En la escalada de maniobras tendientes a sacar provecho faccioso del desempeño de la Scaloneta capitaneada por Lionel Messi, la AFA emitió un comunicado oficial que tituló “El fútbol argentino, un activo estratégico de la Nación”.
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Un valioso activo estratégico
Que deba señalarse esto es un indicio del grado de enajenación y ombliguismo de la dirigencia política argentina. A nadie escapa que la AFA es presidida por Claudio “Chiqui” Tapia, que forma parte de esa dirigencia y tiene sus propios intereses, pero tal detalle no resta un ápice de sensatez y oportunidad al pronunciamiento. Se trata de una obviedad sepultada por la toxicidad del ecosistema político nacional, que irrumpió mientras se desplegaban los proverbiales manoseos de tirios y troyanos criollos en torno a la exhibición de la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” por parte del Seleccionado en Atlanta, tras la épica victoria sobre Inglaterra y la clasificación a la final que disputará hoy contra España.
El documento, impecable, señala la gravitación alcanzada por el fútbol argentino en el terreno de lo que se conoce como “poder blando: la capacidad de un país para influir, acercar posiciones y construir vínculos a través de su cultura, sus valores y sus símbolos”.
“Pocos activos argentinos expresan ese poder con tanta fuerza como el fútbol. La camiseta albiceleste abre puertas donde muchas veces no llegan los discursos. Genera respeto donde antes había desconocimiento. Despierta admiración en millones de personas que encuentran en la Argentina una referencia de talento, pasión, creatividad y superación”, subrayó la AFA.
“No es casualidad –siguió- que en cualquier rincón del planeta la palabra ‘Argentina’ encuentre inmediatamente una asociación con el fútbol. Maradona, Messi, la Selección, los campeones del mundo, nuestros clubes, nuestros jugadores y nuestros entrenadores forman parte de un patrimonio cultural que proyecta la imagen del país mucho más allá de sus fronteras”.
Tamaño prestigio “fortalece la Marca Argentina, impulsa el turismo, favorece los intercambios culturales, multiplica oportunidades comerciales y posiciona al país en la conversación global. Allí donde llega la Selección, también llega una parte de la identidad nacional”.
Explosión argenta
Un indicador nítido del peso global obtenido por la Selección se dio precisamente después del episodio de la bandera de Malvinas. De acuerdo a los registros históricos de Google Trends, que miden desde 2004, el interés de búsqueda por las Islas Malvinas tuvo un incremento del 2.400% a nivel mundial luego del pronunciamiento de los jugadores. En Gran Bretaña fue del 1.700%. Es el mayor salto de atención digital sobre el tema del que se tenga constancia.
La humilde sábana diseñada por los hinchas y esgrimida por el equipo contribuyó más a la visibilización de la causa Malvinas que cualquier operación diplomática, con un detalle de importancia central: desde el mérito deportivo, no desde la manipulación política criminal de una guerra como fue la de 1982.
“En un mundo donde la reputación también se construye desde la cultura y el deporte, el fútbol argentino dejó de ser únicamente una pasión popular. Se convirtió en un activo estratégico de la Nación. En una herramienta de integración. En una carta de presentación. En un puente que conecta a la Argentina con millones de personas alrededor del planeta”, concluyó la AFA.
Francisco de Santibañes, especialista en Relaciones Internacionales, se había referido pocos días antes del triunfo sobre Inglaterra al “gran activo de política exterior argentina” que representa el elenco de Scaloni y Messi y su importancia como factor de integración nacional. También destacó el hecho de que la Selección tiene multitudes de hinchas de otros países. La felicidad que sus éxitos desenfrena en Bangladesh debe ser el ejemplo más rotundo de esta sana influencia ecuménica.
¿Cuánta gente se habrá enterado de las paradisíacas playas de Cabo Verde gracias al dignísimo partido que la selección de ese país le hizo a los muchachos de Messi? El ministro de Turismo del humilde archipiélago africano ha de estar agradecidísimo de esa derrota.
Cuidar la herramienta
El valor del “poder blando” que insuflan la Selección y el fútbol a la Argentina se acrecienta en cuanto se lo contrasta con lo menesteroso de su “poder duro”, que surge de la potencia bélica y económica.
Es una herramienta que conviene cuidar, por lo pronto blindándola frente al entusiasmo por la destrucción que caracteriza el devenir nacional.
La figura de Messi condensa los rasgos del equipo que le permiten ejercer un liderazgo positivo, mucho más en un mundo donde los insumos dilectos para la construcción de influencia parecen ser la rabia y la exacerbación de los enconos.
Si se rastrillan declaraciones y actitudes en torno a la contienda mundialista, se advertirá que no son los deportistas, sino los autoproclamados estadistas los que estimulan enfrentamientos y proyectan pasiones odiosas más allá de los campos de juego.
Con dignidad, talento, entrega, coraje y mesura, el Seleccionado ha llevado a la Argentina a lo más alto, venciendo en buena lid a rivales poderosísimos, proyectando sentimientos opuestos a los que proliferan en el mundo. Es una “marca Argentina” que puede exhibirse con genuino orgullo y que incuba infinitas posibilidades para mejorar las condiciones de vida de la gente.
Sobre esa ética noble se funda uno de los “activos estratégicos” más importantes que tiene el país para revertir su prolongada decadencia y su descrédito.