Después de un pronunciado declive en el número de contagios diarios que viene desde junio, Argentina ha empezado, desde hace un par de semanas, un nuevo incremento paulatino de los casos de coronavirus. A principios de junio los casos promedio por día, tomando como base la última semana, se situaban en alrededor de 33.000. El 12 de octubre la cifra fue la más baja desde junio del año pasado: 772 de promedio en los últimos siete días. Actualmente ya está por encima de los 1.200. No se trata de números inquietantes, pero es necesario prestar atención al cambio de tendencia. No hay indicios, por el momento, de que se trate del comienzo de la tercera ola.
- El Ancasti >
- Opinión >
La normalidad no ha vuelto
Claramente hay dos factores que inciden en el aumento progresivo de los contagios. Uno es la incidencia creciente de la variante Delta, que es más contagiosa que la cepa original y que las demás que fueron detectándose. Desde los primeros casos registrados hace algunos meses, ha ido expandiéndose y en poco tiempo será la predominante en el país. El otro es la liberación de actividades, sobre todos los espectáculos masivos, que sin dudas influye también en el aumento de los contagios.
La buena noticia es que aun no se ha quebrado la tendencia respecto de las muertes por día. La cifra viene disminuyendo desde mediados de junio. Desde un pico de 600 casos ha disminuido hasta 17 del pasado miércoles, siempre tomando como base el promedio de la última semana. Es probable que en algún momento esa tendencia también cambie. Se sabe que hay siempre un periodo que va de las tres semanas hasta el mes entre la aparición de casos y la eventual muerte de los pacientes, que es el lapso de desarrollo de la enfermedad en sus casos más graves. De todos modos, y pese a que el aumento de casos comenzó ya hace más de dos semanas, la ocupación de camas en terapia intensiva sigue a la baja: actualmente hay poco más de 600 ocupadas en todo el país, menos del 10% de las que estaban ocupadas en junio.
Según los expertos, la variante Delta ya circula masivamente en los países de América del Sur. Un estudio efectuado hace unos días en Uruguay determinó que todos los casos de octubre contabilizados en ese país tenían como origen la variante Delta. Pero, a diferencia de lo ocurrido en el hemisferio norte, en el sur no parece generar la zozobra que sí generó en algunos países de Europa y en Estados Unidos.
En un contexto de un porcentaje muy alto de la población vacunada, de baja de los decesos y de un alza bastante leve de los casos, la sensación predominante en la sociedad es que lo peor de la pandemia ya pasó en la Argentina. Es muy probable, y está bien que siga habiendo una apertura responsable de las actividades, pero las mejorías evidenciadas no deben hacer pensar que la normalidad ha vuelto definitivamente. Continuar con las medidas preventivas básicas sigue siendo un deber que no debe abandonarse en el corto y mediano plazo, mientras se espera que el coronavirus se vuelva una enfermedad endémica controlable.