Análisis

Pensando la salida III

Por Marcelo Altamirano (*) - Especial para El Ancasti
lunes, 18 de mayo de 2020 · 10:43

Todo es relativo, la verdad, la razón e incluso el tiempo, cuya relatividad fue resumida por el genial Luthiers Marcos Mundstock: “la duración de un minuto depende de qué lado de la puerta del baño estemos”.

Entrar en un terreno complejo y sorprendente, requiere de altas dosis de objetividad que la mayoría de las veces no está disponible. La interpelación a la sociedad es uno de esos temas, donde nada de lo que digamos es generalizable al extremo de validez universal y por ello esta advertencia. Todo es relativo.

Vamos saliendo de la cuarentena y ello no significa que el virus este vencido; los contagios continuarán, más allá de la vacuna o la inmunidad de rebaño según cómo se resuelva, si vía el mercado o vía el Estado, lo cierto es que a partir de ahora resultará más difícil arribar a consensos.

El hilo de esta saga conduce en esta tercera entrega, al abordaje de tres puntos de partida para el intento de responder a las preguntas que nos hacíamos a modo de cliffhanger en el capítulo anterior.

El capitalismo, como expresión de la propiedad privada de los medios de producción, y de la valoración de la acción individual maximizadora de beneficios como origen del bienestar general, seguirá allí sin que lo hayan afectado, ni el virus, ni la legión de espías cubanos en búsqueda de la fórmula del dulce de leche, ni por ser sostenido por las marchas anti comunistas en defensa de la tradición, la familia y la propiedad. Estará allí porque en ningún momento estuvo en discusión, ni antes ni durante la pandemia, es la manera en la que se organiza el sistema productivo en el mundo, y si hay quienes piensan que el capitalismo transita sus últimos pasos producto de la pandemia, tendrán que ponerse en la larga fila de agoreros progresistas. Abstenerse quien crea que este párrafo es un juicio de valor, es un dato, así como lo es la ineficacia del mercado como mecanismo de asignación de los recursos. El capitalismo como mecanismo sigue y probablemente más furioso, aunque se le vean las arrugas.

La Democracia, como proceso de legitimación de los actos públicos muestra, tras la crisis, heridas más profundas, que vienen desde lejos enancadas en el descrédito de la clase política, una clase que tiene origen en la misma sociedad que aplaude a los trabajadores de la salud a la par que los estigmatiza en el anonimato de un cartel colgado en un ascensor. Nadie está dispuesto a creer en la independencia de poderes; una gran mayoría calcula como inconmensurable el “gasto político” y como normal la especulación financiera a costa del gobierno. En esta dimensión siempre está la duda sobre el concepto que tenemos los argentinos de la participación ciudadana. Resolver esto es crucial, aunque parezca que mucho no se puede hacer. La democracia, es evidente, no sigue a su etimología, pero es “el método” que tenemos al final de la jornada.

El Estado debe ser concebido como una institución resultante del acuerdo social, es decir que es el terreno donde se libra la discusión central y como se resuelva es lo que será. La pandemia puso en evidencia que en nuestro país ese acuerdo, no importa porque razones, no representa a las mayorías. El Estado está ausente en la provisión de bienes tales como la ciencia y la tecnología, la salud, la regulación del mercado, la provisión de justicia, etc. Por otra parte, es un comprador bobo de bienes y servicios y un observador miope de la realidad, a pesar de todo ello sigue teniendo un poder fenomenal y por lo tanto es punto de acumulación y codicia. Resulta fundamental la reedición del contrato social de base con el horizonte de un nuevo Estado de bienestar.

La pandemia, como cualquier otro catalizador, ha puesto en evidencia que la cuestión central en la economía es la distribución de los recursos, de la riqueza y de las responsabilidades. Tal vez sea hora que la sociedad asuma que las desigualdades no tienen su origen en un proceso natural, que son el resultado de la acción humana y que esa acción humana las puede revertir.

(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.

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