jueves 2 de abril de 2026
Literatura y realidad

Dos viejos cuentos

La lectura de dos antiguos escritores europeos, el irlandés Jonathan Swift y el danés Hans Christian Andersen, traen ecos del pasado a este presente nacional que podría convertirse en Irlanda en menos de medio siglo salvo que alguna persona pequeña se anime a decir que el rey está desnudo.

El escritor satírico irlandés Jonathan Swift (Dublin, 1667 -1745), universalmente conocido por su cuento “Los viajes de Gulliver”, publicó en 1789 “Una modesta proposición”, folleto que, bajo la apariencia de un estudio de economía, proponía una solución al problema de los campesinos pobres de su país sometidos al yugo de los exorbitantes costos de arriendo de los campos impuestos por los terratenientes ingleses.

Para el autor, la solución a semejante catástrofe consistía en comerse a los hijos: “Un niño alcanzará para los dos platos en una comida de amigos... Concedo que este alimento será un poco caro, así que convendrá muy bien a la clase de terratenientes, ya que, habiendo devorado a la mayor parte de los padres parecen tener ahora más derechos sobre los hijos. La carne de los niños estará en sazón todo el año, pero será más abundante en marzo, ya que, según un eminente médico francés, siendo el pescado un alimento prolífico, nacen más niños en los países católicos después de cuaresma, los mercados estarán más abastecidos, porque el número de niños papistas es casi de tres a uno en este reino, lo que traerá otra ventaja: disminuir el número de niños papistas entre nosotros”.

Muchos de sus contemporáneos no sólo no entendieron la sátira, sino que la consideraron de mal gusto pese a que su evidente sarcasmo atacaba las falsas soluciones de la política del partido conservador inglés Tory que, con supuestos informes de los tecnócratas de la época apostaban a que el status quo se mantuviera tal como estaba. Leamos: “Creo que todas las partes están de acuerdo en que este prodigioso número de niños en los brazos, o en las espaldas o pegados a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, es en el actual deplorable estado del reino una muy grave afrenta adicional; y por lo tanto quien pudiera encontrar un método justo, barato y sencillo para hacer de estos niños miembros respetables e útiles de la comunidad merecería tanto agradecimiento del público como para colocar su estatua como salvador de la nación”.

Además de los improperios del orden dominante, el sarcasmo de Swift no logró su objetivo, tal como lo demuestra el episodio histórico que se conoce como “La gran hambruna irlandesa” o “Hambruna de la patata” (1845-1849), sucedida un siglo después de la publicación del texto. Debido a una peste que destruyó los cultivos de ese tubérculo americano, murieron un millón de almas y otro tanto migró a los Estados Unidos y otros países. Sumadas ambas desgracias, la isla perdió un cuarto de su población. Las autoridades inglesas como el secretario del Tesoro (ministro de Economía en dicho país) Charles Trevelyan era partidario de las tesis de Malthus sobre cómo corregir la superpoblación de pobres irlandeses y de las de Adam Smith sobre el libre mercado y la economía alcanzando equilibrio sin intervenciones estatales.

Considerado por el francés André Breton como el primer exponente del humor negro en la literatura, en marzo del 2020 el actor jujeño Rodolfo Pacheco puso en escena el monólogo “Swift”, escrito por Elena Bossi y dirigido por Cecilia Hopkins. La gráfica del programa replicaba la marca del frigorífico homónimo, dedicado a la industria cárnica cuya expansión mundial fue gracias a la provisión de latas de corned beef a los ejércitos de las guerras mundiales del siglo pasado.

Si esta sátira irlandesa no produjera ningún reverbero en nuestras conciencias contemporáneas, viene en ayuda “El traje nuevo del emperador” que integra el libro “Cuentos de hadas contados para niños” que el danés Hans Christian Andersen publicó en 1837. También se lo conoce como “El rey desnudo” y la Comedia Municipal lo estrenó en enero de 2007 en el barrio Juan XXIII como cierre de la gestión del director Oscar Németh.

El relato puede considerarse fábula moral o cuento folklórico y narra cómo un rey vanidoso cae en la trampa tendida por los supuestos sastres, los hermanos Farabuto, quienes lo esquilman con la urdimbre de una tela fina, elegante e invisible para aquellos que fueran tontos o incapaces para ejercer un cargo público. El vocablo italiano “farabuto” se traduce como bandolero, bribón, bellaco, canalla, sinvergüenza, miserable o ruin.

El rey enviaba sucesivos funcionarios a controlar la evolución tanto del tejido como de la confección del traje y todos volvían deshechos en elogios. El supuesto traje fue estrenado en un desfile ante una plebe que lo alababa, temerosa de que sus vecinos se dieran cuenta de que no lo veían. Hasta que un niño dijo en voz alta “¡Pero si va desnudo!”, expresión de actual uso política para referirse a una verdad obvia que las mayorías niegan pese a cualquier evidencia.

Texto: Colaboración de Gabriela Borgna

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