Por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud, ayer se celebró, como todos los 3 de agosto, el Día Internacional de la Planificación Familiar, institucionalizado a nivel global para reflexionar sobre la importancia del control de la natalidad y concientizar sobre la necesidad del uso de métodos anticonceptivos.
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Sexualidad activa, saludable y responsable
Atacada por una serie de tabúes instalados durante mucho tiempo por sectores extremadamente conservadores de la sociedad, la planificación familiar requiere de una acción decidida del Estado en sus distintos niveles para lograr que las personas en edad reproductiva puedan gozar de una vida sexual activa y saludable, además de responsable. Para esa concepción conservadora de la sexualidad, vinculada normalmente a prácticas religiosas, el uso de preservativos u otros métodos anticonceptivos de probada eficacia y seguridad debe desecharse, pues la única planificación familiar permitida es la denominada “por métodos naturales”, que reduce las relaciones sexuales a los períodos en los que la mujer no es fértil, lo cual no siempre es sencillo de determinar.
Al señalar que “el uso de anticonceptivos fomenta el derecho de las personas a decidir el número de hijos que desean tener y el intervalo entre los embarazos”, la OMS remarca que resulta imprescindible “garantizar que toda la población tenga acceso a los métodos anticonceptivos, sobre todo aquellos sectores socioeconómicos vulnerables”. Y añade que “en la prevención de embarazos no deseados, el uso de preservativos es el único método anticonceptivo que los evita y que previene el contagio de enfermedades de transmisión sexual”.
La Argentina es un país de avanzada en políticas de acceso universal a métodos anticonceptivos. Desde hace muchos años el sistema público de salud proporciona gratuitamente a los sectores de más bajos ingresos preservativos y métodos anticonceptivos de larga duración, y desde hace tres las obras sociales y empresas de medicina prepagas están obligadas a cubrir estos métodos a través de las prácticas de colocación y extracción del dispositivo intrauterino (DIU) y la implementación del sistema intrauterino de liberación de levonorgestrel (SIU) y del implante subdérmico.
En los países de menor grado de desarrollo, la alta tasa de natalidad producto de la falta de planificación familiar ha sido un problema extremadamente preocupante. Pero en los años previos al comienzo de la pandemia, por la acción de organizaciones humanitarias, muchos países de bajos ingresos, sobre todo de África, la distribución de anticonceptivos modernos se incrementó, lo que, por ejemplo, evitó 21 millones de abortos inseguros y 119 millones de embarazos no deseados en 2018 en estos países. De todos modos, hay todavía un largo camino por recorrer para que las mujeres del mundo, muchas de ellas niñas y adolescentes, puedan elegir no ser madres.
En la Argentina, si bien los programas que se implementan desde Salud garantizan la provisión de anticonceptivos, es necesario implementar eficaces campañas de información y concientización, por ejemplo a través de la ESI, dirigidas tanto a mujeres como a varones, para que puedan hacer una planificación familiar de acuerdo con sus necesidades y con sus convicciones.