jueves 19 de enero de 2023

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EDITORIAL

El niño que mira por la ventana

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Por Redacción El Ancasti

En estos días de aislamiento social obligatorio y preventivo circuló por redes sociales una ilustración que sintetiza las severas dificultades que deben enfrentar niños y adolescentes de los sectores más vulnerables de la población para poder acceder a la educación virtual que es propia de este período de emergencia. El dibujo muestra a un niño de clase media sentado en su habitación frente a una computadora y a un niño en situación de pobreza, asomándose por la ventana desde afuera de la vivienda, con barbijo y tomando nota de lo que alcanza a ver en la pantalla. 

La desigualdad de acceso al derecho a la educación por razones económicas se advierte en tiempos de pandemia con notable claridad, pero no es más que el correlato de lo que sucede en tiempos de “normalidad” y la consecuencia inevitable de una sociedad con grandes brechas sociales e inequidades de todo tipo.

Mientras dure la cuarentena, habrá alumnos de los niveles primario y secundario, pero también terciario y universitario, que progresan en sus estudios a través de clases virtuales, la lectura de apuntes o extractos de libros subidos a una nube, o enviados por correo electrónico, redes sociales o servicios de mensajería. Otros en cambio, como el niño del dibujo que se asoma por la ventana, no tienen esa posibilidad porque no poseen el dispositivo electrónico –computadora personal, tablet o celular- adecuado para acceder a tales contenidos; o, si los tienen, carecen de conectividad. 

En lo que respecta a la disposición de los sectores sociales más vulnerables de dispositivos electrónicos, la desaparición del programa Conectar Igualdad por parte del Gobierno de Cambiemos fue un retroceso importante. En estos meses, las autoridades nacionales han decidido repartir en municipios del Conurbano bonaerense y provincias del Norte del país 135.000 netbooks que fueron halladas arrumbadas en febrero en un depósito del Correo Argentino.

La desigualdad de acceso al derecho a la educación por razones económicas se advierte en tiempos de pandemia con notable claridad, pero no es más que el correlato de lo que sucede en tiempos de “normalidad”. 

En Catamarca las brechas que se advierten es entre colegios privados y escuelas públicas, pero también hay desigualdades territoriales: las chances de acceso a la “educación virtual” son mayores en la ciudad capital u otras localidades del Valle Central que, por ejemplo, en el oeste de la provincia. Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares, en 2017 Catamarca presentaba los porcentajes más bajos de población con acceso a internet. En la comparación entre conglomerados urbanos, el Gran Catamarca (Capital y localidades aledañas de Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú) aparece con un 48% de la población sin acceso a internet, siendo el conglomerado con peores registros. Muy lejos, por ejemplo, del 19% de la ciudad de Buenos Aires.

Otro problema es la escasa capacitación docente en nuevas tecnologías, lo que origina otra brecha: la que divide a alumnos con profesores capacitados y alumnos con profesores con déficit en la materia.

Deberá el Estado tomar nota de la perpetuación de las desigualdades que provoca la brecha digital y actuar decididamente para acortarla. Es otra de las enseñanzas que nos deja la pandemia.n


 

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