Durante el reciente Coloquio de IDEA, que reúne a los más importantes dirigentes empresarios de la Argentina con funcionarios de gobierno nacional y los gobiernos provinciales, cinco gobernadores –tres del oficialismo y dos de la oposición- coincidieron en destacar la importancia de administrar responsablemente los recursos y propender a lograr superávit fiscal. El discurso, en la actual coyuntura económica, no es pura declaración de intenciones, sino que está respaldada por datos objetivos de la realidad: este año todas las jurisdicciones subnacionales finalizarán con los ingresos mayores que los gastos, consolidando una tendencia que se viene verificando desde hace varios años, aunque nunca unánimemente como en 2022.
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La solvencia provincial se basa en el déficit nacional
Se trata de un panorama que permite trazar diferencias drásticas respecto de otras crisis, por ejemplo la de 2001, en la que las provincias estaban con las finanzas extremadamente complicadas, con déficits recurrentes y sometidas a procesos de endeudamientos de los que fueron saliendo lenta y costosamente a partir de 2003. Hoy gozan de una buena salud fiscal, beneficio que claramente no tiene la administración del Estado nacional, cuyo déficit, aunque en declive, sigue siendo alto.
En el coloquio de IDEA, los gobernadores de Santa Fe, Omar Perotti; de San Juan, Sergio Uñac; del Chaco, Jorge Capitanich; de Jujuy, Gerardo Morales; y el jefe del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta señalaron como virtud de gestión la responsabilidad fiscal, que implica “no gastar más de lo que ingresa”.
El superávit de las provincias se sustenta, más que en ajustes en los gastos, en una expansión de los ingresos que se vincula con un aumento relativo de las transferencias nacionales –automáticas y discrecionales- hacia los distritos. Es decir que la solvencia provincial se basa, de alguna manera, en el déficit nacional.
Una redistribución de los recursos que favoreció a las provincias en desmedro del Estado nacional explica el panorama. No es que, de la noche a la mañana, todos los gobernadores se volvieron eficientes administradores.
El acuerdo con el Fondo podría poner en riesgo la solvencia financiera de las provincias. Es que Nación tiene como misión, explicitada en los documentos suscritos con las autoridades del organismo acreedor, reducir año a año el déficit. Y eso se logra aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. O ambas cosas a la vez, por cierto. Si bien la Argentina ha mejorado desde el año pasado sus ingresos –de hecho, este año será el segundo seguido de crecimiento del PBI, algo que no se lograba desde hace una década-, ese dato positivo resulta también insuficiente para alcanzar las metas. El ajuste que se requiere incluirá una disminución de las transferencias no automáticas a provincias y municipio, pero también podrían verse afectadas las automáticas –por ejemplo, la coparticipación federal- si es que la economía se desacelera. Está muy bien que los gobernadores profesen la convicción de la responsabilidad fiscal. Pero es necesario que la practiquen no solamente en épocas de ingresos altos garantizados, como los actuales, sino también cuando disminuyan los recursos que vienen del gobierno nacional. Y es deseable que la reducción de los gastos no termine impactando, como sucede habitualmente, a los sectores de mayor vulnerabilidad social.n