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El beso de la mujer araña

Narrativa del emasculado

Por Pía Cabral

3 de junio de 2026 - 12:07

El feminicidio de Agostina Vega exacerbó la brutalidad de la narrativa misógina. Frente a la urgencia mediática, se destapan personajes de la política que construyen enemigos imaginarios para cobrar vigencia.

“Hay que pensar a los crímenes sexuales no como la relación del perpetrador con la víctima, si no del perpetrador con los ojos que lo miran”. La idea pertenece a la antropóloga Rita Segato.

“En una violación, la libido está autoreferida a la exhibición de un sujeto poderoso. La violación es un crimen en sociedad, no es solitario. La aspiración a obtener el título de macho se revela muy fuerte ahí”.

La interpretación de la investigadora amplía la mirada sobre la conducta masculina y examina que los hombres necesitan ser admitidos como miembro de la fratria o hermandad para “graduarse de hombres”.

Cuando un hombre de la política se manifiesta con violencia frente a un hecho sensible, cumple una función simbólica implícita.

La necesidad de exponer su narrativa ¿lo ubica bajo la misma lógica del violador y el femicida?

“Es más cautivante exhibir el poder sin pudor, de manera cruel”, afirma Segato sobre las narrativas actuales.

La puesta en escena: un discurso en el que la masculinidad está cargada de autoridad moral e intenta con su descalificación erigirse como el restaurador de un orden degradado.

¿El feminismo es el nuevo fetiche de la derecha?

“El hombre, frente al más macho se emascula. En un mundo de dueños, solo les queda la violencia para restaurarse hombres”.

Montarse a la narrativa discursiva de Trump o Milei es una tentación barata de los nuevos políticos.

“El hombre está fragilizado en esta etapa de la historia”, dice la especialista. “La masculinidad es un estatus, la feminidad no lo es. El hombre tiene que construirse hombre, al que no consigue titularse solo le queda la violencia”.

Aprovechar el femicidio de una niña para cobrar una lastimosa notoriedad, se inscribe la larga lista de bajezas humanas posibles. Cabría analizar la praxis de quien tiene la torpeza de relacionar la conducta de la niña o su familia con el espantoso desenlace.

Atacar a un grupo de mujeres por los crímenes sobre su propio género, reducir un grupo lleno de particularidades como el feminismo a una masa homogénea, es mínimamente una conversación pasada de moda e inútil.

Cuando el discurso necesita de la agresión para sostener un argumento, se revela pobre. Una generalización apresurada, sin una relación de causalidad coherente, lleva a dudar del marco cognitivo de quien la afirma.

En momentos de máxima sensibilidad, es imprescindible aguzar la lectura de estas narrativas motivadas por el exhibicionismo mediático y ponerlas en el lugar de miseria que merecen.

No nos permitamos caer en las falsas dicotomías, que solo alcanzan un planteo famélico de la situación de las violencias contra las mujeres en la Argentina.

El desarrollo de teorías sobre el sistema patriarcal no excluye otros factores en los indicadores del crimen. Sin embargo, el hecho de que en el país existan cada 30 horas un femicidio (asesinato de una mujer por razones de género que en el 99% de los casos es perpetrado por un hombre) indica, como en cualquier conducta social, una observación y medidas precisas. Los hechos no suceden al revés con los mismos indicadores.

El ataque “ad hominen” expone la precariedad discursiva de una persona, pero si además esa persona es representante del pueblo, le cabe un examen de capacidad.

Hacen falta más hombres que ejerzan una masculinidad amorosa. Que se involucren con las problemáticas de las minorías tanto como las mujeres. Es necesario cicatrizar el diálogo y abandonar los discursos reactivos, que necesitan del ataque por toda declaración.

“La humanidad misma del sujeto masculino está comprometida por su masculinidad”, dice Rita Segato. “Las instituciones replican la estructura corporativa del patriarcado. Como la masculinidad, es jerárquica. Tienen el valor de la lealtad corporativa”.

La principal contradicción de quienes se creen por encima de los valores morales de otra creencia es caer en su propio error. No se instala una ideología denostando a otra.

No acuses al feminismo de ideologizar una tragedia, mientras utilizas esa misma tragedia para instalar tu propia agenda ideológica.

Acompañemos la marcha Ni una menos, hoy a las 18.30 desde plaza 25 de Mayo. Por Agostina, Dulce y todas las que faltan.

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