CARA Y CRUZ

Defensores de Livent

jueves, 19 de septiembre de 2019 · 02:08

Ayuna de precedentes que demuestren compromiso con el progreso de la comunidad de Antofagasta de la Sierra, la empresa Livent, que cambió de nombre pero explota litio en el Salar del Hombre Muerto desde mediados de la década del ‘90, confía más en la eventual credibilidad del sindicalismo y el senador del departamento, Mario Carrizo, para disuadir a los antofagasteños que tienen paralizado el entubamiento del río Los Patos. 

Se trata de un acueducto cuyo flujo permitiría incrementar exponencialmente la producción del mineral bautizado oro blanco. 
Según los proyectistas, los beneficios de la obra de ingeniería no se restringirían a la empresa, sino que se extenderían a la población antofagasteña. Ahora sí, aseguran cuando los desconfiados señalan que se extrae litio del Salar del Hombre Muerto desde hace añares sin que haya redundado en cambios significativos para la calidad de vida de los pobladores de la puna catamarqueña.

Los defensores de Livent, sin embargo, vaya a saberse por qué motivos, no se rinden.

La Asociación Obrera Minera (AOMA) ya había salido junto al senador Carrizo a bregar por el acueducto, con resultados nulos. 
Ahora aparece la intersindical minera, cosa de mostrar más consistencia corporativa, a reclamar que se desista del “oportunismo electoral” para “defender el trabajo digno, la salud y la felicidad para todos los catamarqueños”.

"Quienes se oponen al desarrollo de ese proyecto minero, se oponen también al empleo de nuestros comprovincianos y a las expectativas de crecimiento para aquellos pueblos de nuestro interior profundo", advirtieron. 

Sostienen que la paralización de la construcción del acueducto ya significó el despido de 50 trabajadores catamarqueños, de los cuales 24 son oriundos de Antofagasta de la Sierra y el resto de los departamentos vecinos.

El senador Carrizo conjetura por su parte que la población desconfía “por lo que pasó con el secado de Trapiche hace 20 años” y porque “antes los que trabajaban eran salteños”, pero asegura que las cosas serán diferentes a partir de ahora. 
El argumento del legislador pierde fuerza debido a que, aunque haya cambiado de denominación, la empresa es la misma que hace 20 años, cuando se secó Trapiche y se contrataba salteños. 

 "Si por entonces hubiéramos tenido una política minera como la de ahora, esto no hubiera sucedido y no sería lógica la desconfianza", especula, sin considerar que la política minera del Gobierno en curso lleva ocho años.
Prometen además, los sindicalistas y el senador, que no se extraerá agua del río Los Patos sino de un acuífero ubicado a 100 metros, del que solo se va a tomar el 10% del agua.

El problema es que los antofagasteños temen que el impacto ambiental del acueducto modifique radicalmente el ecosistema del que viven. Se les tomará el agua para la extracción de litio, cuyos dividendos se volcaron hasta ahora al desarrollo de la puna salteña ¿Cómo no desconfiar dados los precedentes?

La palabra de senadores y sindicalistas es insuficiente para revertir la falta de licencia social que tiene la minería no solo en Antofagasta de la Sierra sino también en el resto de las zonas mineras de la provincia. Esto no obedece a una tara ni a un capricho, sino a la experiencia vivida con el boom de Bajo La Alumbrera, cuyas utilidades públicas se escurrieron por el resumidero de la inoperancia, el clientelismo y la corrupción sin que a las comunidades les quedara nada.

Revertir este sentimiento, profundamente arraigado con el abono de la decepción, requerirá mucho más que gestiones de apuro y promesas. Se precisa, sobre todo, que le empresa demuestre sin margen de dudas que modificará la conducta que tuvo hasta ahora hacia los antofagasteños, quienes, con todo derecho, sospechan que les están ofreciendo el oro y el moro para destrabar el acueducto y que la situación podría volver a su cauce habitual una vez que Livent, y sus defensores, obtengan los que quieren para embuchar más ganancias.

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