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ABRIÓ EL DEBATE POR EL CRIMEN DE LA OFRENDA A SAN LA MUERTE

Acusado por “homicidio doblemente agravado”, en silencio

En julio de 2020, Petrona Cristina Centeno (77) fue asesinada con más de 40 puñaladas, en la Villa de Pomán.
13 de agosto de 2021 - 01:07 Por Redacción El Ancasti

Lo que había empezado con un pacto de sangre y un cóctel de sustancias, con alcohol y pastillas, terminó en brutal crimen. Petrona Cristina Centeno (77) fue asesinada a sangre fría, el martes 7 de julio del año pasado, en la Villa de Pomán. Por este hecho, Lucas Carrizo fue imputado por el delito de  “homicidio doblemente calificado por criminis causa y ensañamiento”, que prevé la pena máxima, prisión perpetua. 

Ayer inició el debate en la Cámara Penal de Primera Nominación. El Tribunal está integrado por los jueces Fernando Esteban, Carlos Moreno y Mauricio Navarro Foressi. El Ministerio Público Fiscal es representado por el fiscal de la Cámara Penal de Segunda Nominación Gustavo Bergesio –quien subroga-. La defensa es ejercida por el abogado del foro local Víctor García. 
El cadáver de la mujer fue hallado en horas del mediodía. Según los resultados de la autopsia, había sido ejecutada con un cuchillo tipo Tramontina, con puntazos a la altura del corazón y en la nuca. Los peritos coincidieron al informar que el cuerpo presentaba entre 40 y 50 puntazos, realizados con saña. En el banquillo de los acusados, el joven se mantuvo en silencio. Solamente recordó que vivía de “changas” y que en el Penal está terminando. 

Sin embargo, durante la investigación, ante la fiscal Soledad Carrizo de la Segunda Circunscripción Judicial, Carrizo había confesado el crimen. En aquella oportunidad, había recordado que, dos días antes del crimen, el domingo, comenzó a tomar bebidas alcohólicas. “El lunes tenía que ir a ‘changuear’ y no fui. Me levanté rebelde, como a las 8. Saqué una botella de nafta de la moto de mi mamá y me fui al campo. Busqué una bolsa y un pedazo de colchón y me quedé sentado solo jalando hasta el mediodía”. Luego, volvió a su casa y “tenía ganas de escabiar”.  Vendió algunas de sus pertenencias y comenzó a tomar cerveza, hasta las 16. Luego, se fue a la casa de un familiar y siguió tomando vino. 

Casi a las 19, se dirigió a la casa de su abuela. Allí, merendó y pidió que le diera una cuchilla. Su tío le prestó una bicicleta para que volviera a su casa. En el camino, se detuvo y volvió “a jalar”. Se quedó dormido en el fondo de su casa y se despertó casi a medianoche. Se levantó y se dirigió a la casa de un amigo. “Yo iba por la calle ‘bolseando’. Cuando llego, tiro la bolsa y estaban los changos ahí. Estaban tomando vino con gaseosa. Me puse a tomar vino y a escuchar música”, contó.

En ese encuentro con amigos, con música de “Pibes chorros” de fondo, circulaban algunas pastillas. El joven estaba tomando solo. “Ya estaba amaneciendo (…) y al despedirme le dije (a su amigo) que estaba decidido a matar, que ya no quería seguir estando”, expresó.

Luego, Carrizo comenzó a seguir a sus amigos y se detuvo en la puerta de Petrona. Aseguró que no la conocía, aunque siempre pasaba por su casa y la veía. El joven estaba con uno de sus amigos. “Entro a buscar para abrir la puerta y encuentro un machete. Hago palanca. Cuando entramos, la señora estaba sentada en la cama. Entramos a ‘revolear’, a buscas y la señora reconoció a mi amigo y le decía ‘por favor’. Yo voy y le meto dos puntazos. Le digo ‘ya está, ya no te conoce’. El loco se puso a tiritar nervioso. Se quería ir y yo le decía que se quede, que prendamos fuego la casa”, detalló.

Carrizo se apropió de dos monederos. En medio de esa situación, la mujer aún estaba con vida. Ella comenzó a arrastrarse por el comedor. Carrizo intentó prender fuego, pero no lo logró. Le pidió a su amigo que buscara alcohol, pero se había marchado. El joven Carrizo empezó a apuñalar a la mujer que se encontraba en el suelo. 

“Estuve 10 minutos esperando. El loco no volvió; me dejó regalado. Salí como si nada; cerré la puerta. Me metí por el callejón  para abajo. En una mano llevaba el cuchillo y el machete y con la otra mano llevaba el botellón que iba chupando”, declaró. 

El pacto

Pasado el crimen, el joven había escondido algunos elementos. “Dije que ya cumplí; lo dije tres veces. Esto por un trato que tenía con San La Muerte. Me pongo a jalar hasta las 9. Estaba pinchando el sol. Me voy caminando para mi casa, tranquilo. Estaba consciente de lo que estaba haciendo. Llego a casa y me acuesto a dormir”, aseguró. 

De acuerdo con su relato, desde marzo venía pensando en este “trato”. A la vez, desvinculó a su amigo y remarcó que él fue a “reventar la puerta”.

“En una oportunidad, él me habló de Dios y yo le dije ‘loco, ya está’ y saqué una punta. Yo ahora no siento nada ni tristeza”, había manifestado.   

Finalizada la primera audiencia y tras el silencio del acusado, el Tribunal pasó a un cuarto intermedio. El debate se reanuda el viernes de la próxima semana.

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