ver más
Cara y Cruz

Moderación o grieta

12 de septiembre de 2022 - 01:00

En un claro mensaje a sus potenciales votantes –si es que prospera finalmente su pretensión de candidatearse a presidente de la Nación-, pero también a sus rivales internos en la coalición opositora, Horacio Rodríguez Larreta aclaró que si los argentinos quieren “un candidato muy extremo” no cuenten con él.

Al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le proveen sondeos de un modo permanente sobre los más diversos temas de gestión y también políticos. Y suele ser consecuente con el sentido de las respuestas. De modo que es muy probable que algunos de esos relevamientos de opinión haya exhibido una inclinación mayoritaria de los ciudadanos encuestados por las posturas moderadas, aquellas que evitan la confrontación directa y que se configuran, en un clima político exacerbado como el actual, como lo opuesto a las posiciones “extremas”, que prefieren el enfrentamiento verbal directo y las imputaciones sin filtro. Imposible no identificar, aunque no apareciese particularmente en la reflexión del dirigente Pro, la figura de otra dirigente que aspira al máximo cargo nacional, Patricia Bullrich, como cabal representante de ese estilo político más de trinchera o de tribuna que de salón donde se procuran consensos.

La moderación política prioriza los consensos por sobre los enfrentamientos y el diálogo por sobre las diatribas La moderación política prioriza los consensos por sobre los enfrentamientos y el diálogo por sobre las diatribas

Aunque en la declaración de Rodríguez Larreta pudiesen identificarse como causas los insumos informativos provisto por encuestas o focus group, debe señalarse, no obstante, que su personalidad parece llevarse mejor con la moderación que con la desmesura que caracteriza a otros dirigentes. Mal no le ha ido con su mesura política hasta ahora.

Reglas no escritas de la política señalan que los dirigentes moderados tienen probablemente pisos más bajos de aceptación entre el electorado que los dirigentes extremos. Estos últimos, que con declaraciones, gestos y acciones alimentan la grieta política que divide a los argentinos, tienen una fuerte aceptación entre las personas con pensamientos afines o identificación partidaria, pero también una oposición muy marcada de los que opinan distinto, militan en otros espacios políticos o se consideran ciudadanos independientes. Tienen un piso de aceptación alto, tal vez votos cautivos, pero también un techo de aceptación bajo. No hay muchas chances de que en la Argentina de hoy los candidatos extremos superen la mitad de los votos que exige un balotaje, salvo que se enfrenten dos de ellos de las fuerzas mayoritarias, con lo cual habrá muchos electores que se vean obligados a elegir el mal menor. Los moderados, en cambio, contrarrestan el piso bajo de adhesiones con un techo alto.

La tradicional dicotomía entre halcones y palomas, reversionada ahora entre extremos y moderados, es aplicable a la interna de Juntos por el Cambio pero también al escenario oficialista. Si el kirchnerismo representa la versión extrema de la alianza gobernante, ¿qué sector puede identificarse con la moderación?

Si había alguna duda respecto de este interrogante, la aparición fulgurante de Sergio Massa en el gabinete nacional se encargó de despejarlas. Procurando trabajosamente consensos y transitando por un dificultoso equilibrio para adoptar decisiones que no generen rechazos desestabilizantes, al tiempo que preserva la frágil unidad del Frente de Todos, al ministro de Economía tampoco le ha ido mal con la moderación: en pocas semanas logró, además de consenso político interno, estabilizar las variables económicas que hace menos de dos meses estaban desbocadas y empezar lentamente a sumar reservas con medidas que favorecieron la liquidación de exportaciones y otras que calmaron a los grandes jugadores del mercado financiero.

No debe suponerse que la moderación implica el renunciamiento a principios. Es un estilo de construcción política que pretende alcanzarlos priorizando los consensos por sobre los enfrentamientos y el diálogo por sobre las diatribas. Los argentinos, cansados de una grieta que se ensancha con los años, no miran con malos ojos a los dirigentes que evitan alimentarla.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar