No le saldrá gratis a Javier Milei el apoyo de Mauricio Macri, Patricia Bullrich y detrás de ellos una larga lista de dirigentes del PRO e incluso algunos del radicalismo, si es que logra convertirse en presidente de la Nación. Se desconoce en detalle lo acordado en las horas posteriores a los comicios del pasado 22 de octubre. Por ejemplo, qué espacios de poder se negociaron para los dirigentes de Juntos por el Cambio. Pero sería ingenuo ignorar el interés del expresidente por participar, directa o indirectamente, de los beneficios –políticos y económicos- de un eventual gobierno libertario.
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Abrupta conversión al credo libertario
La adhesión de los halcones del PRO le sirvió al dirigente de La Libertad Avanza (LLA) para lograr un escenario de paridad a una semana del balotaje, según lo que marca la mayoría de las encuestas. Pero también le quita margen de maniobra.
Milei necesita de una estructura política que lo sostenga, porque carece de ella. En 2015 Mauricio Macri tenía la misma necesidad y logró que la UCR se la entregara servida en bandeja. Ahora el PRO está dispuesto a hacer lo mismo con LLA, sin las formalidades de una alianza electoral, pero es fácil presuponer que no será la entrega de un cheque en blanco o con condiciones de baja exigencia, como las otorgadas por el radicalismo al PRO hace ya ocho años.
Por debajo del acuerdo superestructural entre Macri y Milei se producen otros que están sustentados por argumentos políticos de igual interés. La vacancia de numerosos cargos nacionales que produciría un presunto triunfo libertario anima a dirigentes de otros espacios, que hasta hace pocas semanas eran críticos inflexibles de las propuestas libertarias, a rendirle ahora pleitesía al candidato presidencial opositor, e incluso a sus dirigentes locales.
En Catamarca, con la excusa de contribuir a la fiscalización de los comicios, son varios los dirigentes de Juntos por el Cambio que anticiparon su alianza de hecho con LLA. Entre ellos los exdiputados del PRO Carlos Molina y Diego Figueroa, y el reelecto legislador Tiago Puente, de la UCR local. El apoyo de estos dirigentes, que según la visión de Milei forman parte de la casta política con la que hay que terminar, fue sin embargo bien recibido por la dirigencia libertaria local, que puso en evidencia una notable maleabilidad política para adaptarse a la nueva situación.
Molina fue el primero. A pocas horas de los comicios se acercó a la mesa de un bar en la que estaban dirigentes libertarios, entre ellos José Jalil Colomé, a quien le pidió disculpas por injurias pretéritas y se ofreció, diligente, a sumarse a la militancia libertaria. El pase de Figueroa no extraña por sus antecedentes: pasó de admirador de Edgar Bacchiani a abogado de algunas de las víctimas estafadas por el Trader God. La posición de Puente, finalmente, es tal vez la que más sorprendió, considerando la enorme distancia que existe entre las proclamas libertarias y la doctrina del partido fundado por Leandro Alem. La movida no cayó bien entre la dirigencia de la UCR catamarqueña y entienden que la jugada obedece a ambiciones personales.
Si no pueden ignorarse en el apoyo de Macri, Bullrich y compañía a Milei los intereses políticos personales o sectoriales que lo sustentan, tampoco hay que ser ingenuos y obviar las expectativas por cargos nacionales u otras canonjías que agitan los apoyos de los dirigentes catamarqueños a los libertarios locales. Habrá que ver hasta dónde la abrupta conversión al credo libertario se mantiene si los resultados nacionales son finalmente adversos.