Las continuas y cada vez más dramáticas advertencias de la comunidad científica sobre los efectos actuales y futuros del calentamiento global suelen tener pocos efectos prácticos, más allá de los discursos de compromiso de los gobernantes y documentos firmados con reticencias en las cumbres que se convocan a tales efectos. Es decir, la preocupación declamada no se traduce en políticas estratégicas orientadas a mitigar y revertir el cambio climático a partir, por ejemplo, de decisiones políticas más firmes respecto de la transformación de la matriz productiva. Son, por lo general, puestas en escenas.
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Grieta entre ciencia y política
Esta suerte de grieta entre la ciencia y la política parece ensancharse a medida que se agravan los efectos del deterioro ambiental. Tan es así que esta semana un artículo de la revista académica Nature Climate Change insta a científicos y científicas a una suerte de “desobediencia civil” para que las advertencias se conviertan en acción política. Se trata de una invitación a que los investigadores asuman posiciones políticas y no se limiten a formular estudios que explican solo las causas de las catástrofes que se avecinan.
Paralelamente, más de 300 científicos hicieron una declaración pública respaldando a esta campaña, que se denomina Extinction Rebellion y que ya se inició hace un año en Gran Bretaña para extenderse luego hacia otros países. Son científicos del clima, físicos, biólogos, ingenieros de 20 países que se plegaron a la iniciativa y alentaron a colegas a que también lo hagan.
La presunta neutralidad de la ciencia es puesta nuevamente en tela de juicio. Los científicos investigan para entender y transformar el mundo, pero no pueden estar ajenos al destino de sus descubrimientos: si van a utilizarse para salvar vidas (humanas o del mundo animal y vegetal), para aniquilarlas o para que se los administre con tanta moderación que los cambios necesarios lleguen tarde.
“El tiempo es corto para asegurar un futuro habitable y sostenible –dice el artículo de Nature Climate Change; sin embargo, la inacción de los gobiernos, la industria y la sociedad civil está marcando el rumbo de un calentamiento de 3,2 °C, con todas las consecuencias catastróficas y en cascada que esto implica”. Y seguidamente convocan a la “desobediencia civil” para que los que deben tomar las decisiones políticas, despierten del letargo y lo hagan.
Lo habitual hasta ahora es que los científicos investiguen y publiquen sus conclusiones, y si bien instan a que sus recomendaciones se transformen en medidas concretas, el compromiso político es bastante limitado. La militancia ambiental queda restringida a las organizaciones no gubernamentales, que se nutren por cierto de hombres de ciencia, pero las caras visibles suelen ser otros.
El llamado a la “desobediencia civil” implica un cambio de estrategia de la ciencia para presionar a las autoridades, pero también es un grito desesperado que toda la sociedad debería escuchar.