Tres peruanos fueron condenados a 18 años de prisión por abuso
El lugar donde ocurrió el hecho.
El domingo 14 de abril de 2024 por la noche, una mujer de 22 años oriunda de la zona sur del Conurbano llegó a un departamento en la calle Larrea al 300, zona de Once. Tres hombres oriundos de Perú, a los que conocía por medio de un amigo y compañero de trabajo, la habían invitado allí para beber unas cervezas. Sus anfitriones se dedicaban, sabía ella, al negocio de los taxis en La Salada. Un cuarto se sumaría poco después. Eran parientes entre sí. No conocía sus apellidos. Los sabría tiempo después: eran hermanos entre sí, medios hermanos, primos, los Acosta Chapoñan.
Allí, bebieron. Luego, hubo cocaína, servida en un plato blanco sobre una mesa ratona, cortada y delineada con una tarjeta magnética de un local de juegos para chicos. Luego, la violaron durante ocho horas, uno por uno. Se turnaron para forzarse sobre ella en la habitación, luego en el baño, en uno de los abusos grupales más grotescos y denigrantes de la historia reciente. Las recargas en la mesita ratona se repitieron a lo largo de la noche. La víctima rogó por auxilio. En un descuido de sus captores, posteó una historia en su estado de WhatsApp. Un amigo la vio. Ese amigo llamó de inmediato a la Policía de la Ciudad. La víctima, en tanto, logró escapar hacia la calle Larrea.
Así, comenzó una investigación a cargo de la fiscal Mónica Cuñarro, que ordenó pericias, relevos de cámaras. El testimonio de la víctima, sumamente detallado, fue considerado una prueba de altísimo valor. Incluso, logró el arresto en Perú de uno de los hermanos, que escapó días después del hecho y fue extraditado. Ayer, más de dos años después, los depravados fueron condenados a 18 años de prisión cada uno.
El jueves el Tribunal N°22 con el magistrado Sergio Paduczak dictó las penas para Florentino, Yoel, Fermín y Edddinson Acosta Chapoñan, con una acusación a cargo de la fiscal María de los Ángeles Gutiérrez. Los delitos fueorn: privación ilegal de la libertad personal agravada por amenazas, en concurso real con abuso sexual agravado por acceso carnal y por la intervención de dos o más personas, todo agravado por el uso de drogas para cometer las violaciones.