Ana María Pérez Cabrera hoy se sentará por última vez en el banquillo de los acusados de la Cámara Penal de Segunda Nominación. Después de seis días de cuarto intermedio se reanuda el debate en su contra. Debe responder por la muerte de Gastón Vega, su pareja. La siesta del 15 de octubre de 2016 Ana María y Gastón habían tenido una discusión y luego pasaron a las manos. Ana María tomó una botella de alcohol, lo roció y le prendió fuego. “Yo quería asustarlo, que se vaya, que deje de pegarme”, había declarado entre lágrimas.
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Se conocerá el veredicto para Ana María Pérez Cabrera
Ana María podrá expresar su última palabra y luego los jueces Jorge Álvarez Morales, Rodolfo Bustamante y Luis Guillamondegui pasarán a deliberar el veredicto.
Sobre ella pesa la imputación por “homicidio agravado por el vínculo” y el fiscal Gustavo Bergesio pidió la única pena que le cabe a tal acusación: “prisión perpetua”. “No existió un accidente… no se puede rociar a una personas por error. Esto no es defensa propia. Es agresión lisa y llana”, remarcó.
Al mismo tiempo, advirtió que en ese momento no estaba en peligro su vida ni la de sus hijas ni tampoco sus bienes. El fiscal reconoció que la prisión prevista para tal imputación es la única sanción posible “aunque sea durísima”.
A su turno, Jonathan Rasjido pidió, como acción civil, un resarcimiento económico de $4.700.000 en concepto de daño material. También indicó que la acusada había preparado o imaginado una represalia para su pareja.
"Sabía donde se encontraba el alcohol y que tenía el encendedor que usaba para cocinar en su trabajo. Todo el tiempo estuvo pensando en ese accionar”, aseveró. Además, habida cuenta que se comprobó la relación de pareja y las dificultades que había, el abogado consideró que “la solución para ella pudo haber sido otra: separarse y romper la relación”.
Para el querellante, la acusada mostró menosprecio por la vida de Gastón Vega. “Intentó valerse de la relación conflictiva para escudarse”, remarcó y pidió que el Tribunal desestime las cuatro denuncias por violencia que la acusada había realizado por considerar que se trata de pocas.
Por su parte, Iván Sarquís, el abogado defensor, puso énfasis en la legislación internacional, como la Convención de Belem Do Pará, y nacional sobre la erradicación de la violencia contra la mujer.
“Hubo hechos de violencia, consuetudinarios y acreditados”, indicó. Tales hechos fueron denunciados en su momento. “Quedó demostrado el derrotero que tuvo con su marido. Ana María es víctima de violencia de género. Denunció a su pareja en cuatro oportunidades, hasta que dejó de denunciar. Ana María, con este caso, es un fiel ejemplo de la incapacidad del Estado de brindar, ante la problemática de violencia de género, una respuesta oportuna, adecuada, que permita a las mujeres, a las víctimas, salir de esta situación. Esa incapacidad del Estado nos llevó a esta situación donde hoy es el mismo Estado, que en su momento no supo dar una respuesta, quien tiene que definir si Ana María va al encierro de por vida. Eso nos parece injusto”, expresó.
Sarquís indicó que su defendida ese día, una vez más, fue víctima de una agresión; fotos e informes así lo acreditan, destacó. Insistió en que fue su pareja quien ejerció violencia sobre ella.
Una de las denuncias, recordó, data de 2014 y aclaró que, en los dos años siguientes, la violencia no cesó. “¿Es extraño que una mujer retire una denuncia por violencia de género? No. ¿Va a ser una condena la respuesta del Estado hacia esta problemática?”, cuestionó.
El defensor precisó que Ana María sabía que su pareja le iba a pegar porque llegaba tarde. “Tenía un menú de posibilidades de elementos mucho más contundentes y de mayor peso y peligrosos para la integridad de la persona que la estaba atacando en ese momento. Sin embargo, ella dijo que tomó lo primero que tenía. Eso echa por tierra la premeditación del hecho. La botella con tapa puesta y apretada condice con sus dichos, cuando Ana María dice ‘le rocié con alcohol’. Creemos que no hubo intención de causarle la muerte, tuvo otras opciones para acabar con la vida de su compañero. De hecho, Ana María pidió auxilio”, resaltó.
Sarquís pidió para su cliente la absolución y, en caso de ser condenada, pidió que la pena sea cumplida una vez que el fallo quede firme.
Actualmente, Ana María Pérez Cabrera se encuentra con prisión preventiva pero bajo la modalidad domiciliaria. La acusada es madre de dos niñas pequeñas que había tenido con Gastón Vega.
Testigo
Stella Maris Álvarez, una trabajadora social de la Unidad Especial de Violencia Familiar y de Género, contó que había trabajado en un informe socio-ambiental y que luego concluyó en que se trató de un “grupo familiar conflictivo”. La trabajadora social recordó que Pérez Cabrera le confesó “yo hice denuncias” pero admitió que no aseveró si estaban radicadas en sede judicial.
La tarde que puso fin a la violencia
El 15 de octubre de 2015 a la siesta se produjo la tragedia en la casa de la familia Vega, en el barrio Los Médanos, en la zona sur de la Capital. “Esa mañana fui a trabajar y cuando volvía lo hacía con miedo porque iba un poco tarde a lo acostumbrado, ya que como al otro día era el día de la madre hubo más trabajo en la sandwichería (en la que trabajaba)”. Ante preguntas del fiscal, contó que tenía dos trabajos en el lugar mencionado y cuidando personas mayores.
También dijo que si llegaba tarde recibía golpizas. “Cuando llegue él estaba en la casa y me preguntó si había cobrado y que le diera plata, no le di plata y ahí se enojó y empezó a empujarme. Él me quería matar”, detalló la mujer.
Ante preguntas del tribunal contó que su pareja la tomó por la espalda, que ella gritó por ayuda y apareció la madre de él, pero no hizo nada. “Me fui a la habitación, estaba con mi hija más pequeña en la cama y él entró y siguió insistiendo con la plata. Allí me empuja y mi hija se cayó al suelo. Yo la levanto y la pongo en la cama y él continuaba empujándome, tenía una piedra en la mano y me dijo ‘de acá no vas a salir viva’. Ahí agarré sin mirar una botella de alcohol y se la tiré y después tomé un encendedor y lo amenacé, él nunca retrocedió, yo solo quería asustarlo, que se vaya y que no me siga pegando. Pero él me agarró la mano y me golpeó y ahí lo veo en llamas. Fue un segundo", recalcó.