Uno de los datos alentadores que surgen en el angustiante contexto de la pandemia que está cerca de cobrarse la vida de 100.000 personas en el país, es el de la marcada aceptación y confianza que los argentinos tienen en las vacunas. A diferencia de lo que puede observarse en algunas naciones centrales, particularmente Estados Unidos, donde las autoridades deben incentivar con premios a los ciudadanos para que concurran a inocularse, en Argentina en general, y en Catamarca en particular, los ciudadanos reclaman por las vacunas, se preocupan por averiguar cuándo les toca el turno y siguen intensamente las tratativas para la adquisición de partidas para abastecer los operativos que se despliegan en todo el territorio.
No fue así al comienzo de este proceso, es decir, a principios de este año, cuando cierta prédica antivacunas generó temores y dudas entre la población. Pero la comprobación, por lo que puede advertirse en los países que más rápidamente avanzaron en los procesos de vacunación, de que son efectivas para disminuir notablemente la cantidad de contagios y fallecimientos, restablecieron la confianza. Y hoy es analizada como la única salida en el corto plazo.
Otro factor que influye en la confianza es que el país tiene una larga tradición de vacunación para otras enfermedades. El calendario obligatorio establecido por ley ha permitido la erradicación, o la disminución al mínimo, de enfermedades que en otras épocas causaban estragos.
Después de un semestre en el que las vacunas escasearon en la Argentina y los operativos de inoculación se retrasaron respecto incluso de otros países de la región, como Chile o Uruguay, se prevé para julio y para los meses venideros el arribo de dosis suficientes como para completar el esquema de vacunación.
Argentina padeció desde enero el incumplimiento de los envíos tanto de las vacunas Sputnik V, de Rusia, como la AstraZeneca, cuyo principio activo se fabrica en nuestro país pero se termina de producir en México. Sobre la marcha, tuvo que recurrir a las vacunas chinas de Sinopharm para suplir esas carencias. De modo que la dinámica de vacunación no fue la esperada ni la necesaria para evitar la segunda ola, que sigue vigente.
La liberación de las dosis de AstraZeneca, la compra masiva de Sinopharm, la regularización de los envíos de Sputnik, que también se empezaron a fabricar en el país, y la posibilidad cierta de adquirir las fabricadas en Estados Unidos luego de arduas negociaciones que se destrabaron tardíamente con un DNU, auguran un incremento en el ritmo de los operativos de vacunación. El dato positivo de que los ciudadanos argentinos esperan con ansias el momento en que les tocará ser vacunados y que a partir del segundo semestre habrá vacunas suficientes no debe, sin embargo, presuponer que la pandemia está cerca de ser derrotada. Rebrotes en países con vacunaciones adelantadas, como consecuencia de variantes de la cepa original del virus, aconsejan prudencia y no descuidar las medidas preventivas cuya responsabilidad, además del marco general que dicta el Estado, es de cada persona.