El responsable de la empresa constructora del Estadio Bicentenario, Benjamín Capdevila, cuestionó la opinión del Ministerio de Obras Públicas, que ya contempla la posibilidad de la demolición parcial de la obra para avanzar en una solución. Consideró "un disparate" la decisión y aseguró que la empresa advirtió en 2012 que se darían los desplazamientos en las tribunas. "Nunca le dieron importancia, no hicieron nada para arreglarlo e incluso empeoraron la situación", disparó. Además, explicó que el proyecto tenía errores que se debieron corregir sobre la marcha durante la construcción.
"Había fallas de tal magnitud que el suelo previsto para contener las gradas construidas sobre terraplén no tenía la sustentabilidad necesaria, era imposible de construir. Contratamos a un especialista que nos dijo que hiciéramos un pedraplén, y la Provincia estuvo de acuerdo. Durante el desarrollo de la obra, el Gobierno se dio cuenta de que el proyecto no tenía los accesos adecuados, que no cumplía con las normas de seguridad y tuvimos que romper una parte del terraplén ya construido y poner muros para contener lo que el terraplén sostenía en los extremos. Era una solución arriesgada porque se podían desestabilizar otras partes", explicó el empresario en Radio Valle Viejo.
En este sentido, relató que cuando se produjo el cambio de gobierno comenzó una serie de desatenciones del contrato. "Nos acercamos al ministro (por Rubén Dusso) para plantearle todos los problemas que tenía el Estadio y también le remarcamos las posibles fallas que se podían producir porque fueron observándose durante la obra. No tuvimos buena recepción, no le dio mayor importancia", dijo.
Ante esa situación, explicó que hicieron una presentación donde marcaron todos los defectos técnicos y administrativos, en 2012. "Sabíamos que estos problemas podían producirse. Hicimos participar a la Universidad de Rosario, y ya en ese entonces determinaron que las estructuras que estaban en contacto con los terraplenes sufren desplazamientos previsibles. Esas grietas y rajaduras que se ven son previsibles. Pero al ser piezas prefabricadas, se tiene que acomodar el suelo y volver a ponerlas. Lo de la basura en los terraplenes es otra falacia. Se basan en una foto de una botella en el medio de 120.000 metros cúbicos, no tiene ninguna incidencia, es un descuido. Rellenar con basura hubiera sido más costoso que usar los materiales que nos daba el terreno", explicó.
Capdevila aseguró que se hace cargo de la parte que le corresponde, pero dijo que también deben hacerse cargo los encargados del proyecto, los encargados de las inspecciones, los ministros de las áreas. "En agosto 2012 el Gobierno emitió un decreto en el que se hicieron cargo de la obra y no nos dejaron intervenir más. Mientras nosotros estuvimos a cargo, hacíamos reparaciones. Si uno ve las fotos, ve que el mayor deterioro es en la zona adyacente al muro. Eso se hizo con posterioridad, ahí se producían hundimientos que íbamos reparando de a poco para estabilizarlo, pero eso se interrumpió cuando nos quitaron la obra. Y la Provincia no hizo nada", expresó.
Sobre esto, dijo que fue un error retirar las butacas de las tribunas. "Lo hicieron para multiplicar por cuatro la capacidad y eso tuvo consecuencias directas, se produjeron más daños", dijo. "El Gobierno estuvo seis años sin hacer nada y todavía lo muestran como si no tuvieran ninguna responsabilidad. Nosotros nunca quisimos abandonar la obra, ellos nunca resolvieron nuestros planteos. El fiscal de Estado dice que esto se soluciona haciendo un estadio nuevo. Eso es un disparate, totalmente fuera de la realidad. Se montan sobre una interpretación antojadiza y conveniente por algún motivo. Una cifra como esa de los $260 millones no tiene nada que ver", opinó.