miércoles 1 de abril de 2026
Mujeres

Abrazos a la adversidad

Mujeres, con el paso del tiempo cuando sacamos un aprendizaje de todo lo que pasa nos volvemos mejores en todos los aspectos hasta tal punto de agradecerle a esa adversidad que apareciese en nuestras vidas por hacernos las personas que somos hoy en día. Una vez que aceptamos lo que no podemos cambiar, es más fácil elegir cómo reaccionar ante la adversidad. Ser capaz de reír frente a la adversidad es el mayor triunfo. Arriba ese ánimo, chicas, en los contratiempos porque es cuando conocemos todos nuestros recursos. Les dejo un cuento que les va a ayudar a reflexionar porque vale la pena intentarlo.

Las semillas

Hubo una vez cuatro semillas amigas que llevadas por el viento fueron a parar a la selva. Allí quedaron ocultas en el suelo, esperando la mejor ocasión para desarrollarse y convertirse en un precioso árbol. Pero cuando la primera de aquellas semillas comenzó a germinar, descubrieron que no sería tarea fácil. Precisamente en aquel pequeño claro vivía un grupo de monos y los más pequeños se divertían arrojando plátanos a cualquier planta que vieran crecer.

Aquella primera semilla se llevó un platanazo de tal calibre, que quedó casi partida por la mitad. Cuando contó a las demás amigas su desgracia, todas estuvieron de acuerdo en que lo mejor sería esperar sin crecer hasta que aquel grupo de monos cambiara su residencia.

Todas, menos una, que pensaba que al menos debía intentarlo. Cuando lo intentó, recibió su platanazo. Las demás semillas se unieron para pedirle que dejara de intentarlo pero aquella semillita estaba completamente decidida a convertirse en un árbol. Con cada nueva ocasión, los pequeños monos ajustaron un poco más su puntería gracias. Pero la semillita no se rindió. Con cada nuevo platanazo lo intentaba con más fuerza.

Así, durante días, semanas y meses, la plantita sufrió el ataque de los monos que trataban de parar su crecimiento, doblándola siempre por la mitad. Hasta que un día no se dobló. Recibió un platanazo, luego otro y luego otro más y con ninguno de ellos llegó a doblarse la joven planta. Es que había recibido tantos golpes y se había doblado tantas veces, que estaba llena de duros nudos y cicatrices que la hacían crecer y desarrollarse más fuertemente que el resto de semillas. Así, su fino tronco se fue haciendo más grueso y resistente, hasta superar el impacto de un plátano. Para entonces, era ya tan fuerte, que los pequeños monos no pudieron tampoco arrancar la plantita con las manos. Allí continuó, creciendo.

Gracias a la extraordinaria fuerza de su tronco, pudo seguir superando todas las dificultades, hasta convertirse en el más majestuoso árbol de la selva. Mientras, sus compañeras seguían ocultas en el suelo. Seguían como siempre, esperando que los monos abandonaran el lugar, sin saber que precisamente esos monos eran los únicos capaces de fortalecer sus troncos a base de platanazos, para prepararlos para todos los problemas que encontrarían durante su crecimiento.

El éxito de las personas no está en que tengan menos adversidades, sino ¡lo que hacen con ellas! Cómo dice la frase de Frida Kahlo: “lo que no me mata, me alimenta”.

De mujer a mujer, honro lo más sagrado en ti.

¡Hasta el próximo domingo!

Facebook: Sonia Luna

Instagram: @sonia6269

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