Las objeciones del ministro de Turismo, Roberto Brunello a la Hostería Polo Giménez, ubicada en la cima de la Cuesta del Portezuelo, marcan un cambio de fondo en el discurso oficial, reticente hasta su intervención a admitir lo evidente: se trata de un clavo remachado hijo de la improvisación.
- El Ancasti >
- Opinión >
- Edición Impresa >
Un clavo remachado
Financiado con recursos de la renta minera, el complejo fue inaugurado en diciembre de 2009 por el entonces gobernador Eduardo Brizuela del Moral, quien lo calificó como un “hito” en la historia del turismo provincial.
Con avatares que incluyen un enfrentamiento entre las municipalidades de Valle Viejo y Ancasti para apropiárselo y la concesión a un hijo de Catalina Krapp, la polémica secretaria de Turismo brizuelista, el augurio fue cumpliéndose a lo largo de 13 años.
Brunello destacó la visión del extinto exmandatario. “Es un lugar que se ha hecho emblemático y conocido no por funcionar bien, sino por todos los problemas que ha tenido”, dijo y estimó que es necesario “tomar la fuerte decisión de ver qué se va a hacer con esa hostería”.
"Ha sido un lugar muy difícil porque ha tenido inconvenientes de inundaciones, ha tenido ciertas inconvenientes de obras, que a lo mejor se podrían haber evitado haciendo un estudio anterior y haberla construido, quizás, en otro lugar, pero bueno, ya está hecha y creo que sobre lo hecho hay que tratar de corregir y hacerlo mejor. Esperemos que en un corto plazo el municipio de Valle Viejo ponga en marcha esa hostería. De todos modos y también es otra opinión personal, creo que con esas pocas habitaciones que tiene no es una unidad de negocio para que funcione económicamente, ya habría que ampliarla y mejorarla", consideró.
Las instalaciones fueron transferidas por el Gobierno a la Municipalidad de valle Viejo en diciembre de 2020, tras 10 años de concesión por parte de particulares. Las autoridades del municipio informaron que las numerosas fallas estructurales que habían encontrado impedían habilitarla para esa temporada veraniega, pero calcularon que la clausura no se prolongaría demasiado.
Dos años y algunos escándalos después, las puertas del hito continúan cerradas, sin que puedan aprovecharlas quienes concurren a deleitarse con los extraordinarios paisajes y el “arbitraje de halcones” que promueve la intendenta Susana Zenteno.
Entre los obstáculos para poner en funcionamiento el complejo se destacan las dificultades con la energía y con el aprovisionamiento, ya que se encuentra a trasmano de cualquier tránsito comercial. A esto se suma un entorno que ofrece muy poco para el esparcimiento una vez que se contemplan.
Los exiguos dividendos que el emprendimiento arrojaba no permitían invertir ni en mantenimiento, así que el edificio se fue viniendo abajo. Fracaso total, fue un alivio para los privados devolverle el regalo al Estado provincial, que a su vez se lo sacó de encima rápido para ensartar a Valle Viejo, que tampoco lo puede empinar.
Ocurre que la edificación no se decidió en función de las posibilidades de rentabilidad del emprendimiento, sino por capricho. Los ideólogos imaginaron que el mero interés paisajístico bastaría para activar el complejo, sin considerar que otras estructuras cercanas podían muy bien cubrir las necesidades de alojamiento. Esto es: podría haberse financiado un mirador más modesto con servicios para los turistas, aunque las pretensiones de trascendencia de los inauguradores no fueran satisfechas.
Pero primó la “broncitis”, como en tantas otras obras superfluas que se financiaron con la renta minera mientras los servicios elementales de la provincia se desplomaban hacia el colapso por falta de inversión pública y privada. Eso, sin considerar el dinero que se fue en 13 años de mantenimiento y refacciones.
Brunello, atinado, asume al fin el resonante fracaso.n