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Detrás del Poncho

La mochila de un cronista

Mientras la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho crece edición tras edición y se consolida como uno de los eventos culturales más importante del país, hay una realidad que permanece casi invisible: la de los cronistas que recorren el predio y trabajan sin contar con un espacio propio que les permita transitar la fiesta con mejores condiciones de trabajo. No hablo de privilegios. Hablo de algo básico.

30 de julio de 2026 - 12:40

Por Noelia Moya Ponce

Hay fiestas que se disfrutan, y hay fiestas que con el paso de los años, terminan formando parte de la identidad de una provincia.
Hace 55 años, la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho comenzó a tejer una historia que hoy trasciende las artesanías, la música y la gastronomía. Una celebración que nació para mostrar la identidad cultural de Catamarca y que, con el paso del tiempo, fue creciendo, transformándose y encontrando distintos espacios hasta llegar al Predio Ferial, el lugar donde pudo desplegar toda su magnitud. Pero el crecimiento también trajo nuevos desafíos.

Cada invierno, Catamarca recibe a miles de personas que llegan para recorrer una fiesta que ya es una referencia cultural del Norte argentino. Una fiesta donde conviven los artesanos que mantienen vivos los saberes ancestrales, las familias que recorren los pabellones, la gastronomía, la música y las distintas expresiones culturales que hacen del Poncho una experiencia única.

El Poncho tiene sus propias postales

El humo que se mezcla con el frío de julio en el sector de los ranchos, los personajes que vuelven cada año y ya forman parte de la memoria de la fiesta, las tejedoras que llegan desde lugares alejados de la provincia con historias detrás de cada pieza. Los artesanos de otras provincias que encuentran en Catamarca un espacio para mostrar su trabajo, los encuentros, los reencuentros y esas pequeñas escenas que hacen que cada edición sea diferente.

También está la evolución de la propia Fiesta. Los escenarios que fueron creciendo, el protagonismo del Patio, el Mercado Cultural, los espacios destinados a los productos catamarqueños, los sectores gastronómicos y las distintas propuestas que año tras año amplían la experiencia de quienes llegan al Predio Ferial.

El Poncho creció y ese crecimiento se nota, lo vi durante cuatro ediciones consecutivas. Vi cómo se multiplicaron las propuestas, cómo la comunicación incorporó nuevas formas de contar la Fiesta y cómo cada año son más las personas que eligen el invierno catamarqueño para vivirla. Pero mientras una fiesta crece, también es necesario mirar hacia quienes trabajan para contarla. Porque existe otra Fiesta del Poncho. La que no siempre aparece en las fotos. La que comienza mucho antes de que el público ingrese al Predio Ferial.

Detrás de cada cobertura hay un equipo que empieza a trabajar semanas antes. Reuniones, organización, planificación, distribución de tareas y una pregunta permanente: cómo contar una fiesta que durante diez días concentra miles de historias.

Los cronistas recorren el territorio. Los fotógrafos buscan la imagen que resume una jornada. Los camarógrafos registran cada momento. Los periodistas digitales reciben, procesan y publican la información en tiempo real. El equipo del diario en papel trabaja para que cada edición llegue a los lectores. En el taller gráfico se prepara el ejemplar que al día siguiente estará en las calles, y los canillitas completan ese último recorrido para que la información llegue a cada rincón.

La Fiesta del Poncho también se construye desde ese trabajo silencioso. Después empieza la otra parte. La que vivimos quienes caminamos la fiesta durante horas para contarla.

El Poncho se camina

Se caminan los pabellones buscando una historia. Se caminan los puestos de artesanos esperando encontrar esa voz que merece ser escuchada. Se caminan, el Mercado Cultural, los ranchos, el Patio, el Escenario Mayor. Se espera una entrevista, se corre detrás de un artista, se vuelve a empezar cuando una nota no sale como estaba pensada. Y en ese camino aparecen los momentos que hacen que este oficio siga teniendo sentido.

Volver a encontrar a un artesano después de un año y que recuerde aquella nota. Escuchar a una tejedora contar cómo logró terminar una pieza que llevó meses de trabajo. Compartir un mate con un colega mientras se espera una cobertura. Reírse por un error durante un móvil. Cruzarse con compañeros que, aunque trabajen en otros medios, están atravesando la misma intensidad. Eso también es el Poncho.

Pero detrás de esa emoción hay una realidad que se repite edición tras edición. Hace cuatro años que cubro esta Fiesta y hay algo que todavía no cambió: quienes hacemos cobertura durante toda la jornada seguimos sin contar con un espacio propio para prensa que nos permita transitar la fiesta con mejores condiciones de trabajo. No hablo de privilegios. Hablo de algo básico.

Un lugar donde un cronista pueda entrar y salir las veces que sea necesario, dejar su mochila. Donde pueda cargar sus herramientas de trabajo el tiempo que requiera. Donde pueda calentar agua para un mate. Donde pueda sentarse cinco minutos después de horas caminando antes de volver a salir al Predio Ferial. Porque la jornada no son solamente los minutos que aparecen en cámara. Son siete, ocho y hasta nueve horas recorriendo espacios, buscando historias y sosteniendo una cobertura que muchas veces exige estar de pie durante toda la jornada. Si bien se cuenta con sala de prensa para realizar las conferencias no es un espacio en el que podamos ingresar y salir en cualquier momento, en las salas de prensa de los escenarios hay reglas que respetar para una mejor organización.

La sala de prensa del Escenario Mayor fue un espacio que funciona correctamente como siempre y permite un excelente trabajo periodístico durante las conferencias de prensa. La estructura del Patio también presentó cambios y una mejor estructura para las conferencias.

Pero justamente ahí apareció una de las principales dificultades de esta edición. La sala de prensa del Patio terminó funcionando principalmente como un espacio vinculado a las conferencias de prensa, pero no como un lugar de circulación para quienes estábamos trabajando durante toda la jornada.

Las indicaciones establecidas por una productora limitaron el movimiento de los periodistas acreditados: el ingreso estaba habilitado durante las conferencias y luego el acceso quedaba restringido. En algunos momentos, salir significaba no poder volver a ingresar, incluso cuando los equipos de trabajo permanecían dentro.

Y ahí aparece una pregunta. Si tenemos una acreditación de prensa, si estamos trabajando para contar lo que sucede dentro de la Fiesta, ¿por qué no podemos tener la posibilidad de movernos con las mismas herramientas que necesitamos para hacer nuestro trabajo?

También surgieron situaciones vinculadas al acceso a los artistas del Patio. Se solicitó que las entrevistas se realizaran únicamente dentro de las conferencias de prensa, lo que dejó sin posibilidad de entrevistar a algunos artistas locales que no contaban con ese espacio.

No se trata de cuestionar la organización de una fiesta que necesita reglas, se trata de pensar cómo esas reglas impactan en quienes tienen la tarea de contarla.

El Poncho cambió. La forma de comunicar también cambió. Hoy conviven distintos formatos y distintas maneras de llegar al público. Pero mientras la Fiesta avanza, también debería avanzar el lugar destinado a la prensa.

Porque detrás de cada entrevista hay horas de espera. Detrás de cada video hay recorridos. Detrás de cada publicación hay un equipo trabajando. Cuando el público vuelve a su casa después de disfrutar un espectáculo, la jornada del cronista todavía no terminó. Todavía queda editar, escribir, enviar material y preparar la cobertura del día siguiente.

La mochila del cronista pesa, pesa por los equipos, pesa por las horas, pero, sobre todo, pesa por la responsabilidad de contar.

Y si el Poncho sigue creciendo, si cada edición supera a la anterior, quizás también sea momento de que crezca el espacio para quienes durante diez días caminan la Fiesta para que otros puedan conocerla.

* Periodista de Multimedios Ancasti

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