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A FUEGO INTENSO

Chamiza, cerámica artesanal

Silvana Mamaní, una talentosa artesana, tuvo su primer contacto con la arcilla en 2017. La pandemia de 2020 le dio la oportunidad para emprender.

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17 de julio de 2022 - 00:00

Salteña por nacimiento y catamarqueña por adopción, Silvana Mamaní es una emprendedora con todas las letras. Esposa y madre, en compañía de su esposo Jorge Saavedra, ella impulsa su emprendimiento “Chamiza, cerámica artesanal”. Sus tazas, cuencos, platos y ollas se encuentran en Instagram y también en distintas ferias.

En una charla con Revista Express, Silvana recordó cómo fueron los comienzos para animarse a tener su propio emprendimiento. En 2017, tuvo un problema muy grave de salud; estuvo en la Unidad de Terapia Intensiva. “Salí de milagro”, recordó. Luego de recuperarse, consideró que se había arrepentido de muchas cosas. Entonces, empezó a priorizar aquellas cuestiones relacionadas tanto a ella como a su familia. “Dejé de lado muchas cosas y me enfoqué en mí principalmente y en mis hijos”, contó.

A Silvana siempre le gustaron las manualidades y artesanías. Aprendió a trabajar distintas técnicas con diversos elementos, pero la cerámica siempre fue una materia pendiente. Por el tiempo, siempre lo dejaba de lado. Ésa era la excusa.

“Después de ese incidente, me replanteé qué es lo que yo quiero hacer y elegí la cerámica. Elijo algo que me haga sentir bien, que no tenga presión. Comencé a buscar talleres y llegué a Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Catamarca. Llegué al taller de la profe Stella Moreno, una ceramista reconocida, excelente persona y actualmente es mi amiga”, expresó. Al día de hoy, continúa asistiendo a sus clases.

A finales de 2017, empezó a asistir a las clases. Se inició con arcilla roja y aprendió a hacer jarrones. En 2020, tuvieron dos clases y comenzó la pandemia. Con esa imposibilidad de salir, Silvana armó su taller provisorio, en su casa. Por entonces no tenía horno. Ella armaba las piezas y luego las llevaba a la casa de la profe para realizar la horneada.

“Así comencé, con pequeñas piezas. Con ella tuve la oportunidad de empezar un taller de moldes. Hice mis primeros moldes de tazas, cuencos y platos. Comencé con la cerámica artesanal y utilitaria. Experimenté pero al no tener horno, hacía las pequeñas piezas, algunas con molde y otras a mano, en casa, las llevaba hasta su taller. En el camino, con el movimiento, a veces se rompían. A mediados de año, tengo la posibilidad de comprarme el horno –por supuesto que no es nada económico- y lo instalo. Quizá la pandemia no me afectó porque la veo como algo positivo en mí. Muchos ceramistas, a nivel nacional, comenzaron largos cursos de manera online, ante la imposibilidad de asistir a talleres. Hubo que reinventarse”, recordó.

Así, comenzó a cursar en cuanto taller aparecía, algunos gratuitos y otros pagos. Para Silvana, la pandemia dio la posibilidad de acceder a una gran variedad de talleres. Aprendió nuevas técnicas y adquirió nuevos conocimientos.

Emprendimiento

Luego, llegó la oportunidad de vender. Sus amigas fueron las primeras clientes. Internet se convirtió en una herramienta útil como vidriera de sus productos. Las ferias fueron el principal mercado. Silvana forma parte de MECA (Mujeres Emprendedoras Catamarqueñas) y los sábados suele estar en la feria de la Plaza 25 de Mayo.

“La gente me fue conociendo en la plaza. Me manejo por Instagram. Ya vendo para otras provincias. El boca a boca, la recomendación, también ayuda; la gente elige para agasajar a sus seres queridos con productos personalizados. Tratamos de satisfacer ese deseo del cliente. Tengo la suerte de que mi esposo me ayuda en el momento que está en casa. Me ayuda y trabajamos los dos”, comentó. Su esposo, Jorge Saavedra, la colabora con los diseños.

Aprendizaje

Anécdotas con la cerámica, Silvana tiene a montones. Sin embargo, hay una que aseguró que la marcó muchísimo. “Hice el primer taller de ollas de fuego directo, con una ceramista que es de Belén, muy conocida, Mariana Cendoya. El taller duraba dos días y después venía la quema. En esos dos días hago mi olla estábamos en el último proceso de la etapa de olla, cuando la estaba bruñendo: se cierran los poros de la arcilla. Como no lleva esmalte, se la cura con cera de abeja –algunos la curan con grasa o con margarina-. Estaba bruñendo mi olla y se me parte. Eran dos días de trabajo. Había perdido mi olla. Se la llevo y ella, una genia, me la arregla. Como decimos en cerámica, la cura. Era rezar que salga del horno sana. Al día de hoy, mi olla está intacta y la uso siempre. Son cosas que a veces en la cerámica pasa. A veces, cuando tengo pedidos, trato de hacer dos, por temor a que no me salga como uno lo quiere. A veces, somos perfeccionista y hacemos dos: el mejor es para el cliente”, aseguró.

Texto: Basi Velázquez

En redes

En Instagram, Silvana se encuentra en @chamiza_ceramica. Allí se pueden ver sus productos.

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