En los últimos años, la reflexión acerca de la salud mental ha incorporado como insumo novedoso el impacto que tuvo la pandemia en la población en general, y particularmente en algunos sectores que se han visto más vulnerables por la irrupción de este fenómeno novedoso en el último siglo.
Los 10 de octubre, por iniciativa de la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) y el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Y desde 2020 se analiza cómo inciden los efectos del Covid-19, tanto en lo que se refiere al fallecimiento a causa de la enfermedad de seres queridos como a lo vinculado al aislamiento forzoso a que se vio sometida le gente en los primeros tramos de la pandemia.
Los grupos poblacionales más afectados son, según las primeras evaluaciones realizadas, los trabajadores de la salud, los niños, los jóvenes, las personas que viven solas y las que tenías afecciones mentales preexistentes, las que se agravaron.
Pero es preciso señalar que la sociedad moderna, con su estilo de vida, es causa central de la aparición de numerosas enfermedades y trastornos de tipo mental. En 2019, antes de la aparición del nuevo coronavirus, la OMS elaboró un informe en el que trazó un durísimo diagnóstico. En él se menciona que son casi mil millones de personas las que están afectadas por algún trastorno mental. Es decir, casi uno de cada ocho habitantes del planeta. Uno de los grupos más vulnerables son los adolescentes: el 14 por ciento padece una patología de ese tipo.
Son casi mil millones de personas las que están afectadas por algún trastorno mental. Es decir, casi uno de cada ocho habitantes del planeta Son casi mil millones de personas las que están afectadas por algún trastorno mental. Es decir, casi uno de cada ocho habitantes del planeta
Otros datos de aquel estudio indican que los trastornos mentales son la principal causa de discapacidad, que las personas que los padecen en alguna de las modalidades graves mueren entre 10 y 20 años antes que la población en general, habitualmente por enfermedades físicas prevenibles. Los suicidios representan más de una de cada 100 muertes y el 58% de ellos ocurren antes de los 50 años. Además, es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años. Más del 90 por ciento de los casos de suicidio están asociados a la depresión y al abuso de sustancias.
El abordaje del problema requiere de aportes presupuestarios, que en los países de la región son escasos: el promedio indica que solo un 2 por ciento del presupuesto de salud se utiliza en salud mental. En la Argentina es más bajo aún: el año pasado fue del 1,47%.
Una de las ventajas que tiene nuestro país es que cuenta con una La Ley Nacional de Salud Mental, aprobada en 2010, que cumple con los estándares internacionales y promueve un paradigma renovado que propicia un modelo comunitario que tiene entre sus ejes fundamentales la desinstitucionalización, la inserción del componente de salud mental en la atención primaria de la salud y en los hospitales generales. Pero aún se cumple de manera parcial.
Con el Covid-19 como un fenómeno aun presente, aunque en franco retroceso, es imperativo instalar como prioridad el debate sobre la salud mental. Para que aborde el impacto que tuvo, sobre todo en los grupos más vulnerables, la pandemia, pero también para que se discuta el cumplimiento efectivo de la ley vigente y un incremento del presupuesto destinado a tal fin.