Alguna vez, en el ya extinto programa radial El Café de Las Bermudas, abordamos el tema del canibalismo. De manera teórica, por fortuna. Esta cuestión vuelve a ponerse de moda ahora por la enésima revisión de la historia de los rugbiers uruguayos que tuvieron que echar mano de este recurso al haber quedado varados en el medio de Los Andes. Y se me ocurre preguntarme: ¿Qué corte elegirían ustedes?
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Canibalismo
Por Rodrigo L. Ovejero
En aquella ocasión radial yo planteé que, en caso de tener que pasar por semejante trance, probablemente me inclinaría por los muslos (pata-muslo no, se me hace que los pies son más bien magros) y que también consideraría la nalga, que si bien podría tener connotaciones sexuales sería indiscutiblemente un corte blando. No logro recordar las elecciones de los demás miembros del programa, pero cada uno tenía sus preferencias.
Por supuesto que en este juego hipotético corremos con la ventaja de poder cocinar los cortes, no es necesario que los pensemos en crudo. Pero volvamos a ejemplos reales acerca del tema, siempre escabrosos. Ahora mismo pienso en Andréi Chikatilo, conocido como el caníbal de Rostov, por comer seres humanos y ser habitante de dicha ciudad (un apodo más bien prosaico y práctico, como es notorio). No voy a entrar en los detalles de sus horrores pero lo que siempre me asombró fue que troceara a sus víctimas para guardarlas en el freezer, más o menos lo que uno hace con el pollo cuando vuelve del supermercado. ¿Con qué criterio lo haría? Imagino que habrán sido porciones pequeñas, porque no creo que hubiera invitado a nadie en plan "venite a casa esta noche que tiramos algo a la parrilla". De acuerdo a un rumor nunca confirmado, fue descubierto porque prestó un tupper y se olvidó que había guardado una mano en él. Esto, por supuesto, nos sirve de lección para recordar que jamás se prestan los tuppers.
En cine y literatura hay ejemplos incontables de esta temática. El cuento "Sobreviviente", de Stephen King, habla de autocanibalismo y en un capítulo de Peppa la cerdita -les juro que esto es cierto y algunos padres lo habrán advertido- se hace un chiste terrible sobre la cuestión que a la mayoría de los niños les habrá pasado desapercibido (si su hijo lo advirtió envíelo a una escuela para superdotados o a una psicóloga, o a ambas). La película Soylent Green nos lleva a un futuro distópico en el cual la hambruna mundial se combate procesando cadáveres humanos para alimento, pero este pequeño detalle se oculta al público.
Una leyenda norteamericana nos habla del wendigo, un espíritu que poseía a los seres humanos y los hacía cometer toda clase de actos monstruosos, incluyendo el que nos ocupa. La historia real que inspiró a Daniel Melville a escribir Moby Dick, por otra parte, también tiene su cuota de canibalismo, practicado por los sobrevivientes del naufragio del Essex, quienes realizaron un sorteo para ver quién de ellos se sacrificaría para sustento de los demás.
El tema sigue siendo tabú, nadie se plantea seriamente consumir carne humana. Pero si en algunas décadas más destruimos el planeta hasta el punto de que no haya más opción, quiero que recuerden esta columna y elijan muslo en mi honor.