domingo 7 de abril de 2024
Análisis

Clima, calor y energía eléctrica. Los costos de no tener un modelo de desarrollo

Por Rodolfo Schweizer. Especial para El Ancasti- Febrero 2024

Escribir sobre algo de lo cual no hacen falta muchas explicaciones, puede parecer sin sentido. Que hace mucho calor y que año a año el calor es más insoportable no es ninguna novedad. Que los equipos de enfriamiento en la casa no funcionan bien o no andan por la tensión eléctrica baja, tampoco. Sin embargo, creemos que el tema merece una consideración si es que pretendemos comprender saber qué pasa con el clima y el servicio público de energía, para amortiguar eventualmente sus efectos.

El problema con el clima y su relación con lo eléctrico abarca dos áreas: uno es el privado, y toca a la vivienda familiar, donde el dueño de casa y su familia decide y el otro es el público, donde el Estado y lo político reinan. Si bien aquí nos referimos a las altas temperaturas y su impacto ambiental, desde el punto de vista de la energía eléctrica la carga representada por una vivienda al sistema ocurre todo el año, por lo que los problemas son los mismos en verano o invierno. Quizás esto aclare las cosas energéticamente a nivel personal o familiar y, por otro lado, ayude a reflexionar sobre el tema a los aspirantes a redentores sociales, los políticos. Vamos al calor.

El clima

Para empezar, permítasenos recordar que la evolución del clima hacia mayores temperaturas, por una evolución natural, hoy ayudada por las conductas humanas, es cosa vieja y sabida desde la década de 1880 más o menos, cuando la Revolución Industrial estaba en su apogeo. Pero, yendo más cerca, lo habíamos comentado en febrero de 2019 en este mismo medio, bajo el título “Las temperaturas a futuro: impacto en plantas y agricultura”, acompañadas por la imagen adjunta.

La información que presentamos entonces provenía del Laboratorio de Impacto Climático , (ClimateImpactLab en inglés) (http://www.impactlab.org/)-una organización académica fundada por científicos del Energy Policy Institute de la Universidad de Chicago, el Rhodium Group, la Universidad de Berkeley en California y la Universidad Rutgers de Estados Unidos. En ese momento aprovechamos una información interactiva del periódico New York Times, que permitía estimar la cantidad de días en que la temperatura estaría por encima de los 32 grados centígrados en cualquier punto del planeta. La elección de esa temperatura no fue arbitraria, sino que respondía al criterio científico de que 32 grados es la temperatura umbral a partir de la cual el cuerpo, que funciona a 37 grados centígrados, empieza a sentir el efecto de la alta temperatura y demanda protección. Así de simple.

Basados en esa herramienta científica construimos entonces la tabla siguiente, donde se estimaba lo que ahora se nos vino encima con la ola de calor: la cantidad de días en que estaríamos por encima de 32 grados. Según los datos, para 2020 se estimaba que en Catamarca capital habría entre 25 y 35dias(32 días promedio) en que la temperatura iba a estar por encima de 32 grados. Para 2030, unos 35 días. Para 2040, unos 44 días. Para 2090, unos 60 días, o sea unos dos meses. La tabla incluye también los números más que preocupantes para otras ciudades de la provincia. Por lo tanto, la amenaza del clima es bien conocida y debería mover la silla a quienes se meten a salvadores de la patria: los políticos.

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Obviamente, esto desacredita a aquellos que, desde su adhesión a la ignorancia niegan el cambio climático.Nos referimos aquí a quienes la desaparición de los témpanos que se derriten en la Antártida o las sequias que dañan la producción agropecuaria, o las crecientes inusitadas de los ríos de montaña, o los cientos de glaciares cordilleranos que están desapareciendo y comprometen la provisión de agua a futuro, no dicen nada.

A quienes en este momento estén interesados en el tema de las temperaturas a futuro, recomendamos visitar el sitio-web del ClimateImpact Laboratory https://impactlab.org/map/#usmeas=absolute&usyear=1986-2005&gmeas=absolute&gyear=2020-2039&tab=global&grcp=ssp245&gvar=tas-DJF. Aquí encontrarán este mapa interactivo donde verán en más detalle lo que se anticipa para el futuro regionalmente y para el mundo.

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En el mapa aquí reproducido se puede apreciar en variaciones de color amarillo las zonas donde la temperatura estará por encima de 35 grados centígrados hasta 2039. La estimación llega hasta el año 2100, o sea dos generaciones delante de la actual, a los futuros nietos. Que no se diga entonces que no sabemos lo que nos depara el futuro.

Pero, aquí no acaban nuestros problemas. Acaba de aparecer en los medios internacionales la descripción de un fenómeno que también afectará al hemisferio sur, o sea nuestra región. Es el problema con la circulación de las corrientes en los océanos del mundo, esta vez afectadas por el derretimiento de los polos y especialmente de Groenlandia. Nos referimos aquí a la llamada AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation), una corriente oceánica que circula desde el Caribe hacia el Atlántico norte arrastrando agua cálida, la cual define el clima templado de Europa. Como el mapa lo señala, esta corriente cálida mostrada en el mapa en rojo, sube hacia Inglaterra, se saliniza, atempera el clima europeo, se enfría con el agua dulce de derretimiento que le baja de Groenlandia y el Ártico y se hunde bajo el agua, para luego dar la vuelta y bajar hacia el Atlántico sur, (color azul), donde genera las estaciones secas y húmedas en las cuales vivimos.

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(Imagen: https://www.pik-potsdam.de/en/news/latest-news/gulf-stream-system-at-its-weakest-in-over-a-millennium)

Pues bien, esta circulación está por detenerse ahora por el cambio climático, causado por la demasiada agua dulce fría que le entra desde Groenlandia y el Ártico debido al efecto del calentamiento global, lo cual afectará el clima de Europa. Se estima que este fenómeno natural, que es la repetición de otro similar hace 12.000 años atrás, bajará la temperatura en Europa unos 20 a 30 grados y que esto también afectará a la América del Sur. ¡Se estima que esto puede empezar a pasar a partir de 2025!

Este detenimiento de la circulación oceánica afectará a la Amazonia donde se revertirá el orden de la estación seca con la húmeda y, al revés de lo que va a pasar en Europa, aumentará la temperatura y la humedad en Sudamérica por falta de la corriente fría. Al alterarse el orden de la estación de lluvias la agricultura pagará las consecuencias. Imaginemos la situación si a esto le sumamos El Niño. Es urgente, por lo tanto, que la sociedad actual imponga la consideración de esta amenaza, con el fin de organizar un Plan B que mitigue lo que ya está anunciado. Detalles de lo dicho en https://www.cnn.com/2024/02/09/climate/atlantic-circulation-collapse-weather-climate/index.html.

El tema eléctrico en la vivienda familiar

Volviendo ahora a nuestra realidad, para comprender porqué en una vivienda la “luz está baja”, un ventilador gira despacio, el aire acondicionado no enfría bien o un calefactor no calienta, tenemos que separar los ámbitos. Por un lado, está la vivienda familiar con su cableado interno. Por otro lado está el servicio público con su sistema de distribución, consistente de una línea de media tensión en 13.200 voltios, un transformador que la baja a 380 voltios, de los cuales la vivienda toma solamente 220 voltios. Cuando algo anda mal en la casa eléctricamente, el problema puede estar en uno de los dos ámbitos, o en los dos.

La vivienda y la red pública se conectan por un par de cables, “la bajada”, en la calle, que alimenta el panel de entrada en la casa, desde el cual se distribuye la energía por la casa, a los artefactos internos. Estos 220 voltios es la tensión eléctrica, la cual hace que los artefactos funcionen. Si a ellos no les llegan los 220 voltios, aparecen los problemas. La luz es tenue, el aire no enfría, etc. Cuando esto ocurre, decimos que hay “tensión baja” o bien que hay una “caída de tensión” excesiva.

Este problema puede ocurrir por dos razones: (1) porque el cableado interno de la casa no tiene la medida correcta para llevar los 220 voltios desde el panel de entrada hasta los artefactos (culpable el dueño de casa) o bien (2) porque desde la calle no le entran los 220 voltios (culpable el administrador del sistema eléctrico). En el primer caso se deberá revisar la sección de los cables “de bajada” para ver si tienen el diámetro o sección suficiente (10 milímetros cuadrados o más, según el tamaño de la casa y el número de AC instalados)más el cableado interno, que va generalmente en tubos por la pared. Aquí es bueno tener en cuenta que un aire acondicionado (excepto el de ventana) se debe conectar de forma directa al panel de entrada (10 milímetros cuadrados), llave térmica de por medio, no a un circuito interno de la casa usado para iluminación.

En el segundo caso, las razones por las cuales no le llegan los 220 volts al tablero de entrada, aunque su instalación domiciliaria del cableado sea correcta, es por culpa del servicio público. Cuando decimos “servicio público” implica decir desde su casa hasta las centrales eléctricas desparramadas por el país, pasando por el sistema de distribución local que pasa por la calle (líneas de media y baja tensión, transformadores), el de transmisión con el cual la provincia se conecta a la red nacional en Recreo y, más allá de aquí, el mismo sistema argentino de interconexión en 500.000 voltios (SADI) con que este interconecta a las grandes centrales eléctricas del país (Yaciretá, Atucha, El Chocón, Embalse Rio III, Salto Grande, etc). Esto nos lleva a otro plano en el análisis, lo cual tiene que ver con la política energética del país.

El servicio publico

Cuando un sistema eléctrico no puede cubrir la demanda de los consumidores o la cubre mal, como es el caso de ahora, es porque hay un descuido entre quienes tienen la responsabilidad de ocuparse del tema. No es culpa del trabajador que anda por la calle o el monte con camiones o grúas arreglando o reponiendo un servicio eléctrico cuando hay algún problema, sino de quienes desde lo político meten la mano en algo que no comprenden cómo funciona. En los gobiernos se pasa por alto que administrar un sistema energético es un proceso regido por normas técnicas amparadas en conocimientos científicos, no en la demagogia. En pocas palabras, a un sistema eléctrico no se le puede pedir que provea lo que no tiene como capacidad para hacerlo. Por el contrario, se lo debe actualizar y mantener de forma periódica y planificada, si es que se pretende brindar un servicio eficiente a la población.

En la disfuncionalidad de un sistema eléctrico convergen dos problemas: el primero, creer que un sistema eléctrico de transmisión o distribución es una fuente infinita de energía para todos. Esto es dramático sobre todo en las capitales provinciales, incluida CABA, cuando se crean barrios nuevos o se pretende alimentar a asentamientos humanos, los cuales se conectan a redes de subtransmisión y distribución existentes sin saber si estas redes tienen la capacidad para abastecer a los cientos de nuevos consumidores. Se olvida o ignora que por detrás de un cable en la calle hay equipos de protección que limitan un servicio, aún en media y alta tensión.

Lo segundo tiene que ver con la visión política del tema energético. Aquí convergen otros valores, que tienen que ver con la visión política de la función y responsabilidad del estado en la atención de un tema estratégico como lo es un servicio público. Están los que creen que la actividad privada puede hacerlo todo. La realidad es que aún en los países más avanzados, si bien el servicio eléctrico es concesionado al sector privado, el estado está por detrás tutelando todo, aun en el tema de tarifas, para garantizar el servicio a la población. Esta mutua comprensión entre el estado y el ámbito privado va aún más allá, alcanzando al estudio de la factibilidad de nuevas obras de carácter puntual, donde el estado aporta el apoyo crediticio suspendiendo el pago de impuestos por un periodo de varios años hasta que la explotación se consolide.

Lo energético en países subdesarrollados

Lo dicho arriba en relación al tema energético en un país desarrollado tiene sus límites cuando nos enfrentamos a un país subdesarrollado como el nuestro. Todavía tenemos grandes desequilibrios económicos, representados por grandes contrastes entre regiones postergadas como nuestro NOA, expulsador de población, y otras super pobladas como el área suburbana alrededor del Rio de la Plata, representando una metástasis urbana, donde al estado todavía le queda un papel por cubrir, cual es el de usar su autoridad y poder para desarrollar el país más equilibradamente.

Acometer un nuevo modelo de desarrollo que contemple la construcción de un nuevo país con capacidad para enfrentar los desafíos del siglo 21 no lo puede hacer la empresa privada por mas que lo quiera. No tiene la autoridad para llegar a los lugares mas lejanos y apartados, ni capital suficiente para afrontar aventuras riesgosas en nombre de la patria, como es la de desarrollar el país. Convengamos con honestidad: la planificación debe ser del estado y la concreción de las obras necesarias, tarea de la empresa privada. De esta forma se planificaron y construyeron las grandes obras energéticas entre los años 60 y 80. Lo atestiguan El Chocón, Salto Grande, Atucha, Yaciretá, etc., que salieron de las oficinas de planeamiento del estado, como Agua y Energía Eléctrica, no de un estudio jurídico dedicado a proyecciones electorales.

Como todos sabemos, esta mecánica de desarrollo terminó en los 90, cuando se desmanteló el estado en nombre de la teoría liberal de mercado. Por eso, tal como lo demuestra nuestro país, lo energético no pasa de ser una inversión más de mercado al servicio de la especulación financiera en bolsa, naturalmente ayudada por el amiguismo, con las consecuencias sobre la calidad del servicio. Los cortes de energía a ciento de miles de personas especialmente en CABA y suburbio lo demuestran.

También lo demuestra el abandono de proyectos nacionales de envergadura como el del Paraná Medio, una obra superior en magnitud a Itaipú, que hubiera cambiado para siempre el destino de todo el norte argentino. Esto no debe extrañarnos porque igual abandono ha alcanzado a otros sistemas que hacen al funcionamiento de una república normal, como el de salud, el de seguridad, el sanitario, el de agua etc. En resumen, tenemos un estado divorciado de un modelo de desarrollo y progreso que debería programar y promover el desarrollo a futuro.

Yendo a nuestro ámbito regional, igual suerte alcanza lamentablemente al NOA, que no sabe cómo aprovechar sus riquezas naturales. Lo demuestra la actitud mental que se impone al manejo del litio, visto más bien como un mérito geográfico antes que como una oportunidad única para impulsar un desarrollo del NOA. Se deja de lado que es un mineral abundante en la naturaleza y que, a cada rato, se descubren minas nuevas o productos químicos que pueden generar otras opciones mejores para los vehículos eléctricos, situaciones que pueden dejarnos sin nada frente al futuro. Además, se dejan morir en el silencio proyectos como el de un corredor bioceánico, que podría darle otro futuro a todo el norte del país, mientras no se presta atención a la necesidad de incorporar todo el oeste argentino, desde Salta a Mendoza, al SADI, el sistema nacional de interconexión en 500.000 voltios, para generar una industria minera que le aporte valor agregado al litio y otros minerales. Así no se puede enfrentar el futuro.

Por lo tanto, que no tengamos luz en nuestra casa y nos tengamos que morir de calor no es casualidad, sino el costo de no contar con un plan de desarrollo a futuro.

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