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CARA Y CRUZ

Bono "ordinario"

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27 de octubre de 2021 - 01:10 Por Redacción El Ancasti

Dados los extendidos precedentes, es difícil entender por qué el bono de fin de año no se institucionaliza de una vez como aguinaldo adicional, en lugar de reiterar la misma tediosa simulación de tensiones entre Gobierno y sindicatos estatales. Es un bono “ordinario”, no “extraordinario”, como se lo postula.
La coreografía se reedita por enésima vez luego de que el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales anunció que lo exigirá aunque haya accedido a un aumento que totalizará el 51,5% anual, más alto que el de la Provincia y uno de los más altos del país. La Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN) le puso monto: entre 20.000 y 30.000 pesos. Se plegaron después la Asociación de Trabajadores del Estado y el sindicato de Vialidad Provincial.

El Gobierno analiza por su parte la posibilidad de otorgar un adicional para compensar la diferencia entre el aumento ya otorgado a la administración pública, con el que alcanza el 46% en el año, y la cifra a la que finalmente llegue la inflación, que el Gobierno nacional pretende combatir con controles de precios.
Se asiste nuevamente a la carrera de posicionamiento de las facciones gremiales para apropiarse del mérito de haber conseguido el aumento, el bono o ambas cosas, disputa que el propio Gobierno estimula por no anticiparse a un proceso que su reiteración ha terminado por hacer obvio. 

Todos los acuerdos salariales que se pactaron incluyeron cláusulas de ajuste en función de la escalada inflacionaria, incluido el que la Municipalidad de la Capital firmó con los docentes de su sistema antes de cerrar con el SOEM. La presión por el bono venía de cajón: todos los años ocurre, y todos los años se otorga. Los gremios lo saben, el Gobierno lo sabe y lo saben también los intendentes a los que el Gobierno auxilia para pagar aumentos y extras. 
¿Qué sentido tiene entonces la comedia anual? Más valdría ceñirse para los ajustes salariales a un cronograma fijo, secuencial, y apartarse de él solo cuando situaciones realmente extraordinarias lo requieran.


Lo real y cierto, aunque nadie quiera consignarlo, es que la placidez del derrotero económico de la Provincia dista bastante de los sacudones que se experimentan a nivel nacional, por una razón muy sencilla: el volumen de los agentes de la administración pública es desmesurado en relación a los trabajadores del sector privado, de modo que administrar con criterio medianamente sensato los recursos fiscales asegura tanto la fluidez de la cadena de pago de los sueldos como su adaptación a la evolución inflacionaria. El aumento de las transferencias automáticas nacionales, coparticipación incluida, ha sido noticia sistemática a lo largo del año, lo mismo que el incremento de la recaudación provincial.


Esto dota al escenario local de una previsibilidad muy difícil de alcanzar en otros distritos  donde el sector privado, que fue el más castigado por la pandemia y la interminable cuarentena que se impuso desde la Casa Rosada, es más significativo.
La “puja distributiva” a la que aludió el secretario de Comercio Interior Roberto Feletti al fundamentar el control de precios tiene acá y en distritos parecidos, de tal manera, características singulares que arriman al absurdo la virulencia que a veces alcanzan los conflictos con los sindicatos estatales y, por lo tanto, la tolerancia gubernamental, o la prescindencia, frente a los excesos. n

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