Lamentablemente, los hijos y familias de femicidas, abusadores sexuales y otras delincuencias actuales sufren las consecuencias de los actos atroces cometidos por sus seres queridos. La violencia y el abuso que estas personas han perpetuado han dejado cicatrices profundas en las vidas de aquellos que los rodean. A menudo, estos niños y familiares son estigmatizados y marginados por la sociedad debido a la asociación con el delito cometido por su familiar. Muchos experimentan traumas psicológicos graves, como ansiedad, depresión, trastornos de estrés postraumático y dificultades para establecer relaciones saludables.
- El Ancasti >
- Opinión >
Qué pasa con los hijos y familias de femicidas, abusadores sexuales y otras delincuencias actuales
Además, estos niños y familiares a menudo se enfrentan a desafíos financieros y emocionales. La pérdida de un padre o familiar proveedor puede dejarlos en una situación económica precaria. También pueden luchar por encontrar apoyo emocional adecuado debido al estigma asociado con su situación.
Es importante destacar que estos niños y familiares no deben ser juzgados por las acciones de sus seres queridos. Necesitan apoyo, comprensión y recursos para superar los traumas que han enfrentado. Hay organizaciones gubernamentales y otras sin fines de lucro que brindan apoyo emocional y financiero a las víctimas indirectas de la violencia doméstica y el abuso sexual. Además, las comunidades pueden trabajar para desestigmatizar a estas personas al brindar educación sobre la violencia doméstica y el abuso sexual.
A modo de ejemplo la Ley Nº 27.363 del año 2017, incorpora al Código Civil y Comercial de la Nación el artículo 700 bis, la privación expresa a los progenitores de la responsabilidad parental - “tenencia de sus hijos”- por ser condenado como autor, coautor, instigador o cómplice delos siguientes delitos: 1. homicidio agravado por el vínculo o mediando violencia de género (femicidio) en contra del otro progenitor.2. lesiones que produjeren en el otro progenitor o en su hijo/a una enfermedad mental o corporal, cierta o probablemente incurable, la inutilidad permanente para el trabajo, la pérdida de un sentido, de un órgano, de un miembro, del uso de un órgano o miembro, de la palabra o de la capacidad de engendrar o concebir.3. por abuso sexual simple, gravemente ultrajante, con acceso carnal por vía anal, vaginal u oral o con objetos o partes del cuerpo y por aprovechamiento de la inmadurez sexual.
El impacto psicológico del delito
Los delitos violentos suelen generar en sus víctimas primarias o secundarias, con mucha frecuencia un estado de dolor psíquico enorme, y se incrementa si quien lo ha violentado debería haberlo cuidado y amado. En general he observado desde la clínica psicológica y la práctica del derecho y psicología criminal que la persona afectada podría generar un abanico de conflictos mentales como el trastorno de estrés postraumático, estados depresivos, problemas psicosomáticos, abuso de alcohol, de sustancias y una inadaptación a la vida cotidiana como ser problemas escolares, de vinculación, de pareja, odio al sistema, rebeldía crónica; se destacan otras consecuencias inmediatas tales como frustración, temor, impotencia y pánico. Asimismo, consecuencias posteriores como una sensación de alerta constante, desesperanza en relación con soluciones al problema de la criminalidad en que estuvo incluido como daño colateral.
Cuando una persona ha cometido un delito, todo el sistema familiar que lo rodea sufre las embestidas negativas, mucho más enérgica la situación en los menores de edad, se produce una ruptura interna y antagónica que se expresa en un binomio AMOR-ODIO que escinde la personalidad. Donde en una época había admiración, hoy surge la decepción, allí donde nacía el cariño se amanece el rencor, del lugar en que brotaba la ternura se manifiesta la impiedad, del orgullo se muta a vergüenza y del respeto surge un crudo desprecio.
En resumen. A la pregunta si se puede reparar tanto daño, he notado que el ser humano conserva una capacidad resiliente enorme, siempre se puede sobrevivir al trauma, hay que buscar ayuda, no darse por vencido, superarse. Los hijos y familiares de femicidas, abusadores sexuales y otras delincuencias actuales enfrentan desafíos significativos y necesitan apoyo para superar los traumas que han experimentado. Es importante que las comunidades trabajen juntas para brindar recursos y desestigmatizar a estas personas para ayudarlas a sanar.