Cuesta encontrarle alguna razonabilidad política al acuerdo que, por intermedio de Patricia Bullrich, cerraron el expresidente Mauricio Macri y el candidato a presidente Javier Milei.
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Juntos antimacrista
El pretexto es impedir que el kirchnerismo retenga la Presidencia con un triunfo de Sergio Massa en la segunda vuelta del 19 de noviembre, pero es muy llamativo que el pacto se haya celebrado a solo dos días de la primera vuelta y, sobre todo, a espaldas de Juntos por el Cambio.
Esto es: Macri no desarrolló un trabajo para convencer a quienes lo consideran un referente para que se plieguen a la candidatura de Milei y directamente les presentó los hechos consumados. Esta defección resulta aún más llamativa si se considera que Juntos por el Cambio tendrá a partir del 10 de diciembre 10 gobernadores, más de 500 intendentes, 24 senadores nacionales y 92 diputados nacionales, independientemente del resultado del balotaje.
Macri, que todavía no dio la cara y se escuda en Bullrich, no solo ignoró a los radicales y a Elisa Carrió, sino también a su propio partido, el PRO, de manera que el movimiento fue interpretado como una puñalada trapera que se eslabona con los mutuos coqueteos que mantuvo con Milei después de las PASO. También con el modo en que se encargó de anular a figuras que pudieran convertirse en una amenaza a su liderazgo, como María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y la propia Bullrich, a la que, como mínimo, dejó librada a su suerte en su finalmente frustrada carrera hacia la Presidencia.
Habrá que esperar el desarrollo de los acontecimientos para saber si Macri acierta o no, pero por lo pronto parece haber oficiado como partero de un Juntos por el Cambio antimacrista, cosa que es una meritoria novedad en un escenario que parecía saturado de sorpresas.
La Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica, el PRO referenciado en Horacio Rodríguez Larreta y los gobernadores electos y en ejercicio de Juntos por el Cambio se pronunciaron en contra del acuerdo con Milei y a favor de mantenerse orgánicamente prescindentes en el balotaje. En la conferencia de prensa radical, Gerardo Morales y Martín Lousteau mencionaron además al peronismo republicano de Miguel Pichetto.
Este es el dato más significativo que emergió de la intensa jornada de ayer. La mayor parte de Juntos por el Cambio encontró en el inicio de la crisis por la derrota un aglutinante inesperado: el antimacrismo.
Hasta el cierre de esta columna, el expresidente y Bullrich no habían recibido ningún respaldo de envergadura. Por el contrario, la veloz reacción de radicales, lilitos y lo que vendrían a ser ahora exmacristas induce a pensar en que les resultará muy difícil arrastrar a otras figuras de gravitación hacia el redil libertario.
La visión imperante en Juntos, al menos por los pronunciamientos, es que el país ha quedado atrapado en una alternativa funesta entre dos populismos, representados por Massa y Milei y que ante esto lo único que cabe hacer es robustecer la alianza conformada en 2015 para ponerles límites una vez que accedan al poder y proyectarse como alternativa.
Otra posición, sostenida por radicales como Federico Storani, se inclina por votar a Massa para clausurar cualquier posibilidad de que Milei llegue a la Casa Rosada.
Y está la de Macri y Bullrich, que apoya decididamente a Milei y retoma la grieta kirchnerismo/antikirchnerismo.
Milei se estancó en el 30 por ciento de las PASO y Patricia Bullrich se desplomó. ¿Cuántos votos de Bullrich irán a Milei? ¿Está en condiciones Macri de garantizar ese traslado? ¿Qué hará el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti, que obtuvo 1,8 millones de votos?
Grandes interrogantes que se superponen a otro, más importante, ¿cómo impactará en el electorado de Milei el acuerdo con Bullrich, ex “asesina tirabombas montonera” y Macri? ¿Mantendrá el libertario su atractivo anticasta?
Enigmas de un proceso atípico, en el que el macrismo antimacrista comienza de dejar de ser un oxímoron.