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ROLY GUERRERO

El creador de La Casona, el templo de la música popular

El dueño de La Casona habló de sus comienzos, sus logros y sus anhelos. Recordó encuentros y anécdotas con los más grandes artistas del cuarteto y la cumbia que desfilaron por "el templo" de la música popular enclavado en San Antonio, Fray Mamerto Esquiú.

28 de julio de 2024 - 02:15

“La conducta no se negocia, se cumple”. “La mejor victoria es la conquista de uno mismo”. Son frases que, sacadas de contexto, puedan perderse fácilmente. Sin embargo, al adentrarnos en la vida de Ramón Vicente Guerrero, popularmente conocido como “Roly”, cobran otro sentido. Esas frases son unas de las tantas que están inscriptas por los diversos rincones de La Casona.

Pensar en Roly Guerrero es automáticamente asociar el nombre de La Casona, “el fenómeno que avanza”, el templo de la música popular que trascendió las fronteras provinciales.

Roly nació el 8 de febrero de 1958 en San Antonio, Fray Mamerto Esquiú. Su lugar en el mundo desde donde pudo erigir lo que se convertiría en un símbolo para los amantes (y no tanto) de la cumbia y el cuarteto, ya que La Casona atravesó estilos musicales y generaciones.

Coordinar para la entrevista con Roly no fue sencillo, ya que dedica varias horas a la semana a la organización de recitales de diversos artistas que llegan a La Casona o si no a localidades del interior o de provincias vecinas. En un alto de esos viajes, Revista Express pudo hablar con Guerrero quien, a corazón abierto, habló de sus orígenes, el furor, la relación con los artistas, sus anhelos y lo que sintió al estar al borde de la muerte.

El niño Ramón Vicente estudió en la escuela de San Antonio y sus estudios secundarios los terminó en la ENET N°1. “Me recibí de Técnico Electromecánico y mi primer trabajo fue en (la fábrica) Tejidos Argentinos. Trabajé siete años y renuncié porque me gustaba mucho el baile. Entre comer o bailar, prefiero siempre bailar”, dice como si fuera una declaración de principios.

“Toda mi vida siempre fue en San Antonio. Rosa Figueroa, mi mamá, era de La Higuera, departamento Paclín. Mi papá de San Antonio. Se llamaba Ramón Vicente, le decíamos Tito”. Ese nombre atravesó tres generaciones, pues lo escogió también para su hijo. El escenario principal de La Casona se llama “Tito” Guerrero.

La pasión por el baile lo llevó a que cada fin de semana se fuera en colectivo hasta la ciudad para asistir a los eventos en el Club Villa Cubas, uno de los epicentros de los bailes de la época.

“Me bajaba en la Maipú y me iba caminando. En mi casa no había un poder económico, tenía que esperar que levantaran la boletería para ir a ver un espectáculo y eso me permitió ir viendo todos los movimientos del baile”, expresó.

La propiedad en la que edificó La Casona es una herencia de sus padres. Al comienzo era el punto de encuentro para partidas de truco o chinchón o sapo. Luego vinieron los recordados campeonatos de fútbol. Su familia estuvo ligada al comercio desde que era niño, ya que en su casa funcionaba un negocio de ramos generales.

En el año 1986 un trágico suceso hizo de bisagra: su padre murió y Roly tuvo que hacerse cargo del comercio y, posteriormente, comenzó a surgir La Casona.

Guerrero trabaja para fines de los ´80 en la DECA -la actual EC Sapem- y tenía un compañero de trabajo que se dedicaba a hacer carteles.

“José Jaime era pintor y hacía letras, le pedí el letrero del lugar que quería comenzar. Me despierto una siesta y me pregunta qué nombre le elegiste, le dije que sea La Casona. Me identifiqué mucho con ese nombre porque era simple, pero justo para eso”, contó a RE.

El salto lo dio con los torneos de fútbol. “Hacía fotos y trataba de venderlas. Ponía carteles de carteles que me ayudaron y luego pude hacer las tribunas y los vestuarios”. En esa etapa recuerda la colaboración de un hombre clave en la historia de Las Chacras: Primo Antonio Prevedello. “Siempre estaré agradecido a él, a Antonio, a Carlos, a Ricardo… me dieron una mano para que pudiera comenzar”, recordó emocionado.

Los torneos de La Casona se volvieron masivos. Los fines de semana era habitual observar una caravana de motos por la ruta provincial 41. Los jugadores con sus bolsos colgados enfilaban hacia San Antonio para dejar todo en la cancha.

La gran movilización de personas durante cada fin de semana llevó a Guerrero a dar un paso más. Pensó en sumarle la presencia de números musicales durante los partidos. De esa manera nació el “Primer Festival del Tomate”.

“Había gente que se reía porque decía ´che Roly, tomate uno, tomate otro (risas) pero tuvo un éxito importante, además en San Antonio había gente que cultivaba tomate… estaban los Acosta, los Valdez (se ríe). A los ponchazos armé el escenario, con tablas y fue un esfuerzo muy grande”.

El éxito del festival del Tomate -no recuerda Roly si se hizo otra edición- lo motivó a que pensara en dedicarse a la organización de eventos musicales. La década del noventa lo encontró trabajando en Telecom, pero su cabeza y principalmente su corazón giraban en torno a La Casona.

“Mi madre me decía, déjese de joder con La Casona. El auto en el que andaba está tirado, ya va en colectivo a trabajar. Cuidesé un poquito más”, recuerda Roly. “Yo le decía: mamá, ya va a llegar”, tenía que seguir luchando, era un objetivo. Estaba convencido de lo que yo quería”.

Con la idea fija no renunció a su ilusión, pero sí se fue de la empresa de telefonía. “Voy a luchar por lo que quiero, voy a buscar que me indemnicen, pensé y sin decirle nada a nadie planteé la indemnización. Arreglé por 120 mil pesos”.

Esa decisión le significó los cuestionamientos desde su familia. Con tozudez siguió adelante hasta que el destino le dio una señal. Era el año 1994.

“En ese momento sale un boom, el grupo Karicia, de Perú. Sonaba que venía a Catamarca e iba a presentarse en tres lugares. A mí me lo ofrecen, pero fui minucioso, vi qué posibilidades tenía de traerlo yo solo. Me dicen: sale 110 mil pesos. Si usaba lo de la indemnización, me quedaba sólo con 10 mil pesos”.

Era una apuesta fuerte la que tenía por delante Roly, pero no titubeó. Se arriesgó. “Era jugarme en una noche la indemnización. Era una partida muy fuerte y me costó mucho al punto de que iba a dormir y pensaba que había apostado todo. Me daba fuerzas, me decía que todo iba a estar bien, que no iba a llover, y que iba a ser un éxito”. Finalmente lo fue.

Pero no fue fácil el camino. Recorrió todas las radios del Valle Central e hizo publicidad callejera con su automóvil Peugeot 504.

“Dos o tres días antes soñé a La Casona llena y cuando me levantaba, me lamentaba que sea un sueño. Siempre tuve situaciones límites, difíciles. Gracias a eso aprendí a valorar, a respetar, aprendí a cuidar y me enseñó muchísimo, eso lo valoro mucho”.

La noche consagratoria comenzó mal, ya que un principio de incendio en un rancho casi termina en desastre. “Llegó la noche y se me prende fuego el único rancho en el que estaban haciendo las empanadas. Con un rastrillo tiré las garrafas, las arrastré porque sino explotaba todo. Así empecé la primera noche, fue la que me marcó para toda la vida”.

A través de un video subido a YouTube por el usuario Maximiliano Leguizamón quedó el registro de esa noche histórica. La Casona desbordó.

“Tuve miedo de tanta gente, era un potrero y era incalculable la cantidad de gente. Era tremendo y cuando me subí al escenario me persigné, me di vuelta y le pedí al cielo que esto no sea un sueño”.

La prueba de fuego fue un éxito y desde ese entonces La Casona se convirtió en el paso obligado de todos los artistas de la música popular. Las diferentes formaciones de Trulalá, La Barra, Carlos “La Mona” Jiménez, Antonio Ríos, Rodrigo Bueno, Ráfaga, Leo Mattioli, entre otros, pasaron por el escenario “Tito” Guerrero.

“El vínculo más fuerte fue con Trulalá, porque con ellos viví muchas historias, vi pasar diferentes cantantes. Por algo dicen que es la academia del cuarteto. Todos son excelentes cantantes, Gary fue el primero. Yo no lo traje con Trula, sino ya como solista.

De Carlos Jiménez dijo: “La Mona es un ídolo a nivel país, es a nivel mundial”.

Roly fue testigo directo del comienzo del vínculo entre Rodrigo y Walter Olmos, el emblema del cuarteto local.

“Dicen muchos que se conocieron en otro lugar. En la radio estaba Rodrigo conversando conmigo y pongo un casete de Walter y le digo “¿Quién es?”. “Rodrigo me dice ´Cachumba no es, La Mona tampoco”. Le digo a un amigo que estaba cerca “andá a llamarlo a Walter”.

El joven era menor de edad en ese momento y cuando lo vio Rodrigo no salía de su asombro. La velada terminó con la decisión del “Potro” de llevarlo a Walter a Buenos Aires. Era la antesala a las memorables presentaciones en el Luna Park.

“Lo hablo a las escondidas a Walter y le pregunto si quería ir. Me dice ´yo quiero ir, pero no tengo plata´. No se haga problema, m´hijo, pero pídale permiso a su mamá”. La escena termina con Rodrigo yendo con Walter hasta la casa materna para pedir la autorización para llevarlo al cemento porteño.

El Tribunal de Disciplina

Para intentar controlar o menguar las escaramuzas en el boliche o en los torneos de fútbol, Guerrero ideó una suerte de tribunal de disciplina en el que se determinaba la sanción que debía cumplir el que infringiera las normas.

“Poder lograr que en un lugar diferentes clases sociales compartan no es fácil. Yo creo que se ha dado mucho porque yo los atiendo a todos por igual. Las reglas han sido igual para todos. He tenido parientes míos que pasaban más de 10 años y que no podían entrar. Yo tengo que dar el primer ejemplo.

Roly contó que tras el incidente se reunían durante la semana con él o los protagonistas quien tenía la posibilidad de hacer un descargo y que luego entre los integrantes de La Casona votaban cuál iba a ser la sanción.

Guerrero menciona a sus padres a cada instante, los menciona como sus modelos de vida. “Me siento un agradecido a la vida, algo que lo voy a repetir siempre, a mi madre y a mi papá. Soy una persona que ha ido aprendiendo siempre de las diferentes etapas que he tenido que atravesar”, concluyó.

Texto: Pablo Vera

Fotos: Ariel Pacheco y gentileza de Roly Guerrero

Los sueños

“Tengo muchos sueños todavía. La Casona es un complejo amplio y que tiene algo muy diferente, por eso es único. Ves muchas piedras y la piedra me inspira mucha energía”, dice Roly en relación con las estructuras que rodean al predio y que fueron ejecutadas por el artista Raúl Guzmán.

“Un sueño sería que vuelvan La Mona y La Konga”, pero también admite que le gustaría traer artistas de otro género como lo hizo alguna vez con Bersuit Vergarabat. “Me encanta el rock también”.

Encuentro cercano con la muerte

Hace más de diez años Guerrero tuvo que someterse a una operación riesgosa. Tuvieron que realizarle un trasplante de hígado y su hermano Miguel fue el donante. “Era una operación riesgosa, pero nunca jamás pensé que me iba morir”.

Debido a que por la gravedad de su cuadro no lo dejaban viajar desde Catamarca a Buenos Aires en avión, voló desde Tucumán. “Cuando faltaban diez minutos para aterrizar me pusieron oxígeno y lo único que me acuerdo es cuando iba la camilla corriendo por los pasillos del Hospital Italiano”. Guerrero estuvo casi una semana en coma hasta que fue operado y la cirugía salió exitosamente.

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