Gran repercusión tuvo, y no es para menos, la noticia de que tres choferes que estaban a cargo de un colectivo de un viaje estudiantil dieron positivo de cocaína en un control de narcolemia en la ciudad de Rosario, momentos antes del horario de partida hacia Villa Carlos Paz. Ante el estupor de los chicos y sus padres, los organizadores tuvieron que convocar a un cuarto chofer, que por fin llegó “limpio”.
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La droga al volante
Los choferes argumentaron luego que no habían consumido cocaína, sino mascado hojas de coca, práctica común que no está prohibida y que les sirve a los conductores para permanecer despiertos más tiempo. La posibilidad de que así sea fue corroborada por médicos toxicólogos, que sostienen que se deben hacer pruebas más exhaustivas para determinar qué es lo que en verdad consumieron. De hecho, en la mayoría de las provincias no se realiza a los conductores profesionales de vehículos este tipo de test, que se efectúan a partir de la orina, porque el número de falsos positivos es alto.
El que sí dio positivo de cocaína de manera indefectible porque en este caso fue sometido a análisis más completos es un policía de Rosario. La prueba fue solicitada luego de que el efectivo, junto con un compañero que dio negativo, golpeó a un repartidor por una falta de tránsito. No es posible determinar si la violencia con la que actuó el uniformado es resultado del consumo de la sustancia prohibida –de hecho, su compañero fue igual de violento sin consumir-, pero está claro que es inaceptable que un policía, cuya función esencial es cuidar al resto de los ciudadanos, tenga este tipo de prácticas y/o adicciones. La propia institución policial actuó como se esperaba: lo pasó inmediatamente a disponibilidad.
En lo que respecta a los controles de tránsito, tanto a choferes profesionales que prestan servicios en el transporte público o privado como a conductores de vehículos particulares, son muy habituales –en el primero de los casos casi de carácter obligatorio- los controles de alcoholemia. Loa alcoholímetros tienen una precisión notable, y no dan lugar a los falsos positivos. Tal vez deberían implementarse también, en la medida de lo posible, controles para comprobar si los que manejan un vehículo lo hacen bajo los efectos de estupefacientes, que son tan o más nocivos que el propio alcohol consumido en exceso. No hay legislación nacional al respecto y las locales, a nivel de ciudad, son todavía escasas y poco precisas.
El caso de las dudas respecto de los colectiveros que no se sabe si consumieron cocaína u hojas de coca –es decir, los falsos positivos- es un problema que se resuelve con más y mejor tecnología, como la que se utiliza en varios países europeos, en los que los controles a conductores para determinar si consumieron alguna droga que afecte su capacidad de manejo son frecuentes, pero además eficientes.
Tal vez si se confeccionaran estadísticas de las causas de los accidentes se comprobaría que, además del alcohol, el consumo de sustancias prohibidas o drogas legales son también factores que producen los siniestros, y eso motivaría legislaciones que garanticen controles sistemáticos y con tecnología de calidad. No solo el alcohol al volante mata, también la droga.