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Lo bueno, lo malo y lo feo

Colonización cultural

10 de enero de 2024 - 00:00

Por el Licenciado Nicolás Quiroga

Recientemente, en la Universidad Nacional de Córdoba entre estudiantes y docentes se debatió y reflexionó sobre la importancia de la comunicación y de la información como un derecho fundamental para la democracia.

Sumo esta referencia para resaltar la importancia de comunicar, publicando los temas que no pueden ser interpretados de otra manera que no sea el interés común de la ciudadanía y sus comunidades.

Algo está pasando en nuestra provincia. Asistimos sorprendidos a las decisiones tomadas por un gobierno entre paréntesis “libertario”, que propone medidas no muy distantes a lo expresado en campaña electoral, pero recordamos que los catamarqueños, con un gobierno justicialista, también dimos mayoría en sintonía al acompañamiento nacional. Aquí también la generación de jóvenes tuvo su aporte decisivo.

Con epicentro en Fiambalá se ponen en juego no solo aspectos de orden económico/financiero, como lo es la extranjerización de recursos naturales, hablando en principio del litio y, como ya dijimos en otras oportunidades, las cuencas acuíferas y la tierra, entre otros recursos naturales. Todo lo anterior va de la mano con otro accionar que erosiona la soberanía nacional y regional: la colonización cultural.

No debemos olvidar que más allá del contexto presente, dependiente de las políticas del actual gobierno nacional, este proceso ya se venía gestando desde estamentos superiores de la provincia con otras terminales geopolíticas, con la instalación de los primeros oligopolios mineros internacionales acompañado de algún nepotismo de representación jerárquica.

Buscar salidas desde la política, ya que es la única herramienta que nos permite asumir lo colectivo y con ello el bien común, nos lleva a pensar en componentes casi indisolubles de nuestra identidad provincial. Nos referimos al ejercicio ciudadano dentro de los movimientos populares. Quienes sepan leer la historia de nuestro pueblo más allá de sus inclinaciones ideológicas, entenderán que la lucha popular es parte de nuestro paisaje de formación histórica, la cual trasciende cualquier traición de las cúpulas jerárquicas que ilegítimamente instalan el descontento y la desesperanza.

Entendemos que este es el llamado natural y vital al justicialismo, en tanto desafío trascendente.

Ésta es la razón principal por la cual no podemos pensar en definiciones políticas sin la participación de la ciudadanía y del Justicialismo como movimiento popular, no solo para adoptar unas posiciones comunes y autónomas, sino para enfrentar desde políticas comunes los grandes temas que nos son transversales y que, por lo tanto, nos trascienden.

Con epicentro en Fiambalá se ponen en juego no solo aspectos de orden económico/financiero. Éstos van de la mano con otro accionar que erosiona la soberanía nacional y regional: la colonización cultural

En una carta sobre la gesta de Juan Manuel de Rosas en defensa de la Patria, nuestro máximo prócer nacional, San Martín, refería a lo siguiente: "El deshonor recaerá en nuestra patria si las naciones extranjeras triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

De esta manera, los gestos que construyen los gobiernos populares son desde la identidad, y necesariamente se asocian a la autonomía en el campo de las ideas, donde las reflexiones sobre los desafíos propician la cultura de una comunidad unida.

Urge una dirigencia con responsabilidad de gobernar el presente y aún más: que marque rumbos a futuro, sin poner en juego o entregar nuestro destino cultural, social, económico, educativo a las coyunturas electorales y sus arenas movedizas ya que, como recién decíamos, lo que está en juego no es solamente nuestra soberanía económica, sino también la cultural.

Por experiencia propia, puedo afirmar que la salida no pasa por la búsqueda de salvadoras inversiones.

El fracaso padecido en dos décadas con el Frente Cívico y Social es testigo de la resignación de nuestra soberanía como consecuencia de una coparticipación vergonzosamente desigual de nuestras riquezas. Recordemos que, amén de haberse construido riquezas individuales y con ello feudos políticos, su impacto destruyó nuestro patrimonio económico y desequilibró la administración de nuestras finanzas.

Desde una perspectiva geopolítica, no podemos negar los escenarios de incertidumbre, intencionalmente gestionados desde mecanismos de control y dominio bajo la metodología sistemática del endeudamiento.

Hoy, los bloques de poder tensan la pulseada; de esta manera, se hacen presentes en nuestras provincias, un imperio en proceso de ascenso (China) y otro en un proceso de regresar (liderado por EEUU).

A esto le sumamos el problema de la deuda que condiciona toda la política interior en cada país.

Repetimos, esto es histórico, ya que consiste en endeudar a países en gobiernos neoliberales más allá de sus capacidades de pago y limitar, de esta manera, toda capacidad de decisión soberana.

Ante este escenario tan complejo, no es desde el aislamiento de burbujas del poder que podemos pensar y decidir de manera solitaria y de acuerdo a intereses sectoriales nuestras representaciones políticas, enajenando aún más a la comunidad que los sostiene.

El camino es un imperativo ético de ciudadanía. La trascendencia a tales desafíos por parte del Justicialismo podrá ser siempre y cuando se logren pensar que no se trata de considerar a las políticas mineras para generar trabajo perdiendo lo esencialmente doctrinario, que es la condición humana como realización personal y social del ser catamarqueño.

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