Entre las buenas del año apestado, se anota en sitial de honor el aporte del intendente de Bañado de Ovanta, Ramón Elpidio Guaraz, cuya visión permitió que Catamarca tenga desde este fin de semana la “Capital del Turf”.
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Megaclásico COVID-19
Tan importante título, otorgado a Bañado de Ovanta el 19 de diciembre a través del decreto 82/2020 de Guaraz, merecía una celebración a su altura.
Este domingo se realizó en el hipódromo santarroseño “Las Moreras” el llamado megaclásico catamarqueño: siete carreras con el “Gran Premio Gobernador Raúl Jalil” como cierre, cuyo atractivo principal era la participación de los caballos “Secreto” y “Pablito”, hermanos de sangre del extinto ídolo catamarqueño “Americano”, según se anunció. La grilla de la “Copa Jalil” se completó con “Barullo”, tungo que, pese a carecer del encumbrado linaje de sus adversarios, consiguió ubicarse en un digno segundo puesto, apenas detrás de “Secreto”. “Pablito” quedó tercero muy lejos, le tomaron el tiempo con un almanaque.
Los preparativos del evento provocaron arduas polémicas por los riesgos sanitarios que suponía la previsible concentración de una multitud cuando la acechanza del coronavirus aún no se ha disipado.
Se recordaron en tal marco los sonados escándalos protagonizados durante la cuarentena por el propio intendente de la autoproclamada “Capital del Turf”. En su celo preventivo, no había trepidado en violar las excepciones establecidas a la circulación de las actividades productivas para enfrentar a los irresponsables productores santarroseños, sobreactuada conducta policíaca que precipitó incluso denuncias penales en su contra y hasta advertencias del propio gobernador Jalil.
Lejos de disuadirlo, las advertencias sobre el peligro de la contienda hípica estimularon a su instigador, que prometió no obstante hacer respetar los protocolos de distanciamiento social. Esgrimió además la autorización emitida por el COE santarroseño, instancia que ha de caracterizarse por su pluralismo, de autoridad superior al COE provincial de acuerdo a sus criterios. Qué podían saber los instalados en una vulgar capital provinciana en comparación con los especialistas de la flamante capital del turf.
Guaraz habilitó además la venta de bebidas alcohólicas durante el espectáculo y hasta se hizo etiquetar unas botellas de vino conmemorativas del magno acontecimiento: “Yo participé en el megaclásico del año- Hipódromo Las Moreras- Bañado de Ovanta- Catamarca-20/12/2020”, con las fotos de “Secreto”, “Pablito” y “Barullo” y el logo de la “gestión Guaraz”. No se difundieron aún opiniones sobre la calidad del histórico ricino.
Por supuesto, el distanciamiento prometido brilló por su ausencia en el promocionado megaclásico hípico, en el que confluyó una multitud.
Debe rescatarse la humildad demostrada en esta oportunidad por el egocéntrico Elpidio, que renunció a bautizar con su propio
nombre el megaclásico y generosamente denominó a la carrera principal “Gran Premio Gobernador Raúl Jalil”.
Estos son sin dudas los gestos que la ciudadanía sabrá valorar en su justo alcance, en lugar de detenerse en nimiedades como los abusos de autoridad, desvaríos, matonismos e irresponsabilidades en los que el jefe comunal se envuelve sistemáticamente.
Más vale acostumbrarse a esta heterodoxia institucional. Por lo visto, nadie se atreve a poner límites a las desmesuras de Guaraz.
Ya desde los tiempos de Lucía Corpacci se complacía en provocar y agredir. Y no se trata solo de una cuestión de modales: las cuentas de la comuna fueron observadas en más de una oportunidad sin que él se inquietara por dar más explicaciones que, por ejemplo, la documentación pertinente había sido arrastrada por una inundación.
¿A qué asombrarse por la impune perpetración del “Megaclásico COVID-19”? La consagración como “Capital del Turf” basta para beneficiar a Bañado de Ovanta, según el COE de Guaraz, con inmunidad virósica.