sábado 4 de abril de 2026
contó los detalles de aquella fatídica noche

Emotiva carta de José Castiglione sobre la tragedia de El Rodeo

La familia aún busca a Carolina Sal, quien desapareció durante el alud de ese 23 de enero de 2014.

Por Redacción El Ancasti
José Eugenio Castiglione, pariente de personas que fallecieron a causa del trágico alud en El Rodeo en enero del año pasado, realizó una carta que se difundió por las redes sociales, donde describe lo sufrido aquella jornada.

"No lo sabíamos aún, pero en ese momento por el centro mismo de El Rodeo, piedras gigantes rodaban con el lodo y el agua enfurecida arrastrándolo todo a su paso; y el ensordecedor choque entre ellas provocaba una vibración del suelo que se sentía como un temblor en todo el pueblo", inició. 

"Sin imaginarnos el horror, decidimos acercarnos por curiosidad; para "ver la creciente”. Con mi hermano Juan llegamos enseguida al mástil. Allí había destrucción y desolación. Una gruesa capa de barro cubría completamente toda la zona. Rostros de gente perdida deambulaban con angustia. Se escuchaban gritos y llantos. Había gente mojada, hipotérmica, sin un lugar a donde ir; mirándose entre ellos sin encontrar una explicación. Gente que corría. No había luz eléctrica y la oscuridad de la noche se alternaba con los permanentes relámpagos", añadió.

"En vano trataba de buscar la casa de mi tío Julio César. Ya nada se veía como antes, y hacia esa dirección solo se observaba un extraño mar de piedras enormes y lodo. Desde la oscuridad del sector de Villafáñez corría hacia nosotros gente que huía de ese río embravecido. Llevaban consigo lo que podían. Todo era caos, desorden, angustia, desconsuelo y desolación absolutos", resumió Castiglione.

"Repentinamente, una voz de desesperación me llamó por mi nombre desde atrás. Me volví hacia ella y vi a mi prima, Eugenia. Estaba cubierta de barro y mojada. Era difícil reconocer su rostro, detrás del lodo que lo cubría. -"Pepe, me falta mi hija Caro, me falta mi madre, me falta Mari…”; me decía con desesperación. Cuando rescatamos a mi tío, toqué sus pies y le pregunté cómo estaba él: - "Yo estoy muy bien, pero me falta mi esposa, la Mari, mi nieta…”. ¡Qué difícil se me hacía escucharlo! ¡Qué impotente me sentí esa noche! ¡Dios mío!", detalló.

"La familia Sal Castiglione acababa de perder horas atrás a tres de sus integrantes arrastrados por el río. Una de esas pérdidas –particularmente trágica por la edad de la joven víctima- era una hermana de Gonzalo. ¡Qué difícil volcar en palabras lo que aquella noche vivimos a cada instante! Por mi profesión de soldado, me ha tocado presenciar experiencias muy traumáticas, como la guerra. Es por eso que hoy siento cierta seguridad al afirmar que la vivencia de quienes debieron atravesar el horror de esa noche en El Rodeo fue más traumática que la guerra. Una familia apaciblemente cenaba en su hogar, con sus hijos, los abuelos, la tía…; y -de repente- el río rompe las paredes de la casa e irrumpe corriendo por dentro con bravura. Cuando bajan las aguas, algunos están allí. Otros ya no están. A mi prima le falta su madre, su hermana y su hija. A mi tío –octogenario- se le escapó de sus propias manos su esposa de toda su vida. A los chicos les falta su querida hermana. Al padre la falta su hija, a la que vio irse con la corriente. Cuando un soldado va a la guerra, sabe que puede ver el horror y se prepara para todo ello desde lo psicológico a lo físico. Pero una familia que cenaba unida, grandes y chicos, abuelos y nietos, padres e hijos ¿puede sobrellevar con naturalidad tanto horror? Esa noche quedó muy fuertemente grabada en mi memoria, y allí quedará", finalizó Castiglione.
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