nota de tapa

Damián Sánchez: con el tango en la sangre

Hijo del recordado “Puyuyo” Sánchez, Damián se considera “nacido en cuna de tango”. Deja su impronta en cada canción del 2x4.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 02:10

Con una voz que marca la madurez de su juventud, forjada con noches de escenarios, Damián Sánchez es más conocido como “Pichuco”. Lleva el apodo de un grande del tango y no por capricho. Su padre, Juan Carlos “Puyuyo” Sánchez fue uno de los impulsores de la movida del 2x4 en Catamarca y su hijo heredó esta pasión.

El pasado 11 de diciembre, se conmemoró el Día Nacional del Tango y en la provincia, las milongas se abren camino. Cada vez más personas, jóvenes y adultos, se animan a bailar, con cortes y quebradas. En una charla con Revista Express, el “Pichuco” catamarqueño contó su arte, entre el canto, la guitarra y el baile al ritmo de la música rioplatense.

“Me considero un artista del pueblo porque mi currículum me llevó a hacerlo. Canté en teatros pero me forjé como un cantor del pueblo, con guitarreadas, en festivales hasta llegar, con el tango, al punto cúlmine, en teatros y milongas, de manera más profesional. Empezamos en asados y terminamos en teatros. Me considero un embajador en mi provincia y un evangelizador tangueril para contagiar a todos la movida del tango y que se difunda más en Catamarca. Me sorprende al ver que la gente joven está tomando la posta y cada vez me sorprende más que sean los más jóvenes, que contagian a los demás. El tango siempre debe ser difundido para que llegue a la gente y a los jóvenes”, expresó.

Con poco más de dos décadas, con la guitarra y el canto, “Pichuco” también se animó al baile. Al mismo tiempo, considera que está en su mejor momento artístico. “Quizá, antes me sentía frustrado porque quería resurgir pero, si este es el momento, que sea ahora”, dijo.

Con el tango tuvo la oportunidad de presentarse, en dos ocasiones, en el Cine Teatro Catamarca. “La vida es para los valientes; es para arriesgarse. Me metí con un primer polizonte en el viaje a Venus, como dice ‘Balada para un loco’. En 2012, la Secretaría de Cultura de Catamarca tenía un Programa de Desarrollo Musical, con el famoso director de la Camerata Porteña de Buenos Aires Marcelo Rodríguez Scilla”, recordó. De esta manera, tuvo la oportunidad de pulir su talento. Llegó a los ensayos con su guitarra, dispuesto a aprender.

“Había muchos músicos y yo no tenía título; soy autodidacta. No soy perro de raza; soy ‘Callejero Alemán’. Le mostré mis versiones de tango y se sorprendió del conocimiento que tenía. Me invitó a ser parte y entré como coreuta. Estoy eternamente agradecido porque canté con él durante dos años, desde 2012 a 2014. Aprendí muchísimo de la profesión del músico, de llegar a horario e irse al último. La disciplina es importante en la carrera del músico y del cantante. Con la disciplina uno crece y se autocontrola. Me dio su espacio, acompañándome con sus músicos de Buenos Aires. Tuve el agrado de tocar con el maestro Luis Borgo, en guitarra, y el maestro Jorge Ruttmann, en bandoneón, con el gran Rodríguez Scilla, en piano”, detalló.

Como anécdota, comentó que entre sus compañeros había varios músicos con títulos y profesores. El maestro Rodríguez Scilla los corregía porque no estaban con la tónica que él pretendía, advirtió. “Estuve con miedo porque corregía a grandes y yo qué hacía… Tengo ese plus de haber nacido en cuna de tango y de haber escuchado las grabaciones de mi padre al maestro Troilo, al maestro Jorge Ardú, a Di Mare y a tantas orquestas. De tanto escuchar artistas, se saca la técnica y uno se empapa de su arte y de su magia. Eso se ve plasmado en mi guitarra”, aseguró.

Además, “Pichuco” tuvo la oportunidad de grabar un CD, en el estudio de grabación gestionado por el exvicegobernador Dalmacio Mera. Lo llamó “Una cita con el tango” y en este cantó varios temas, con impronta gardeliana y otros, con su propia versión. “El nombre del CD se debe al programa de radio de mi padre. Surgió en Radio Nacional, a finales de los años 70 y comienzos de los 90. Donde vaya, mi padre va a estar conmigo, en cada canción y en cada tango. Lo grato de la vida es llegar, saber quién fue tu padre y que todos coincidan en que fue una gran persona, con humildad. Fue para mí un prócer”, manifestó.

 

Presente y futuro

Hoy, su compañero de aventuras en milongas es el violinista Andrés Bizzotto. Además de cantar, su gran pasión es la viola. “La guitarra es mi compañera de vida. Una vez, alguien la bautizó “La Rosita”. Donde voy yo, va ella. Tengo mis versiones y hago arreglos. Mi guía es el maestro Rubén Juárez; es un capo. Lo tengo siempre presente, junto con “Pichuco” Troilo, en sus violines, para las composiciones que hago con base a mi guitarra. Me siento vivo como la primera vez que agarré la guitarra a los 16 años, sino no tocaría ni seguiría el camino del artista. Me encanta recrear piezas antiguas, de la década del 30. Los jóvenes se sorprenden. Me dicen que parece de hoy pero son de la década del 30, a mi versión. Me encargo de arreglarlo”, contó.

Para 2020, “Pichuco” anhela poder subirse al escenario mayor de la Fiesta del Poncho y brillar en la velada de tango. “Me gustaría realizar un espectáculo como dice el tango ´comme il fault´, es decir, como debe ser”.

Para convertirse en un artista completo, este año, comenzó a tomar clases de baile al ritmo del 2x4, con el profesor Wilson Leiva, quien conduce Tango Embrujo. “Me dice ‘che, Pichuco, tenés porte de bailarín. ¿Te animás a hacer tango escenario?’. Como no le tengo miedo a los desafíos, me vi bailando”, recordó.

Junto con la milonga, “Pichuco” y compañía forman “una movida ‘under’”. Entre todos se conocen. Aún así, cada vez que se encuentra fuera del circuito del tango, invita a los jóvenes a sumarse a esta movida “que crece de la mano de grandes bailarines como Leandro Espinoza y Diego Quinteros que tiene su academia de tango y brinda su servicio. Viviana Toledo lleva su ‘Yuyo Brujo’ por todas las plazas para contagiar a todos. El circuito del tango tal vez sea pequeño pero no es cerrado. Como dice el tango la edad que tengas, el tango te espera”, comentó.

 

 De familia

“El tango es mi ADN por mi padre. Es una herencia”, confesó. Su papá fue el famoso y legendario Juan Carlos “Puyuyo” Sánchez, “uno de los capos de la movida del tango en Catamarca. Vivió la época dorada del tango; promovió y difundió el tango hasta el último día”. “Puyuyo” tenía un programa de radio; organizaba milongas y traía a grandes artistas, como a su amigo Edmundo Rivero, a Alberto Castillo, a Argentino Luna, Chiqui Pereyra y a Virginia Luque; todos ellos pasaron varios por Catamarca.

“Estas visitas a Catamarca fueron por gestión de mi viejo. Cuando era niño, tenía cinco años, veía a mi mamá con platos de comida, de aquí para allá porque mi papá los albergaba. En ese tiempo, no había una movida hotelera para bancar este tipo de actividades. Sin embargo, mi viejo traía a las orquestas y los bancaba en su casa. Todo a pulmón. No me olvido a mi viejo animando y mi madre cortando boletas en la entrada”, recordó.

Sobre su apodo, comentó que su padre lo bautizó “Pichuquín”, un diminutivo de “Pichuco” pero, al crecer, sus amigos comenzaron a llamar como al maestro del blanco bandoneón. Así quedó “Pichuco”. “Se hizo conocido por todos. Es el apodo que me puso mi padre y con ese apodo vamos a seguir a donde vamos. Carmelo Aníbal “Pichuco” Troilo fue el ‘Gran Bandoneón de Buenos Aires’. Tengo el honor de llevar ese apodo. Hace poco tuve la oportunidad de ir al Festival Nacional del Tango, en Chamical, La Rioja, donde nació el tango Caminito. Qué más que escuchar tu nombre por Silvio Soldán. Estrenamos el apodo a nivel nacional. Cuando vio mi apodo, se sorprendió; hizo una gran introducción, recordando al gran Aníbal Troilo”, dijo.

Además, su padre hizo dejó otra importante huella. Fue el encargado de gestionar el nombre de la plaza del populoso barrio La Tablada. Este espacio verde fue bautizado con el nombre ‘Carlos Gardel’. “Tengo los recortes de los diarios. Mi viejo le hizo un tributo al Zorzal Criollo en Catamarca”, aseguró.

Como el tango es una cuestión de ADN y una herencia de familia, sus hijos hacen honor. Su hija se llama Malena y su hijo Juanjo. “Malena” es un tango popular y Roberto “El Polaco” Goyeneche cantó una versión acompañado por Juanjo Domínguez, quien se lució con su solo de guitarra. De esta manera, Malena siempre está acompañada por Juanjo.

“El 80 % de mi familia vive en Buenos Aires y siempre digo que mi casa fue la embajada. El tango siempre está presente. El argentino, desde que nace, lleva en su ADN el tango. Podemos escuchar danzas importadas pero el tango siempre te espera y te va a esperar siempre, hasta que te decidas. Es tiempo y es hora de convencernos y usar nuestro traje”, comentó con entusiasmo.

 

Fotos: Ariel Pacheco

 

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