Es interesante resaltar el modo en que Eusebio Ruzo se impone como el gobernador que sucede a Nicolás de Avellaneda y Tula, cuando este último renuncia ante el Alcalde de Primer Voto, cargo ocupado por Pío Isaac Acuña, tío materno de Ruzo. En la tarde del 29 de octubre de 1821, dos meses después de la declaración de la Autonomía, Avellaneda y Tula escribe una carta dirigida a “Mi Ruzo, mi querido compañero”, quien se encontraba en Tucumán en comisión asignada por el gobierno catamarqueño. En ella le relata el intento de derrocamiento por parte de la facción comandada por Feliciano de la Mota Botello, a quien llama “el tuerto Mota viejo”. Luego le dice que “esto es lo que ha pasado en mi tragedia” y le pide a Ruzo que regrese cuanto antes ya que “que lo necesito mucho” porque desea entregarle el gobierno “para que lo sirva y me ayude a llevar la cruz”.
En 1827, pocos meses antes de morir, Eusebio Gregorio Ruzo publicó un folleto en el que responde a denuncias de sus enemigos políticos. Entre esas denuncias se argumentaba que “Don Gregorio Ruzo que por mil títulos no era acreedor a la primera magistratura de la provincia de Catamarca en el año de 1822, se colocó en ella, a favor de una revolución ejecutada con infidencia…”. Allí se explaya Ruzo en las intenciones de Nicolás de Avellaneda y Tula en proponerlo como su sucesor. Relata que se sorprendió “al saber que el gobernador había partido para La Rioja en precipitada fuga nombrándome de voluntad propia jefe de la provincia”. En marzo de 1822, luego de renunciar y desde La Rioja, Avellaneda se refiere a Ruzo como “decente, humano, agradecido, y no creo que nunca nos corresponda mal” y agrega que “Yo tengo más gusto en que mande Ruzo”.
Hemos consultado una carta que Nicolás Avellaneda le escribe a Ruzo desde La Rioja el 13 de marzo de 1822, al día siguiente que su renuncia fue aceptada en Catamarca. Dice el encabezado: “Mi Ruzo y mi amado compañero” y acto seguido escribe: “no me juzgue Usted sin oírme”. Y le explica las peripecias del momento en que decidió marcharse de Catamarca: “Yo busqué aUsted la noche anterior a mi marcha para hablar con Usted instruirlo y dejarlo en el mando y convencerlo de la necesidad de mi marcha: no lo encontré: se me aseguró que mis émulos le habían convencido a Usted que lo quería prender y que haciéndome la injusticia de creer semejante sacrilegio político se había fugado para la Sierra”. Podemos ver lo valioso del contenido de esta carta ya que nos muestra los vínculos no tan claros ni sólidos que existían entre Eusebio Gregorio Ruzo y Nicolás de Avellaneda y Tula.
Sigue Avellaneda: “Lo busqué por la mañana sin quererme persuadir de semejante conducta y no se le encontró. En este estado no tuve otro temperamento que tomar para convencer a Usted y Gutiérrez, que sustituir el mando y marchar fuera de la provincia. Repito que se desimpresione de que lo haya creído de mala fe. Su ida con cautela me obligó a creer que le había hecho impresión el chisme de que yo lo prendía. Dígnese averiguar de dónde salió la voz”. Se refiere al ancasteño Manuel Antonio Gutiérrez, que será gobernador de Catamarca al suceder en el cargo a Eusebio Gregorio Ruzo.
Mientras tanto, en Catamarca, Ruzo rechaza su candidatura a gobernador, pero afirmó más tarde que “el pueblo se reunió y obtuve el voto uniforme de todos los concurrentes”. Y sugirió a los opositores que consulten las actas del Cabildo, donde estaba registrado el evento. Aun así, se resistía a acceder al poder hasta que aceptó cuando todos “unánimes juraron también olvidar sus resentimientos por consagrarse al bien del país”. Y se jacta Ruzo de haber contribuido a la organización y estabilidad política de Catamarca, cuando dice que “los gobernadores flotando a merced de la más simple circunstancia, se sucedían sin término”. En ese sentido, acierta Ruzo en sus afirmaciones, ya que durante su gobierno se organizó la primera Asamblea General, constituyente y legislativa. Ella dio a la provincia, el 11 de julio de 1823, su primer Reglamento Constitucional.
En un documento de 1822 se hace mención a que “la Casa Otomana trabaja incesantemente… Marcos, Gregorio, Boter… forman el cónclave secreto… ellos andan muy alegres, principalmente desde el arribo de Avellaneda a Chilecito…”. Claramente, la Casa Otomana hacía referencia a la facción liderada por Nicolás de Avellaneda y Tula, con sus cuñados Marcos y Gregorio González, y los Boter, vinculados también a la familia. En contraposición, el gobierno de Eusebio Gregorio Ruzo significó el predominio de otras familias que adscribían, para ese entonces, a la causa federal, como los Soria, los Correa, los Acuña, los Molina o los Figueroa, como lo demuestran los aportes de Segundo Edgardo Acuña.
Eusebio Gregorio Ruzo falleció el 23 de diciembre de 1827, a los 33 años, mientras desempeñaba su tercer mandato como “Gobernador y Capitán General de esta Provincia”, tal cual se lee en su partida de defunción. Fue enterrado en el cementerio del Convento de San Francisco de la ciudad de Catamarca, donde se encontraba la sepultura familiar.