PARTE DOS (ÚLTIMA)
El clamor por la restitución arqueológica
El Disco: entre la memoria colectiva y la responsabilidad del Estado
Desde mi juventud, y ya siendo adulto, escuché numerosas historias sobre el famoso disco que, según se decía, había sido llevado por Lafone Quevedo al Museo de La Plata. El comentario social se multiplicaba, generando diversas especulaciones: si el Museo tenía una copia (un calco) o que poseía el original. Estas dudas persistieron durante décadas, hasta que la Dra. Ana María Arenas arrojó claridad sobre el asunto en una publicación realizada en 2008.
En el ámbito catedrático también se hablaba sobre la “desaparición del disco”, esta versión se encuentra documentada en la Revista del Museo, por la Universidad Nacional de La Plata. En ella, Rodolfo Raffino, entonces director del Museo de La Plata, analiza la simbología del Caylle, señalando que “…ha circundado el planeta, siendo imposible disociarlo de la Institución que lo alberga desde hace un siglo”. Más adelante, agrega: “Pocos años después de su ingreso al Museo, la pieza desapareció misteriosamente, reapareciendo en la década de 1930, cuando se produce el ingreso de otra colección famosa: la perteneciente a Benjamín Muñiz Barreto. Entre los casi 13.000 ejemplares que la integraban, para sorpresa de muchos y vaya uno a saber por qué sospechosa razón, se hallaba el Caylle Lafone Quevedo”. Esta idea de desaparición y otros temas, se ve analizado por el artículo titulado “Documentación e identidad de los materiales arqueológicos del Museo de La Plata”, publicado en la Revista del Museo de La Plata (noviembre del año 2008 Volumen 3, Nº22).
El disco se considera un emblema institucional del Museo de La Plata. Según la Dra. Arenas: “Durante más de cien años y en publicaciones de distinta índole el Disco fue ilustrado, descripto e interpretado. Pero creemos que hay una lectura que no se ha hecho y es la que se refiere a su documentación, identificación y propiedad”.
Ella misma recuerda que, como estudiante de arqueología en 1960, escuchaba la versión oral de que el disco “…había entrado al Museo con la colección Lafone Quevedo y que había salido del mismo (no se sabía ni cuándo ni cómo), para reingresar en 1931 como parte de la colección B.M.B. Esta versión fue la que Raffino reprodujo en 1994. Sin embargo, la Dra. Arenas identifica que la desaparición del disco se habría producido durante la dirección del Museo a cargo de Enrique Palavecino. A partir de su investigación, la Dra. Arenas sostiene que el disco ingresado en 1890 no fue el original, sino un calco; y que el verdadero disco recién habría ingresado al Museo en 1931, como parte de la colección de Benjamín Muñiz Barreto pagado por el Congreso Nacional.
Antecedentes históricos
La Dra. Arenas, tras revisar documentación del Museo de La Plata entre 1919 y 1929, reconstruyó parte fundamental de la historia del Disco de Andalgalá. Durante ese período, Benjamín Muñiz Barreto (B.M.B) financió diez años de expediciones arqueológicas al Noroeste Argentino, formando una de las colecciones más importantes de América. Contó con el apoyo de destacados especialistas como Salvador Debenedetti, el Ing. Vladimiro Weiser y F. Wolters.
Las piezas recolectadas eran trasladadas al Museo Barreto, donde se registraban y analizaban en 39 cuadernos de campo, que hoy siguen siendo fuente de consulta por su rigurosidad científica. En la cuarta expedición -entre noviembre de 1921 y mayo de 1922- Weiser y Wolters llegaron a la estancia de Huasán, propiedad de la familia Blamey. Allí tomaron siete fotografías, registradas en la libreta N°31 que la autora señala están guardadas junto con 1.243 fotografías tomadas desde la primera hasta la séptima expedición. Las fotografías de Huasán figuran con los números 449 al 455, con el siguiente escrito: “Fotografía de los objetos de oro y del disco de Andalgalá, que han quedado en Andalgalá misma (Estancia Huasán)”.
Los investigadores señalan que el negativo número 454 corresponde a la placa. Junto al número está inscrito “Andalgala-Colección Lafóne Quevedo N°6”, y en su reverso posee el sello de la colección de (B.M.B), lo que indica que la foto concernía exclusivamente a la colección, mientras que el objeto o disco pertenecía a la familia para 1922. Después, Barreto hizo una oferta a los propietarios del disco, el cual pasó a catalogarlo en su “Cuaderno-Catálogo N°18” como: “N°6791 – El disco famoso de cobre de Andalgalá. Ex Colección Lafone Quevedo”. En 1931, por resolución del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, la colección de (BMB) compuesta por 13.151 piezas- pasó al resguardo del Museo de La Plata. La documentación completa fue entregada en 1933, tras la sanción de una ley del Congreso Nacional que aprobó el pago de $300.000 al propietario. Así, el disco genuino ingresó formalmente al Museo, esta incorporación va revelando la verdadera secuencia de los hechos.
Supuesta desaparición
Si observamos la bibliografía “Los Diaguitas” (1946) de Márquez Miranda, el disco aparece como “Calco” catalogado con el N°1716. La Dra. Arenas apunta que descubrió un cuaderno de inventario de 1921 a 1958, que incluye una colección de 33 piezas arqueológicas, enviadas al “Museo de Tres Arroyos Sarmiento, por orden del Director Prof. Enrique Palavecino (1948 a 1955) en septiembre de 1950, “en calidad de préstamo permanente”, incluido el disco de Lafone. Para 1977 el libro “Arte Precolombino de Argentina” de Rex González el disco estaba registrado con el N°4555 número que está sobre la ficha N°1716. La Dra. Arenas opina que es curioso que el último autor no diferenciara entre “el calco y el original”, a pesar de tener acceso a la documentación y simplemente repitió lo mismo que hiciera Márquez Miranda, “calco de un disco de bronce”. Con los años, Raffino haría lo mismo pues en su artículo en la Revista Museo escribió: En una vieja ficha del catálogo de la División Arqueológica puede leerse lo siguiente: "Col. Lafone Quevedo. Calco de disco de bronce, Andalgalá, sin fecha. Conservación buena. Ornamentación antropomorfa y zoomorfa. Largo 160 mm, espesor 3 mm, ancho 107 mm. Sin datos de situación estratigráfica". Esa lacónica referencia es todo lo que se sabe sobre el origen del célebre disco.
La Dra. María Delia Arenas sobre el mismo artículo de la revista indica “...tampoco menciona ninguno de los dos números y sólo hace referencia misma ficha en que figura como calco”. Se comprende que los dos últimos autores González y Raffino sólo repitieron lo que estaba escrito en la ficha N°1716 donde se había registrado alguna vez el calco, sin percatarse que era el original, que tenían frente de sí, esta vez con el N°4555. El estudio metalífero que le efectuó la Dra. Arenas comprobó su originalidad.
El legado de la Dra. Arenas y el derecho de Andalgalá a su patrimonio
Finalmente, como vemos, el Museo de La Plata primeramente nunca tuvo el original desde 1890 más bien tuvo un “Calco” que fuera entregado al Museo de Tres Arroyo. Mientras que disco original estuvo en Andalgalá desde 1882 que fue comprado por Lafone hasta 1922 o más, cuando fuera adquirido por Muñiz Barreto a la familia Blamey. En 1933 la colección de 15.151 piezas de B.M.B. adquirida por el Congreso Nacional se pagó por $300.000 con dinero del pueblo, pues no fue adquirida con efectivo propio del Museo de La Plata. Creo que no hay mucho que decir, está en nuestras manos poder regresar el disco original a sus verdaderos dueños el pueblo de Andalgalá sólo queda que las autoridades hagan su trabajo. Pues la Arqueóloga, Antropóloga e investigadora de las colecciones del Museo de La Plata Dra. María Delia Arenas hizo su parte; lamentablemente, falleció el 10 de enero de 2012 dejando una información vital, que el pueblo de Andalgalá debe aprovechar.
Texto y Fotos: Colaboración del investigador Claudio Benjamín Balsa