sábado 2 de julio de 2022

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Editorial

Que los chicos hablen

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19 de junio de 2022 - 00:15

Los casos de abusos infantiles son, además de aberrantes, más frecuentes de lo que se piensa. La vulnerabilidad en la que se encuentran, sobre todo si los abusadores forman parte de la familia, como es muy común que suceda, funciona como un escollo difícil de sortear para que los hechos se conozcan y dejen de ocurrir. Lograr que las chicas y chicos hablen, cuenten el padecimiento que viven, es un desafío en el que deben colaborar las personas del entorno afectivo que advierten comportamientos inusuales, pero también existen otros mecanismos eficaces e institucionales.

La Educación Sexual Integral (ESI), aprobada por ley nacional en 2006 pero puesta en práctica de manera muy lenta y progresiva por la presión de sectores conservadores, funciona como una herramienta eficaz para el propósito mencionado. Y, conscientes de sus derechos, toman conciencia también de sus vulneraciones. Y se animan a hablar.

En los últimos días se conoció el caso de una niña de Rosario de la Frontera, Salta, que, durante una clase de Educación Sexual Integral, se animó a relatar que era abusada sexualmente por su abuelo materno. La revelación activó, como corresponde, el protocolo establecido por el Ministerio de Educación de esa provincia: los directivos de la escuela hicieron la denuncia penal y el abusador fue imputado por la Justicia como autor de los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo en concurso real con abuso sexual simple agravado.

El salteño no es un caso aislado. Un estudio publicado en 2020 reveló que el 80% de las chicas y chicos de la Ciudad de Buenos Aires que denunciaron haber sido víctima de abuso sexual, lo hicieron luego de una clase de educación sexual.

Es un hecho muy auspicioso que niñas, niños y adolescentes conozcan sus derechos y, cuando sean vulnerados, lo relaten, que se animen a hablar. Es un hecho muy auspicioso que niñas, niños y adolescentes conozcan sus derechos y, cuando sean vulnerados, lo relaten, que se animen a hablar.

Es un hecho muy auspicioso que niñas, niños y adolescentes conozcan sus derechos y, cuando sean vulnerados, lo relaten, que se animen a hablar. En Catamarca son cada vez más frecuentes los llamados a la Línea 102, que es número telefónico de escucha y orientación, al cual se puede recurrir ante una situación de amenaza o vulneración de derechos de ese sector de la población. En lo que va del año se han efectuado más de 1.600 llamadas a esa línea, en algunos casos para denunciar pero la gran mayoría para consultar acerca de los derechos que los asisten.

La mayoría de las llamadas son realizadas por adultos, pero también hay casos de chicas y chicos que lo hacen, sobre todo adolescentes. Las denuncias son debidamente investigadas, y las consultas respondidas.

La vulneración de los derechos de las infancias es a veces muy complicada de detectar. Los mayores que conforman el entorno de las víctimas tienen el deber legal y moral de denunciar, pero por la dificultad mencionada es preciso alentar y generar las vías y las condiciones para que sean los propios niños y adolescentes los que puedan contar lo que les pasa. Que los chicos hablen y cuenten el drama que viven es un objetivo loable que de a poco se va consiguiendo.

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