Los primeros calores de la temporada provocaron la reaparición de los mosquitos y los primeros casos de dengue en algunas provincias, que amenazan con escalar a medida que se acerque el verano. Lógicamente, se incrementó la demanda de repelentes para evitar picaduras y la posibilidad de contraer esta enfermedad.
Al mismo tiempo que los requerimientos aumentaron, se dispararon los precios de los repelentes, de todas las marcas, tipos y tamaño. Un informe publicado ayer por El Ancasti da cuenta de que en los últimos dos meses los precios de estos productos tuvieron una suba de hasta un 50% en apenas dos meses. Muy por encima del promedio inflacionario general.
El aumento se verifica tanto en farmacias como en supermercados y tiene un evidente contenido especulativo. Se sabe que la gravedad de la situación vivida en la temporada estival pasada, cuando se registraron en todo el país casi 600.000 casos y 419 fallecimientos, genera tanta preocupación entre los ciudadanos, que aceptan en la mayoría de los casos precios muy altos e injustificados en función de los costos con tal de tener una herramienta de prevención de la enfermedad.
La tendencia, impulsada por la actual gestión nacional, de desregular el precio de los bienes, incluidos aquellos relacionados con la salud, ha provocado abusos especulativos que, con el propósito de incrementar los márgenes de rentabilidad comercial, terminan afectando los ya flacos bolsillos de los consumidores argentinos.
No deberían las autoridades desentenderse de convalidar regulaciones que eviten estos abusos. La regulación excesiva distorsiona el funcionamiento del mercado de bienes y servicios, pero la desregulación total también causa desequilibrios que benefician a los especuladores y perjudican a la gente.
En este contexto, deben saludarse algunas iniciativas que traerán soluciones parciales y de alcance limitado a esta problemática. Hace pocos días se conoció que la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) comenzó la producción de repelente para insectos. Este producto será distribuido de manera gratuita. Lo mismo hará la Faculta de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de La Plata.
Algunas provincias fueron pioneras en este tipo de emprendimientos. En laboratorios estatales producen repelentes que se distribuyen también de manera gratuita entre los sectores de mayor vulnerabilidad social, o se venden a precios razonables, en Buenos Aires, Santa Fe, Formosa, Tucumán y Chaco.
El Estado nacional es el que, lógicamente, tiene mayor capacidad operativa y recursos para producción a escala de estos productos, pero no ha dado muestras de avanzar en emprendimientos de este tipo.
Control a la especulación y fabricación de repelentes por parte de instituciones públicas son por ahora herramientas para combatir a los especuladores.