El mundo parece no tener respiro en lo que se refiere a las amenazas que se ciernen sobre la salud pública. Cuando la pandemia de Covid-19 retrocede en la cantidad de casos y muertes hasta los valores más bajos de los últimos 24 meses, generando optimismo luego de más de dos años de angustia e incertidumbre, informes de organizaciones internacionales advierten sobre rebrotes de enfermedades que estaban controladas e incluso erradicadas de muchos países.
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Sin respiro
Grandes esfuerzos realizados con notables éxitos corren el riesgo de perderse, al menos parcialmente, por el aumento de casos de patologías que resultan en determinadas circunstancias mortales. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió hace algunos días el temor de que a la pandemia todavía en curso pueda seguirle "una tormenta perfecta de otras enfermedades". Es el caso del sarampión. El aumento de casos en solo un año es revelador de lo atinado de las advertencias: en los dos primeros meses de 2022 se registraron 17.338 casos el mundo, casi el doble que los relevados en el mismo período de un año anterior: 9.665.
El aumento de casos se debe principalmente a la pandemia, pero no exclusivamente. Los casos de sarampión vienen aumentando peligrosamente en el mundo, por relajación y por la prédica de sectores antivacunas, desde el año 2016.
La información disponible corrobora que la atención preferencial a la prevención y atención del nuevo coronavirus ha provocado, al mismo tiempo, la desatención de otras enfermedades. Hay, en ese déficit, una corresponsabilidad: de los ciudadanos, que postergaron la vacunación contra el sarampión para priorizar la que previene los casos graves de Covid-19, pero también de los Estados de las distintas naciones. Un comunicado conjunto emitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, señala que "el desvío de recursos usados normalmente en las vacunaciones de rutina (en el caso de la Argentina, el calendario anual obligatorio), está dejando demasiados niños sin protección contra el sarampión y otras enfermedades evitables".
En el mencionado informe se especifica que durante la pandemia se han paralizado 57 campañas de vacunación contra enfermedades infecciosas en 43 países, lo que afecta a 203 millones de personas, muchas de ellas niñas y niños. En la Argentina la vacunación para prevenir enfermedades, entre ellas el sarampión, no se detuvo, pero la concurrencia bajó considerablemente respecto de los años previos a la pandemia. Se han registrado en nuestro país varios casos importados en los últimos años "el último en marzo, el de una mujer no vacunada que regresó de un viaje que incluyó países asiáticos donde el virus circula más-, pero ninguno endémico desde el año 2000.
La baja en la vacunación contra el sarampión no ha tenido aún impacto negativo de consideración en la Argentina. Pero puede ocurrir si se prolonga en los años venideros. Serán clave entonces las campañas de difusión y concientización que se pongan en marcha desde el Estado, y un cambio de actitud de la ciudadanía, que en los últimos dos años desatendió el calendario de vacunación, que es gratuito y también obligatorio.n