Recién sobre el filo de la medianoche del sábado, cuando la tensión por la incertidumbre había escalado a niveles insoportables para la dirigencia que buscaba definiciones urgentes, el oficialismo provincial terminó de cerrar un acuerdo político que prioriza, en el escalón más encumbrado, un esquema de candidaturas caracterizado por el status quo: habrá intentos reeleccionistas en la fórmula gubernamental y en la intendencia de la Capital.
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Consenso trabajoso y enfrentamiento inevitable
El consenso fue trabajoso y estuvo, según las versiones de las fuentes cercanas a la negociación, pendiendo de un hilo hasta último momento. En este punto, la información se confunde con los trascendidos y éstos se contaminan de operativos políticos interesados que impiden, por el momento, conocer los detalles más finos de las negociaciones: cómo y por qué estuvieron a punto de naufragar y cómo y por qué, sobre la hora, terminaron prosperando. Sin embargo, lo que quedó en evidencia es que el resultado final de la conformación de la nómina de postulantes generó malestar en amplios sectores de la fuerza gobernante. Ciertamente no se cumplieron las expectativas de renovación que se habían incubado a lo largo de todo el proceso previo. La repetición es el lugar común: son los mismos dedos y los mismos bendecidos.
Además, el esquema finalmente convalidado resultó mezquino para el peso interno que tiene el sector del intendente. Solo a modo de ejemplo, la precandidatura a la senaduría de la Capital, espacio que lógicamente debe articular políticas con la institución municipal, la ocupa un dirigente que no pertenece al riñón de Gustavo Saadi, Ramón Figueroa Castellanos, sin desmerecer sus pergaminos y cualidades como dirigente político. Debe recordarse, además, que la banca la ganó en 2019 Maximiliano Brumec, un dirigente de peso que originalmente había anticipado su ambición de ser jefe comunal.
Unión por la Patria se esforzó, tanto en el nivel provincial como en el nacional, por alcanzar la unidad. Algunos analistas concluyen que la unidad está sobrevalorada. La competencia interna puede convertirse en factor que potencie la fuerza donde se registra. Salvo, claro está, que la compulsa deje heridas abiertas de modo tal que en vez de sinergia se ocasione diáspora.
La oposición era consciente de antemano que la unanimidad en las listas era misión imposible, tanto a nivel provincial como nacional. El enfrentamiento era inevitable. La paridad previa competencia entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, en la categoría Presidente de la Nación y entre Rubén Manzi y Flavio Fama, para gobernador de la provincia, impide formular pronósticos con cierto grado de precisión.
Se vislumbra con nitidez, sin embargo, el declive de la gravitación del radicalismo. No solo carece de candidato a presidente sino que además entra en las probabilidades, computando la equivalencia mencionada más arriba, que no tenga tampoco precandidato a gobernador, si es que Manzi, apoyado por un sector importante de la UCR, incluido el recientemente electo presidente del Comité Provincia, que aceptó una postulación de menor envergadura que el dirigente de la Coalición Cívica, se impone en las PASO.
Así como en 2015 puso al servicio de Cambiemos su potente estructura nacional para estimular el crecimiento electoral de Mauricio Macri, del mismo modo hoy la Unión Cívica Radical ofrenda su estructura provincial y sus recursos para empinar a dirigentes de fuerzas que carecen de ellos en casi toda la provincia.
El cierre de listas para las PASO constituye el paso preliminar de un proceso que culminará en octubre. Entonces se sabrá si resultó mejor negocio el esfuerzo por lograr la unidad, aun con evidentes costos internos, o la confrontación abierta entre espacios.