La imagen de una ballena que murió por ingerir más de cuarenta kilos de plástico en el mar de Filipinas impactó al mundo -a los que pertenecen a los movimientos ecologistas, pero también a los ciudadanos que no suelen ejercer esa militancia- y dio cuenta de la gravedad de la contaminación que tienen los océanos. Poco antes se habían hallado a más de 100 tortugas muertas en una playa de México con restos de plástico en sus intestinos.
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La ballena y el plástico
Casi en consonancia con esa noticia se conoció otra relacionada con una ley, aprobada por el Parlamento Europeo, que prohíbe, aunque recién para 2021, la producción y utilización de una amplia gama de artículos de plásticos descartables, que, si se tiene en cuenta que muchas de las grandes metrópolis del mundo son costeras, en una buena proporción terminan en el mar. Aunque claro, la ley rige solo para Europa. De todos modos, el propósito es extender esta disposición al resto del mundo.
Para los habitantes de una provincia como Catamarca los desechos en los océanos o en las grandes urbes del planeta pueden parecer problemas lejanos. Pero la contaminación, en realidad, es un asunto global, que afecta a la humanidad, y cualquier acción que las personas realicen para evitarla será una contribución del mismo modo general.
En nuestra provincia poco y nada se hace en cuestiones muy básicas, como por ejemplo la separación y el reciclaje de los residuos. Las actividades en ese sentido son más bien aisladas y de impacto muy reducido, sobre todo testimoniales, es decir, para dar un ejemplo y demostrar que es posible tener, sin grandes esfuerzos, comportamientos de cuidado del medio ambiente. O, en el caso del reciclaje, como una manera de ganarse la vida.
Es conocida, por ejemplo, la tarea que desde hace muchos años realiza la Cooperativa Los Caminantes en la Planta de Tratamientos de Residuos de la Capital. El año pasado se conformó una cooperativa de jóvenes desocupados del barrio Eva Perón para reciclar cartón y plásticos.
Hay otros emprendimientos más sofisticados que tienen financiamiento oficial, como un novedoso prototipo para el reciclado de botellas, también presentado el año pasado.
Algunas instituciones asimismo promueven prácticas de separación de residuos para favorecer la recuperación de algunos.
Un buen aporte que merece mencionarse es la limitación en la entrega de bolsas por parte de los grandes supermercados.
Pero lo que verdaderamente falta es una amplia y sistemática campaña de concientización y normas más estrictas para que sean los propios ciudadanos los que en sus domicilios practiquen la separación de la basura, comportamientos cada vez más extendidos en las grandes ciudades.
No hace falta decir que las imágenes de las ballenas o tortugas muertas como consecuencia de la contaminación tienen un efecto sobre todo simbólico, porque grafican con crudeza la gravedad del problema y fundamentan la necesidad de que la humanidad tome las medidas necesarias para resolverlo cuanto antes.