880: “La burguesía porteña, al aplaudirlos (a los artistas extranjeros) mostraba con ello un loable refinamiento estético, pero desamparaba con injusta soberbia los ensayos locales. Parece lógico, pues, que el ingenio criollo se refugiara en la simpatía popular y que viniera con sus gauchos a conquistar la ciudad”. Descripción en la que el “teatro cosmopolita y selecto que cultiva la burguesía del 80 le hace olvidar las modestas tradiciones del teatro argentino y la vuelve incapaz de simpatizar con el arte nativo, que durante un tiempo quedó relegado a la simple condición de solaz plebeyo de las clases suburbanas”.

Desde 1910 y sin fecha cierta de finalización, Soria coescribió con José M. Díaz y el dramaturgo José González Castillo nueve guiones de cortos de cine mudo, en uno de los cuales “La pantera de Java” parece haber actuado, según relatos de sus sobrinos. Lamentablemente, ninguno de esos cortos existe en la actualidad, al menos en el dominio público.

Este volumen que publica la local Editorial Quebracho contiene además la primera cronología exhaustiva de la obra de Soria, prologado por los docentes universitarios Marcelo Gershani Oviedo, Ricardo Ariza y Judith de los Ángeles Moreno, algunos de cuyos conceptos cabe destacar.

El primero, reconocido genealogista local, cita al autor cuando pone en boca de Cabanillas en “Política casera”, una frase no exenta de humor “dejen en paz a la genealogía” y recuerda que “tengo siempre presente la afirmación de Edmundo Guibourg: ‘Soria es un olvidado y un olvidado injustamente’”.

Por su parte, Ariza rescata que “la obra de Soria puede ser entendida de forma expresionista, en la que aparece su Catamarca natal tanto en los personajes como en la trama argumental. “Política casera” es la muestra más palmaria. Esta característica de la obra de Soria, entiendo, puede haber representado un obstáculo para una valoración despojada de los prejuicios civilizatorios”. También pone en contexto que “el circuito de la cultura escrita era muy dinámico en Catamarca, particularmente en el sector social medio y alto, por donde transitaban los principales diarios editados en Buenos Aires (La Nación, La Prensa) algunos regionales (la Gaceta de Tucumán, los Principios de Córdoba) además de los profesionales que tenían importantes bibliotecas particulares”.

A su vez, Judith de los Ángeles Moreno recuerda que en el primer volumen de Historia de las Letras en Catamarca (1991), ya hay un análisis de José Horacio Monayar: “Ezequiel Soria. Precursor del Teatro Nacional”, posterior a los trabajos de Ismael Moya y Juan Oscar Ponferrada, por citar a los más destacados. Para la prologuista “en estas páginas se dirime también (a decir verdad, conjeturo) hacer de este trabajo un lugar de la memoria, en tanto lectura de una estética caracterizada por el zarzuelismo criollo, el género chico, el sainete, ya tan lejanos hoy”

En 2021, La Comedia junto con el Coro Estable, ambos cuerpos estables del municipio capitalino, pusieron en escena “Justicia Criolla”. Fue la primera vez que este sainete emblemático se representó en la provincia, a 124 años de su estreno nacional. Jorge Dubatti, por entonces subdirector del Teatro Nacional Cervantes y actual miembro de la Academia Argentina de las Letras, quien vino para el estreno sostenía que “en primer lugar, hay que valorar esta iniciativa de política cultural: regresar, desde el presente, a los autores del pasado teatral argentino; programar la puesta en escena de una obra argentina del siglo XIX; rescatar un texto de Ezequiel Soria y concebir así el montaje y su recepción como contribución a las múltiples aristas de los trabajos sociales de la memoria”.

Invitación

Con entrada libre y gratuita, “Ezequiel Soria, pionero teatral argentino” (Editorial Quebracho, 2024) se presentará el jueves 18 de abril a las 18.30 horas en la Sala Ezequiel Soria del Teatro Catamarca. De la presentación participarán los tres prologuistas y la autora, entrevistados por la directora de Bibliotecas y Archivo, Celia Sarquís.

Texto: Colaboración de Editorial Quebracho

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