El presidente Alberto Fernández sigue tropezando con la misma piedra. Antes fue el polémico cumpleaños en la residencia de Olivos de su pareja Fabiola Yáñez, con una decena de invitados, en un espacio cerrado, sin barbijos y en la etapa más estricta de la cuarentena, cuando ni siquiera la gente podía despedir a sus familiares muertos por el COVID-19. Ayer fue el relanzamiento de campaña de los movimientos sociales afines al oficialismo en el estadio de Nueva Chicago, en el barrio porteño de Mataderos, con cerca de 40.000 personas y sin ningún distanciamiento.
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De Olivos a Nueva Chicago
El acto fue organizado por el Movimiento Evita y Somos-Barrios de Pie con la consigna “Por la Unidad y la Victoria”, y el principal orador fue el propio Presidente de la Nación, quien fue recibido con besos y abrazos, como si la pandemia ya fuera un recuerdo.
“No puede ser que hayamos sufrido tanto para que todo sea igual”, expresó. Y luego se refirió a un tema que sonó fuerte en la previa a las PASO: el asistencialismo. “Lo que quiero cambiar son planes por empleo, para que todos tengan los derechos de un trabajador formal en la Argentina”, sostuvo.
Y luego cuestionó al sector empresarial “que especula”. “Necesito empresarios que produzcan y hagan crecer a la patria”, dijo. “Hemos podido, en medio de tanto dolor y pena, avanzar en muchas cosas; tengan la certeza, vamos a cumplir cada uno de los compromisos”, dijo, y cerró: “Con más fuerza que nunca, salgamos a poner de pie a la Argentina”.
Antes hablaron dirigentes de las organizaciones sociales y la primera candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz, quien dijo que “los tiempos que vengan no serán fáciles con el 40 por ciento de la población en la pobreza”, aunque advirtió que “el rumbo es el del gobierno de Alberto y Cristina”.
Lo cierto es que ni a los organizadores ni al propio Jefe de Estado pareció importarles la escena del mitin. Es que al no tratarse de un partido de fútbol, no rige el aforo del 50%, sino la disposición para los “eventos masivos”. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, desde el 1° de octubre se estableció que sean “sin aforo y con un tope de 6.000 personas, tanto en interior como en el exterior, con recomendación de distancia”. Es decir, en Nueva Chicago hubo al menos ocho veces más personas de las permitidas para un evento de estas características.
Como sucedió en el cumpleaños de la primera dama, el acto de ayer en Mataderos podría convertirse en un nuevo dolor de cabeza para Fernández: la fiscal Celsa Ramírez, a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en Eventos Masivos (UFEM), empezó a recabar información para ver si el evento convocado por los movimientos sociales favorecidos por el Gobierno violó los protocolos de aforo para eventos en espacios públicos que rigen por la pandemia.
“Son más de 40.000 personas las convocadas”, dejaron trascender desde el entorno presidencial cerca de las 17.30, mientras las imágenes del estadio, que tiene capacidad de 29.000 personas en las tribunas, mostraban miles de personas agolpadas tanto en el campo de juego como en tres de las cuatro tribunas y en los alrededores.
La fiscal Ramírez es la misma que lleva adelante la investigación por la presunta violación de los protocolos en los estadios de River Plate –en el Superclásico del domingo, cuando hubo casi el doble de la cantidad de hinchas permitidos- y de Vélez Sarsfield –el martes por la mañana, en el duelo con Independiente, donde el aforo habría sido superado en un 15%-.
Y la verdad es que, al margen de cómo con cluya la investigación fiscal, lo que se vio ayer en Nueva Chicago es más que suficiente para comprender el desinterés del mismísimo Presidente de la Nación por hacer cumplir lo que firma de puño y letra. Sus decretos, quedó claro, fueron dirigidos a los demás, no al Gobierno ni menos aún al reducto de Olivos.
Una ausencia de empatía o lisa y llana hipocresía, que remite a la cita atribuida al filósofo estoico Séneca (año 56 DC), quien se defendió de una acusación por retener riquezas cuando él enseñaba a despreciarlas: “Haz lo que yo digo y no lo yo que hago”.