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EDITORIAL

Fuego con trasfondo económico

3 de octubre de 2020 - 01:01 Por Redacción El Ancasti

En el contexto de los incendios forestales desatados en distintas provincias, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, sostuvo que “el 95% de los fuegos son intencionales y provocados”. Es decir, que, si los porcentajes que el funcionario maneja son aproximados a la realidad, quedaría solo un 5% para los fuegos que son causados por negligencia o por razones naturales.

Son diversas las causas de los incendios provocados de manera intencional, todas ellas condenables, aunque algunas más que otras. En los fuegos catamarqueños, el propósito suele ser la costumbre de lugareños de quemar pastizales para que salgan brotes nuevos. Se trata de una práctica errónea que no contempla que el daño por la degradación del suelo es mucho mayor que los beneficios de corto plazo.

Pero en los incendios forestales de otras regiones del país, como los del Delta del Paraná o la provincia de Córdoba, según las denuncias de organizaciones ambientalistas y vecinos de las localidades afectadas, las causas son por puros intereses económicos. Se trata de grandes productores que queman bosques nativos para extender la frontera agropecuaria o de inversores o empresas que procuran instalar desarrollos inmobiliarios en zonas protegidas por la ley. 
En el Delta hay quemas de pastizales para el desarrollo de la ganadería. La sequedad de la vegetación en esta época del año contribuye, pero no causa, estos incendios.

En la provincia mediterránea, se han presentado trabajos de investigación que corroboran el florecimiento de proyectos inmobiliarios en zonas que antes fueron arrasadas por incendios forestales. 
Un documento elaborado por la Asamblea Parachavasca (el Valle de Parachavasca es una región turística en la provincia de Córdoba, ubicada entre el Valle de Punilla y el Valle de Calamuchita, a 30km hacia el suroeste de la capital cordobesa) señala que “el patrón en los incendios en Paravachasca tienen su origen en campos de productores que buscan eliminar vegetación ya sea para fines de desarrollo productivos y la especulación inmobiliaria. Y remarcamos que este patrón de la frecuencia de los focos de incendios se lleva a cabo reiteradamente sobre las zonas de conservación del bosque nativo coincidiendo con el avance de la urbanización y desarrollos inmobiliarios”. Al parecer, patrones similares se observan en los otros valles fuertemente afectados, como el de Punilla o el de Traslasierra.

La acción deliberada de iniciar fuegos para obtener luego beneficios económicos pone en evidencia cómo determinados intereses atentan contra el ecosistema de cada lugar y el ambiente en general. Pero también incide la escasez de controles de las autoridades –de todos los niveles de gobierno- que tienen esa misión, un poco por falta de recursos, otro poco por negligencia, y finalmente también, en algunos casos que deberían investigarse, a raíz de una evidente trama de complicidad entre funcionarios y los autores de estos verdaderos atentados contra la naturaleza.n

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