I.
Por Manuel Fontenla (*)
I.
En las ultimas semanas, a lo largo de todo nuestro país, se sucedieron una tras otra la TOMA de al menos 50 facultades en universidades nacionales. Un hecho político sin precedentes en los últimos 20 años. Para quienes llevaron adelante estas “tomas”, para quienes las acompañaron simbólica y materialmente, la razón fue totalmente obvia: sin presupuesto no hay universidad. Y sin universidad se cortan las trayectorias de vida de miles de personas, principalmente estudiantes y docentes, pero también de una cantidad inmensa (plural y diversa) de ramificaciones que se tejen entre la universidad y múltiples sectores sociales.
Sin embargo, también es una obviedad, que hay sectores de la comunidad universitaria que no están de acuerdo con las tomas y las protestas. Un sector integrado también por docentes, estudiantes y autoridades, que, si bien comparten el valor de la universidad y la importancia de su financiamiento, piensan que este tipo de acciones no constituyen el camino correcto. A ellos, y a quienes desconocen o miran con indiferencia la situación que vivimos, va dirigida esta reflexión desde la filosofía política, que intenta sumar puntos de vista para contrarrestar las simplificaciones (por no decir imbecilidades) que se reproducen a granel en medios hegemónicos y redes sociales.
Voy a dejar de lado, primero, la cuestión de las auditorias, porque es un argumento ignorante del funcionamiento universitario, falaz y malintencionado. Y voy a dejar de lado también, la discusión presupuestaria, que considero realmente obvia, ya que tal como señalo el domingo el presidente del CIN, Víctor Moriñigo, el presupuesto necesario para el funcionamiento de las universidades en 2025 es de 7.1 billones de pesos, frente a los cuales, el gobierno de Milei propone 3.8 billones. Con este número, que apenas llega a la mitad de lo necesario, discutir el carácter de total emergencia económica de las universidades es, como decía, una ridiculez. Por eso, me interesa más, detenerme en la lectura política de la lucha universitaria, y en la Toma, que ayer se volvió a votar en la UNCA y que ingresa a su tercera semana de conflicto.
II.
Existe principalmente dos argumentos políticos, con los cuales se descalifica o pone en duda la lucha universitaria actual, especialmente, las “tomas”, aunque se hace extensivo a casi todo tipo de protesta social. El primero consiste en afirmar que estas protestas no son representativas, es decir, que “la mayoría” no las apoya. En base a esto, construyen un segundo argumento, a saber, que las protestas no son “legales”, o no son “el camino correcto”. En última medida, el argumento de la representación y la legalidad, son llevados al extremo final del tipo: “la mayoría voto a Milei, lo que el decida es lo único valido”.
Lo segundo interesante de este razonamiento, es que quienes lo esgrimen y defienden afirman que su mirada, es no política. Y con esto, quieren decir que no es ideológica ni subjetiva. Es una mirada “objetiva” de la realidad. Para ellos, la representatividad y la legalidad no son construcciones de un sistema histórico y contextual de política y gobierno, sino que parecieran ser leyes universales de lo social. Ninguna de las dos se puede discutir, son leyes perfectas, inmutables, incorruptibles. “Si no tenes mayoría y no respetas lo legal, tu reclamo no vale”, así razonan. Las transformaciones (una mejora de presupuesto por caso) se debe conseguir solo a través de los medios aceptados, establecidos y definidos, de ninguna otra manera. Cualquier acción que sedesvié de esa norma, ellos la acusan de “política” o “ideológica”. Seguro tendrá sus matices, pero creo que esta es una visión compartida por el sector que impugna la lucha o la mira con desconfianza.
III.
Llegado este punto, esta reflexión podría optar por dos caminos. Uno seria recorrer toda la teoría política sobre el Estado y la Democracia Representativa de los últimos 30 años, donde se ofrecen sobrados argumentos para mostrar la crisis de representatividad, las crisis parlamentarias, la ruptura entre representado y representante, la crisis de identidad de los partidos políticos, la crisis del Estado en su capacidad de gestionar dicha representatividad, etc. etc.
Otra vía, seria discutir la distinción entre lo político (lo estatal) y la política (otros modos de disputa social y democrática), que también tiene larguísimas diatribas filosóficas, históricas y políticas.
Me voy a inclinar por la segunda, trayendo dos líneas no más, de un filosofo político de lectura obligatoria en los últimos años; me refiero al francés Jacques Rancieré, autor de El espectador emancipado (2008), El odio a la democracia (2005), El Desacuerdo (1995), 11 tesis de política (entre una larga lista).
Rancieré, suscribe a la división entre lo político, como un campo que en los últimos años se ha vuelto hacia una reducción de lo estatal, y la política, como un ámbito diferente. ¿Qué sería la política? En la tesis 6, nos dice lo siguiente: “La esencia de la política es la acción de sujetos suplementarios que se inscriben como sobrante en relación a toda cuenta de las partes de una sociedad”. Y en la tesis 7: “Si la política es el trazado de una diferencia evanescente con la distribución de los partidos y de las partes sociales, resulta que su existencia no tiene nada de necesario sino que más bien adviene como un accidente, siempre provisorio, en la historia de las formas de la dominación”.
Permítanme oficiar de traductor de estas líneas. Para Ranciaré, lo político, lo estatal, tiene de alguna manera la función de distribuir las partes de lo social y sus funciones. Asignar a cada uno, su lugar en la discusión, su rol en el debate, su manera de intervenir sobre la vida social. Es el orden de lo estatal-social, de la representación y lo legal. Es, de alguna manera, el sentido de lo político que caracteriza al argumento anti-toma o anti-protesta que mencione antes, aquel al que no le gustan las acciones que van en contra de esta manera de funcionamiento de lo político.
Ahora bien, si el mundo fuese un lugar maravilloso, justo, equitativo, igualitario (perfecto digamos), solo existiría lo político, no necesitaríamos más que esta dimensión de lo político. El problema aparece cuando uno comprende y experimenta que el mundo está siendo injusto y desigual (algo que no todos viven, entienden o comparten). Y aquí nuevamente dos opciones: a) aceptar que el mundo es injusto y desigual, y que hay un solo orden posible, el de la distribución que realiza el Estado a través de lo político. O una segunda opción: b) disputar, debatir, conversar sobre cómo cambiar esa distribución, cómo ampliar la forma de lo Estatal, cómo hacer intervenir nuevas voces en esos criterios, cómo inventar nuevas formas de distribución que no se ajustan a lo instituido de lo legal, pero que son legitimas porque quieren reparar la desigualdad y la injusticia. Esta segunda opción, estas maneras de discutir el orden establecido, eso es la política.
Y he aquí lo mas importante de todo. La democracia se caracteriza, justamente, por ser el sistema donde es la política, la que lleva adelante las transformaciones y no lo político. Más aún, en el estudio histórico de todas las democracias latinoamericanas, lo que se corrobora es que, las mejoras sociales sustanciales, la ampliación de derechos y las maneras de revertir la desigualdad y la injusticia, se han originado siempre en la dimensión de la política, no de lo político.
IV.
Vamos entonces a una caracterización de lo político (lo estatal-legal)en nuestra actualidad:
Uno: actualmente vivimos una crisis de representación, donde los representantes mienten, traicionan, desfiguran, cambian, violentan su relación con los representados. Este punto es absolutamente indisimulable y se ha vuelto obsceno en las dinámicas de votación del ultimo año en diputados y senadores.
Dos: el Estado está llevando al máximo su capacidad de decidir qué lugar le corresponde a cada uno en la distribución de lo social. En el caso de Milei eso significa que el presidente se arroga mas poder que el parlamento. Su ley bases, sus DNU y sus vetos, son una forma de extremismo de eso. El rey ante que cualquier mecanismo de representación. Es decir, vivimos actualmente un estado de corrupción de lo político y lo estatal.
Tres: se han roto todos los mecanismos legales (dentro del poder legislativo, ejecutivo y judicial) para hacer valer los reclamos sociales y las situaciones de injusticia y desigualdad. Es decir, en la concepción de “lo político” de la Libertad Avanza, no hay lugar para la discusión, el debate, ni la transformación, “lo político” es un orden inalterable, eso significa “las fuerzas del cielo”. Lo político, como algo eterno, incambiable. Los que padecen y viven injusticias tienen que “aguantar”, es la única forma de vivir lo social. Aguantar la injusticia, porque ese es el orden “objetivo”, no hay otra opción.
4: en este esquema, toda protesta es una acción repudiable,y por tanto, reprimible. La única transformación posible, el único sujeto que puede llevar adelante “lo político”, es el Estado, en su forma reducida al hiperpresidencialismo.
Ahora si, finalmente, llego al título. ¿Por qué es importante tomar la universidad?
V.
Lo primero que hay que decir, es que TOMAR una universidad no es una acción para dar inicio a una protesta, sino más bien, una opción de ultima instancia. En el ultimo año, el CIN (Consejo Interuniversitario Nacional), el CONICET, la Agencia de promoción científica, y cuanto organismo nacional de educación y ciencia existe, han intentado por múltiples medios conseguir el financiamiento necesario para funcionar. Han agotado todas las vías de lo legal, lo estatal, y finalmente, con la votación del veto, se rompió el último eslabón posible de representatividad. Ante esta situación, todas las universidades y organismos recurrieron a la única manera posible de transformar la realidad: hacer política. Hacer política, tal como lo dice Rancieré: discutiendo cómo se distribuye lo social, cómo se distribuyen las voces de quien puede decidir el futuro de lo social. Los universitarios, están haciendo lo mas importante que se puede hacer en democracia, que es abrir la disputa por la representación y la distribución de lo social. La TOMA es una acción política que denuncia la corrupción de lo político. Una acción, que denuncia la ruptura del pacto de representación, que denuncia la ilegitimidad de lo legal. Lo digo de nuevo: la toma es una acción política que denuncia la ilegitimidad de los mecanismos estatales actuales. No es una protesta cualquiera, es, como lo dice Rancieré, una acción que adviene ante una forma de dominación. Y esto es lo fundamental, el gobierno de Milei puede ser un gobierno político y estatal, pero también puede llevar adelante una supresión de la política, a eso se refiere Rancieré cuando dice que la política construye acciones contra formas de dominio. Lo que hoy se pretende es justamente dominar a un sector social que tiene una visión distinta a la de Milei. Lejos de abrir el diálogo, se busca dominar y reprimir. Lejos de alentar a la democracia, se busca silenciarla y comprarla. Todo eso se pone en juego cuando se toma una universidad, cuando se corta una calle, cuando se interrumpe lo legal. Justamente ese es parte del sentido fundamental, interrumpir lo legal. Señalar el problema que aparece con el orden que propone el Estado. La protesta, tiene que, debe, interrumpir el orden de lo establecido.
No puede haber acción política, sin esa direccionalidad, sin esa intención. Por eso, la política es también, una de las ultimas herramientas de la democracia. Cuando todo falla, cuando todo se corrompe, no queda otra opción que la acción disruptiva ante lo legal, lo establecido y lo estatal.
VI.
Frente a este cuadro, vuelvo a aquellos que “miran de reojo”. Tal vez piensen que lo político no está corrompido, que el sistema de representación todavía funciona, que cada uno esta en el lugar que corresponde y que hay que aguantar.
En ese caso, y para ser coherentes con su propia y objetiva versión de la realidad, debería renunciar a todo tipo de beneficio o mejora social que provenga de la acción política y solo quedarse con aquellos beneficios que han sido instituidos desde el Estado. Eso sería imaginarse sus vidas sin ninguna de las transformaciones que se dieron en la sociedad gracias a la acción política, una vida donde las mujeres no votan, donde no hay vacaciones pagas o indemnizaciones, donde no hay derechos laborales, ni educación gratuita, ni jubilaciones, etc. Etc. Etc.
Si hacen ese ejercicio de imaginación y se encuentran en un escenario que no les gusta, si se dan cuenta que sus vidas han mejorado sustancialmente gracias a la acción política y la protesta social, si pueden, en un ejercicio de autocrítica y reflexión, reconocer que la historia de la argentina se ha beneficiado enormemente de la lucha social, si pueden aunque sea, reconocer mínimamente que los derechos amplían la democracia, entonces, los esperamos para acompañar cualquiera de las actividades de protestan que se harán esta semana, en defensa de la universidad pública, gratuita y de calidad.
(*) Lic. en filosofía. Dr. en Estudios Sociales de América Latina.
Docente e investigador.
@manuel_fontenla