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Editorial

Convencer más que obligar

7 de febrero de 2022 - 01:05

Siguiendo el ciclo que los expertos aguardaban y que ya se había dado en otros países, la curva de los contagios de Covid en la Argentina, dominados abrumadoramente por la variante Ómicron, está cayendo abruptamente desde hace casi 20 días, a una velocidad similar a la que subió desde la segunda quincena de diciembre.

La nueva variante, descubierta en Sudáfrica en noviembre, es mucho más contagiosa que las anteriores del virus, incluso afectando a personas vacunadas, pero la buena noticia es que las vacunas existentes se han mostrado altamente efectivas para reducir las hospitalizaciones y muertes por la enfermedad.

Una serie de estudios realizados en distintos países del mundo confirman el estratégico rol de las vacunas contra el nuevo coronavirus para evitar casos graves y fallecimientos, y demuelen de esa manera los argumentos de los sectores antivacunas. En la Argentina, un relevamiento efectuado por el Ministerio de Salud durante el auge de la tercera ola –primera quincena de enero-, señala que aquellas personas que tenían el esquema completo de vacunación fallecieron entre 6 y 12 veces menos en comparación con los individuos que no recibieron ninguna dosis. La tasa de defunciones por covid en personas que no se vacunaron fue de 30 por millón de habitantes; de 16 por millón de habitantes en quienes se inyectaron una dosis y de 5.89 para quienes tenían las dos primeras dosis.

Otro estudio, elaborado en Suiza por la organización Our World in Data, consigna que en personas sin vacunar la tasa semanal de mortalidad asciende a 13,06 por cada 100.000 habitantes, pero se reduce hasta 1,44 (aproximadamente 9 veces menos) en personas que tienen dos dosis y a 0,27 (48 veces menos) entre personas con dosis de refuerzo.

En Cataluña, España, un informe oficial indica que según datos recogidos entre el 23 de diciembre y el 12 de enero por cada 100.000 habitantes, la mortalidad de personas de 70 u 80 años es cinco veces mayor para los no vacunados que para los inmunizados. Así, en este periodo se han notificado 50 muertes por 100.000 personas entre las personas sin vacunar de 70 a 79 años, mientras que entre los inmunizados la cifra es de solo 10 por cada 100.000, es decir, cinco veces menos.

Otro informe, realizado en este caso en Estados Unidos en septiembre y referido al impacto de la variante Delta, establece que los no vacunados han muerto 11 veces más que los que recibieron las dos dosis.

Estudios de este tenor se multiplican por todo el mundo con resultados similares. Pero, más allá de los exhaustivos trabajos de investigación, una simple recorrida por las terapias intensivas sería suficiente para corroborar la tendencia señalada.

La orfandad de argumentos de los movimientos antivacunas ha quedado expuesta, pero lo que no parece definido con precisión es la estrategia a seguir para universalizar la vacunación. La obligatoriedad no parece ser la más adecuada, como tampoco acciones que, más que preventivas, parecen persecutorias. Tal vez deberían profundizarse las campañas de concientización en las que se divulguen datos duros y objetivos como los expuestos, que no dejan lugar a dudas, convenciendo más que obligando.n

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