domingo 2 de agosto de 2026
PARTICIPARON EN LA ÚLTIMA EDICIÓN DE LA FIESTA DEL PONCHO

Los embajadores de los ponchos catamarqueños en el mundo

Jaime Suárez, Mauro Gutiérrez y Yamil Gutiérrez son tejedores oriundos de Belén, la cuna del poncho. En los últimos años llevaron sus creaciones a Italia, Ecuador y Francia y recibieron un gran reconocimiento internacional.

Lo que se hereda no se hurta. Jaime Suárez, Mauro Gutiérrez y Yamil Gutiérrez mantienen el legado que les enseñaron sus madres: tejer ponchos en el telar criollo. Los tejedores belichos hacen honor a sus raíces. Es que Belén es reconocida como la cuna del poncho y ellos se convirtieron en embajadores de los tejidos con fibra de vicuña, llama y lana de oveja. En los últimos tres años viajaron a Italia, Ecuador y Francia como artesanos de la Ruta del Telar, una política pública impulsada por el Gobierno provincial para fortalecer y difundir uno de los tesoros más preciados de Catamarca.

Los tres coincidieron como expositores en la 55º Fiesta Nacional e Internacional del Poncho y desde allí contaron sus experiencias en el exterior.

Mauro Gutiérrez participó en mayo de un intercambio de saberes en un campus de diseño, moda y arte de París, Francia, junto a artesanos de Laguna Blanca, Londres, la ciudad de Belén y Santa María. Durante la estadía recorrieron escuelas de arte, conocieron procesos de tintes naturales e industriales y observaron estrategias de comercialización y diseño aplicadas en el ámbito internacional.

En ese marco, el tejedor explicó que los ponchos catamarqueños despertaron interés entre estudiantes, docentes y diseñadores franceses, especialmente por las técnicas tradicionales de tejido y el uso de fibra de vicuña. "En sí el poncho es algo único para nosotros, es algo que nos representa como catamarqueños, como argentinos", expresó.

Agregó que el mayor interés estuvo puesto en la guarda atada, una técnica característica de los tejedores de la localidad de Londres (Belén), reconocida internacionalmente como ikat. Este diseño forma parte del patrimonio textil catamarqueño y alcanzó amplia difusión cuando la cantante Mercedes Sosa lució uno de los ponchos elaborados con esa técnica.

Gutiérrez contó que durante una visita a una escuela de diseño le preguntaron cómo funcionaba el telar criollo. Explicó que se trata de una herramienta tradicional que continúa utilizándose de la misma manera desde hace generaciones y señaló que los asistentes se sorprendieron al conocer el proceso de elaboración. "Cuando les mostré fotos no podían creer que sigamos trabajando así", recordó.

El artesano indicó que otra de las consultas estuvo relacionada con la ejecución de la guarda atada. Según comentó, los diseñadores franceses realizaban motivos similares en telares de mesa, pero no lograban el mismo resultado que obtienen los tejedores catamarqueños. "Ellos no podían creer que las guardas quedaran tan perfectas estando hechas totalmente a mano", afirmó, y explicó que resulta difícil transmitir la técnica sin mostrar el telar y el proceso de tejido.

Jaime Suárez también participó del intercambio en Francia. Durante la visita presentó ponchos, chales y corbatines confeccionados con fibra de vicuña, además de mostrar parte del proceso de preparación de la fibra mediante el descerdado. El tejedor señaló que el interés estuvo puesto tanto en la calidad de la fibra como en la forma de elaboración completamente artesanal.

Según explicó Suárez, en las fábricas y escuelas que visitaron la producción textil se realiza mediante programas informáticos que envían los diseños directamente a los telares automatizados. En cambio, indicó que los tejidos catamarqueños se elaboran íntegramente de manera manual, a partir de conocimientos transmitidos de generación en generación.

“Ellos en la computadora ponen un diseño y después la computadora lo va mandando a los telares y ahí se ponían a decir cómo nosotros le entendemos tanto para poderlo hacer todo mentalmente, y les dijimos que esto son enseñanzas de nuestros padres, de nuestros ancestros que va de generación en generación, en mi familia todos sabemos”, contó.

También comentó que técnicas como el ojo de perdiz eran desconocidas para los artesanos franceses, mientras que otros diseños similares eran realizados únicamente con maquinaria.

“No conocían el ojo de perdiz, el peinadillo (barracán) sí, y el que hace una tejedora de Santa María, el remolino, algo similar a eso también lo han sabido hacer, pero todo con máquina, con la computadora. Ellos sacan más o menos una imagen y lo mandan a la computadora, ellos tienen un programa para ir armando, y ahí ya lo manda solo. La computadora lo conectan a los telares y ya los telares solo se programan y empiezan a trabajar”, explicó.

Intercambio de saberes

El viaje también permitió incorporar conocimientos para aplicar en la producción artesanal sin modificar las técnicas tradicionales. Jaime Suárez señaló que una de las experiencias más importantes fue conocer nuevos tintes naturales. Explicó que en Francia utilizan plantas que no se encuentran en Catamarca, como las que permiten obtener tonos azules, y que esos conocimientos podrían servir para desarrollar nuevos colores en las guardas de vicuña.

Además, comentó que durante la visita observaron otras formas de las prendas y que “todo eso lo vamos a tener en cuenta para hacer sin dejar de hacer nunca los ponchos, son las prendas tradicionales nuestras que nunca podemos olvidar de eso”.

Por su parte, Mauro Gutiérrez destacó que el intercambio permitió conocer otros métodos para trabajar con tintes naturales y mejorar la planificación del proceso productivo. Indicó que en Francia cada proporción de tintes se calcula con precisión, mientras que en los talleres artesanales muchas veces esas cantidades se determinan por experiencia. "Ellos tienen todo calculado porque son una fábrica, en cambio nosotros hacemos calculando a ojo", explicó.

Yamil Gutiérrez representó a Catamarca en dos encuentros internacionales. En 2024 participó en Italia de actividades organizadas por la Ruta del Telar, donde presentó los tejidos catamarqueños en un instituto internacional de diseño y visitó las fábricas textiles Loro Piana y Piacenza. El artesano señaló que uno de los aspectos que más llamó la atención fue la calidad de la fibra de vicuña de Catamarca. Explicó que, en comparación con la proveniente de Perú y Bolivia, presenta un color más claro y una fibra más limpia.

Durante ese mismo viaje, algunas prendas fueron destinadas al Vaticano para ser entregadas al Papa junto con una carta. "Nunca me imaginé estar en Roma, ver al Papa en una misa", recordó.

En 2025, Gutiérrez viajó a Ecuador para participar en el Festival de Artesanías de América (FAAM), realizado en Cuenca. Allí presentó un pequeño telar con un tejido en damero para mostrar la técnica de elaboración. "Les pareció lindo todo, la vicuña, la suavidad que tiene. Les gustaron los diseños", señaló.

Dijo que le gusta más trabajar con fibra de vicuña por su valor y porque requiere un mayor nivel de atención durante el tejido. “Es muy delicada y por eso uno le pone más concentración, es como un reto, es más difícil y cuando es más difícil, mejor, y con el proceso del teñido también porque a veces no da el color exacto y puedo perder todo el material y tiempo”.

También explicó que los asistentes se sorprendieron al conocer que un poncho en damero puede demandar aproximadamente cinco meses de trabajo y que esa técnica, realizada en doble faz, es poco frecuente en otros países.

Tiempo, paciencia y máxima concentración

Mauro Gutiérrez señaló que tejer en telar criollo requiere práctica, interés y disposición para aprender. En relación con su dedicación al oficio, afirmó: “Yo en el telar estoy desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche y en verano me quedo de noche porque soy un enfermo de esto, me gusta, soy un apasionado”.

Gutiérrez dijo que “para tejer en telar criollo hay que tener ganas, paciencia y salud porque te exige mucho. Tenés que tener mucha fuerza en las manos para pegar el poncho para que quede bien apretado el tejido, más que nada para el tramado”. Además, señaló que su madre continúa tejiendo y expresó que “como muchas tejedoras en Belén van a tejer hasta su último día”.

Por su parte, Yamil Gutiérrez explicó que la confección de un poncho en damero (diseño similar a un tablero de ajedrez), demanda aproximadamente cinco meses de trabajo. Aseguró que durante ese tiempo es necesario mantener la atención para evitar errores en los hilos y en la combinación de colores. “Tenés que tener muy buena vista y muy concentrado para hacerlo, que no te vaya a fallar ningún hilo, ningún color porque te puede quedar un detalle y queda imperfecto”, afirmó.

Además, señaló que durante las etapas iniciales del tejido procura evitar interrupciones para mantener la atención en el proceso. “Me cuido del ruido para concentrarme por lo menos en los primeros pasos del proceso, lo que es el urdido, el deslizado porque ahí es donde hay que estar muy seguro, muy concentrado para que el diseño quede bien perfecto”, precisó.

Para Jaime Suárez, tejedor de Laguna Blanca (Belén), la enseñanza del tejido con fibra de vicuña requiere tiempo y paciencia tanto de quien enseña como de quien aprende. “Siempre hay que tener la paciencia y el tiempo para enseñar y tanto el otro, el que aprende también tiene que tener lo mismo. Más que todo paciencia porque es muy difícil aprender por primera vez, empezar por lo básico primero y después seguir”.

El chaku, de Catamarca a Ecuador

En Laguna Blanca y otras localidades del norte de Belén y Antofagasta de la Sierra, durante octubre y noviembre se realiza el chaku, una práctica sustentable que consiste en la captura, esquila y posterior liberación de vicuñas. Se trata de un ritual prehispánico que impulsan las comunidades del lugar para obtener la fibra para los tejidos y fundamentalmente, para preservar la población de vicuñas tras haber superado su riesgo de extinción.

Yamil Gutiérrez, el año pasado en el marco de su participación con la Ruta del Telar en el Festival de Artesanías de América (FAAM) celebrado en la ciudad de Cuenca, Ecuador, compartió en un taller para artesanos y autoridades de ese país, detalles de la práctica ancestral chaku con el propósito de que en el futuro puedan realizarla.

El tejedor contó que en Ecuador hay vicuñas, pero aclaró que están en riesgo de extinción debido a que su población es muy reducida y que, por ese motivo, los artesanos todavía no están autorizados a tejer con su fibra. Además, señaló que en ese país no conocían el chaku, por lo que ellos viajaron hasta allí y, durante un taller, les enseñaron el proceso que implica esta práctica.

“Durante la feria tuvimos un espacio donde hicimos, digamos, una demostración a directivos, artesanos de Ecuador, contamos todo lo que es el proceso la vicuña, los chaku, las esquilas, los encierros, porque en Ecuador están intentando eso, volver de nuevo a la producción de vicuña porque han quedado con muy poca población”, explicó.

Los tejedores

Jaime Suárez. Tejedor de Laguna Blanca, Belén

- En 2025: en la Fiesta del Poncho con 27 años obtuvo el 1° premio al Mejor Poncho por una pieza confeccionada 100% en fibra de vicuña, hilado y tejido íntegramente a mano en telar criollo durante un proceso de cinco meses, con un peso de 520 gramos y utilizando la técnica ancestral de "peinadillo".

- Reconocimientos Anuales: Como parte de la prestigiosa comunidad de tejedores de la Reserva de la Biosfera de Laguna Blanca, asiste regularmente al certamen provincial de la Fiesta del Poncho cosechando menciones y distinciones por la finura de sus hilados y el rescate de técnicas puneñas.

Mauro Gutiérrez. Tejedor de Londres, Belén

- En 2016 fue galardonado en la Fiesta del Poncho con el premio Artesano Revelación "Aldacira Flores de Andrada" por un poncho de oveja teñido con tintes naturales de algarrobo y nuez.

- En 2017, representó a Catamarca en Malasia en el Kuala Lumpur Craft Festival junto a su madre Graciela Salvatierra.

- En 2026 viajó a un intercambio de saberes con artesanos de la Ruta del Telar a un campus de diseño y moda de arte en París, Francia.

Yamil Gutiérrez. Tejedor de Londres, Belén

- En 2021: Obtiene el Premio Estímulo Joven Catamarqueño en la Fiesta del Poncho, galardón que busca impulsar y visibilizar a los nuevos talentos jóvenes.

- En 2024: Con 26 años fue el ganador del 1° premio adquisición al Mejor Poncho con su creación en fibra de vicuña que realizó con la técnica guarda atada, representando el Camino del Inca.

- En 2026: Reafirma su vigencia ganando el 1º Premio en el Rubro Fibra de Vicuña.

Texto: Romina Vera Berrondo - Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte

Fotos: Mario Folquer - Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte

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