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Opinión

"Debemos pasar el invierno"

Por Hernán M. Colombo

1 de abril de 2026 - 14:21

Debemos prepararnos para pasar, por lo menos, dos inviernos (en caso de que decidamos cambiar el gobierno y el modelo)

Según el diario El Ancasti, por la quita de subsidios de Nación, el costo de la energía en los hogares al menos se duplicará. En este contexto, es necesario hacerse una pregunta incómoda pero fundamental. Si la crisis energética vinculada al petróleo no debería afectarnos, siendo un país que se autoabastece de petróleo, ¿por qué ocurre esto? La nafta ya subió un 20%, superando los 2000 pesos, ubicándose en niveles similares a los de países que dependen del crudo de Medio Oriente. Se trata, en los hechos, de una transferencia directa de recursos desde el pueblo argentino hacia las empresas energéticas y de hidrocarburos.

A los precios mayoristas en alza se suma un recorte de subsidios nacionales de magnitud inédita. El nuevo esquema de Subsidio Energético Focalizado implementado por el Gobierno nacional reduce el tope de consumo subsidiado de 550 kWh a apenas 150 kWh en algunas zonas. Esto se traducirá en aumentos de hasta el doble en la boleta para un mismo nivel de consumo en los hogares catamarqueños.

Como mencionábamos en notas anteriores, este modelo consolida una transferencia regresiva que se suma a los magros recursos, los bajos salarios, jubilaciones y un creciente ejército de desocupados en Argentina. El pueblo está transfiriendo recursos que antes se destinaban a alimentos, salud y seguridad social hacia los grandes concentradores de riqueza del país, a quienes este gobierno de Milei representa. Incluso se llega a beneficiar a quienes acumulan dólares de dudosa procedencia mediante la denominada “ley de inocencia fiscal”, mientras la mayoría de la población enfrenta crecientes penurias. Por su parte, el 70% de lo que produce el país (que está destinado al consumo interno) se deteriora cada vez más. En consecuencia, la caída del consumo interno significó una caída de siete meses consecutivos de la coparticipación.

El escaso crecimiento está concentrado en la producción de materia prima: agro, petróleo, minería, etc. Sin embargo, estos sectores significan solo una pequeña parte del PBI nacional. En la minería, aun con mejoras en la producción, se registra más capital, menos trabajo, más exportaciones, menos empleo. Por tal motivo, la Secretaría de Trabajo habla de una gran reducción de trabajadores mineros en todo el país.

Es un patrón conocido. Como en otros momentos de la historia argentina, el dinamismo económico se apoya en sectores de alta productividad o primarios, que no requieren grandes volúmenes de empleo para expandirse. El resultado es una economía partida. No solo entre sectores, sino también entre personas. “Todos conocemos gente a la que le va bien, gente a la que le va mal y gente a la que le va espectacular”, señaló el ministro de Economía. Es una radiografía de la Argentina actual.

Deberíamos preguntarle al gobernador de Catamarca y a nuestros representantes en el Congreso de la Nación si no es momento de exigirle al Gobierno nacional que explique por qué aumentan la energía y los combustibles mientras las jubilaciones siguen siendo de hambre, el salario mínimo no cubre ni un tercio de la canasta básica y los programas de asistencia social se reducen a niveles ínfimos. Mientras tanto, las tasas y las tarifas aumentan de manera sostenida. No hay una explicación sensata, porque, como señalamos, Argentina es productora de petróleo.

En este contexto, aquella frase “tenemos que pasar, por lo menos, otros dos inviernos” es una realidad. El ajuste aparece como la única alternativa, pero la pregunta sigue abierta: mientras las jubilaciones y salarios se ahogan frente a la inflación, los alimentos aumentan y las tarifas golpean cada vez con más fuerza en nombre del superávit fiscal, el diagnóstico es claro: debemos saber que con este modelo nunca llegará el bienestar que esperamos.

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