Soledad –nombre ficticio para resguardarla a ella y a su familia- tiene 34 años y es madre de siete hijos. Las edades van de los 2 a los 16 años. Llamó angustiada a El Ancasti para pedir ayuda. Aseguró ser víctima de violencia de género, tanto física como económica.
La primera denuncia la realizó en 2013. Su pareja y padre de sus siete hijos la había golpeado. "Era muy celoso y no me dejaba ir a trabajar. Él no me pasa dinero”, contó.
Pese a esta situación, indicó que su principal necesidad es una vivienda. Recordó que está inscripta en el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) desde hace siete años. Hoy, Soledad y sus siete hijos viven en una casa que es herencia de su pareja, compartida entre tres hermanos. El inmueble no estaría en óptimas condiciones. "Corremos peligro por las instalaciones eléctricas”, señaló.
También tiene dos hijos con historia clínica. Uno tiene lipotimia muscular –debilidad en los músculos- y otro padece de mutismo selectivo, un trastorno de ansiedad infantil. Los niños afectados, en determinados contextos o circunstancias, pueden llegar a inhibirse de manera tal que parecen mudos. "Él tiene trabajo y obra social pero no cubre a sus hijos”, contó.
La última denuncia la realizó el lunes pasado porque este señor no cumple con las restricciones que se le impusieron. "El año pasado debió salir de la casa y me quedé con los hijos pero él no obedece las restricciones”, aseguró.
Los celos serían el motor disparador de la violencia. Además de las prohibiciones, Soledad fue golpeada en más de una ocasión. "En 2015 casi me mató. Por celos, me golpeó en la cabeza. Fue un viernes y me encontraron el sábado. Me buscaban y no me encontraban. Pensaron que estaba muerta. Al día siguiente del golpe me desperté", recordó.
En cuatro años realizó varias denuncias pero Soledad aseveró que jamás tuvo respuesta. Ningún fiscal habría intervenido de acuerdo con su testimonio. Una de sus preocupaciones es que nadie controla que cumpla con las restricciones impuestas.
Tipos de violenciaLa violencia de género puede ser ejercida bajo distintas modalidades. La más conocida es la física pero también puede ser psicológica, sexual, ginecológica, patrimonial y económica. La violencia patrimonial se manifiesta en la transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer necesidades. La violencia económica es la acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima.