LOS DOS SUJETOS protagonizaron AL MENOS 20 HECHOS

Estafadores de varios ancianos cayeron tras pedir delivery

Se hicieron de un botín de U$S 1.000.000. El departamento en donde estaban fue comprado en junio.
lunes, 20 de agosto de 2018 · 04:03

BUENOS AIRES- No lo sabían, pero la decisión de pedir la cena por teléfono fue lo que los llevó tras las rejas. Franco Toral y Lucas Roa no llegaron a comer las milanesas napolitanas y empanadas que habían encargado en un local del centro de San Fernando. Poco después de que se fuera el chico del delivery, una comisión de detectives de la Policía bonaerense irrumpió en el departamento que habían comprado 35 días atrás con parte del millonario botín amasado al estafar a jubilados con el viejo y redituable "cuento del tío".

Días pasados Toral, de 25 años, y Roa, de 19, quedaron detenidos, esposados en el living del 2° B de un edificio situado en Juan Domingo Perón al 1.100. Lo habían comprado por U$S120.000 a fines de junio.

Los imputados no sabían que el teléfono celular de uno de ellos estaba intervenido. Los detectives policiales consiguieron la línea telefónica usada por Toral cuando, por tareas de investigación, descubrieron que se hacía un tratamiento contra el acné en una clínica sobre la avenida del Libertador, en Acassuso, en San Isidro. Había dejado como contacto su número verdadero. Fue un dato clave para los investigadores.

Toral, conocido con el apodo de "Cuty", y Roa, que hasta esta causa no tenían antecedentes penales, son dos de los tres detenidos de la banda conocida como Cara de nene. Están acusados de haber protagonizado al menos 20 estafas en la zona norte del conurbano y de integrar una asociación ilícita. Se estima que se hicieron de un botín de U$S 1.000.000 estafando a jubilados.

Las víctimas eran engañadas y les entregaban a los sospechosos sus ahorros ante el miedo de un corralito financiero como ocurrió en la crisis de 2001. En un solo hecho le sacaron a un hombre, vecino de Olivos, U$S 300.000. Según fuentes judiciales, en cada hecho hubo una inteligencia previa. Una vez que conseguían datos sobre las familias de las potenciales víctimas, los delincuentes se hacían pasar por amigos de sus nietos y los llevaban a los bancos donde tenían sus ahorros para "cambiar los billetes".

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